¿El tabaco perjudica la salud?

Hay que repasar la historia para volver a sentirse orgulloso de nuestra digna profesión, nuestra cultura, el respeto de nuestros mayores y nuestras tradiciones.

Fernando Sanfiel

Esta reflexión en voz alta trata de un asunto que desde hace años guía mi atención hacia todas las manifestaciones –a favor y en contra– sobre el consumo de tabaco, pues no todas las partes consideran las grandes diferencias que separan a un puro de un cigarrillo. La idea no es “dar cátedra”, sino abrir un debate para replantear datos y estudios fiables que permitan a cada persona valorarlos y sacar sus propias conclusiones.

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Para quienes se preocupan por informarse, la diferencia entre un cigarrillo y un tabaco puro es de sobra conocida. Para que la repetición sea base de un cambio que promueva un totum revolutum, se exponen las cinco principales características que los diferencian y, en todo caso, permiten un cambio en los hábitos de fumar:

EL CIGARRILLO

— Es un producto industrial.

— Contiene aditivos químicos, en su mayoría cancerígenos.

— El humo de la combustión se lleva hasta los pulmones.

— El humo de la combustión es tóxico.

— Contiene aditivos para crear adicción.

EL CIGARRO

— Es un producto artesanal.

— Sólo contiene hojas de tabaco natural.

— El humo no se absorbe.

— El humo de tabaco no es tóxico.

NO crea adicción.

LA OMS, ¿ORGANISMO FIABLE?

Desde 2019, con la aparición de una pandemia cuestionada en todos los niveles públicos, privados, médicos y científicos, muchos dudamos de la fiabilidad y honestidad de las “recomendaciones” de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que recientemente se acompañan de noticias amarillistas y consternadoras:

— “La OMS exige medidas enérgicas contra los críticos de la agenda antihumana”, (Franco Bergman, 3 de junio de 2024).

— “La Organización Mundial de la Salud (OMS) exige que los gobiernos globales comiencen a tomar medidas enérgicas contra el público que critica la agenda antihumana de la agencia de las Naciones Unidas (ONU)”.

¿Es fiable la OMS cuando sus “recomendaciones” buscan promocionar a las industrias que le financian, o cuando en un documento sobre el consumo de tabaco sólo se refiere a los cigarrillos?

De acuerdo con el propio organismo: «El Convenio Marco de la Organización Mundial de la Salud para el Control del Tabaco (CMCT OMS) es el primer tratado negociado bajo sus auspicios, basado en pruebas científicas, que reafirma el derecho de todas las personas a gozar del grado máximo de salud que se pueda lograr. Representa un cambio ejemplar en el desarrollo de una estrategia normativa para abordar lo relativo a las sustancias adictivas; a diferencia de anteriores tratados sobre fiscalización de drogas, afirma la importancia de las estrategias de reducción de la demanda, así como de ciertas cuestiones relativas al suministro”.

Además de que este planteamiento carece de cientificidad, ¿desde cuándo una organización sanitaria se ocupa de regular los aspectos comerciales de un producto reglamentado?

EL TABACO COMO MEDICINA

Sobre las propiedades sanadoras de la planta de tabaco, que en estos últimos decenios los actores interesados se han esforzado en ocultar, la literatura en papel es amplia y variada. Desde hace siglos se han publicado múltiples estudios, y antes de llegar a Europa sólo se le consideraba así.

Un ejemplo muy reciente es: Posibilidades terapéuticas de la planta del tabaco en el tratamiento de la adicción al consumo de cigarrillos, de Ramón Puig Doménech (2008), cuyo objetivo fue «profundizar en la comprensión de los distintos usos dados a la planta del tabaco en diferentes culturas y épocas, para obtener una visión más amplia sobre sus efectos en distintos contextos y analizar sus posibilidades terapéuticas en el tratamiento de la adicción al consumo de cigarrillos».

Cabe aclarar que el estudio no buscó ensalzar las bondades del tabaco fumado ni hacer apología de algún “cigarrillo terapéutico”. Sin perder el sentido crítico o plantear panaceas milagrosas, destacan las conclusiones siguientes:

— La purga con tabaco provoca una desintoxicación poderosa, sobre todo en las vías respiratorias, acortando los procesos de eliminación de toxinas y regeneración del organismo.

— El porcentaje de quienes han superado la adicción al tabaco fumado participando en una sola sesión, es significativamente alentador.

— Las personas fumadoras que han participado manifiestan un alto grado de satisfacción y efectos positivos generalizados, no solamente en el nivel físico.

Así que estos resultados son una puerta abierta e invitan a seguir investigando las posibilidades terapéuticas del uso de la planta en un contexto fitoterapéutico adecuado.

APLICACIONES TERAPÉUTICAS

Desde su «descubrimiento» por los españoles, la planta del tabaco ha tenido aplicaciones terapéuticas y fitosanitarias múltiples.

— En 1561, el padre Bartolomé de las Casas describe e inicia la enunciación de las cualidades medicinales de la planta del tabaco.

— En el siglo XVI se administraba en píldoras y ungüentos para combatir infecciones intestinales, fracturas, asma o epilepsia.

— José Pérez Vidal coteja los estudios sobre el uso de la planta de tabaco, debidos a los siguientes médicos:

◦ Francisco Hernández, 1571.

◦ Juan Fragoso, 1572.

◦ Nicolás Monardes, 1574.

◦ Bartolomé Marradón, 1618.

◦ Juan de Castro, 1622, y

◦ Cristóbal Hayo, 1645.

A sus propiedades terapéuticas, exentas de cualquier fármaco, se suma el tratamiento de plagas de insectos y hongos en los cultivos; práctica común en Cuba y Canarias, con base en la infusión de venas de tabaco en agua.

Como experiencia personal, mi alergia al tabaco manifiesta desde la infancia desapareció antes de cumplir un año fumando esporádicamente.

COMERCIO LÍCITO Y REGULADO

Desde sus inicios, el sector tabacalero se ha sometido al más alto y riguroso control fiscal, aduanero y comercial. Centro del interés de los reinados y monopolios férreos para evitar el comercio ilícito y el contrabando, ha sido un soporte importante de la hacienda publica y pilar económico de muchos países.

La connivencia con las campañas demonizadas de la OMS hacen que se mantenga una distopía: el tabaco paga impuestos y se persigue su consumo. ¿En lugar de suprimirlo, por qué no se ilegaliza, como otras drogas?

Sólo la República Dominicana, con políticos valientes, desarrolló un plan de defensa de esta actividad. En Europa, tras muchos esfuerzos, reuniones y propuestas, nadie se ha atrevido a proponer un cambio. Por el contrario, se implementan más controles y trazabilidades sobre la operación, cuotas y trabas existentes, para que los pequeños tabaqueros abandonen la producción, al no poder superar tanta burocracia. Es la contemplación palpable de cómo eliminar a un sector desde un despacho.

LA PUBLICIDAD DEL TABACO

La gran hipocresía al impedir la publicidad de los cigarros puros, del mismo modo que los cigarrillos, conlleva la perversidad de meter al mismo saco dos cosas totalmente diferentes.

Teniendo en cuenta que la industria farmacéutica publicita toda clase de medicamentos y tratamientos de eficacia dudosa, o condición inocua, Peter C. Gøtzsche, cofundador del Centro Nórdico de Colaboración Cochrane considerada la organización de investigación médica independiente más importante del mundo–, señala que “los medicamentos recetados son la principal causa de la muerte”.

Hasta el momento no se ha regulado una normativa sobre los efectos secundarios de los medicamentos, que muchas veces son más perjudiciales que sus presuntos beneficios. ¿No es hora de que cada producto refleje, por seguridad del consumidor, advertencias como las que se exigen para el tabaco?

Sólo el tiempo y la insistencia de todos en busca de la verdad permitirá sacar a la luz la realidad de los dos mundos: el tabaco de origen ancestral y los medicamentos. El consumo de uno y otros será siempre su responsabilidad, su elección.