Libertad e ironías del placer en Estados Unidos

Columnas de humo

Cándido Alfonso*

Existe una ironía profundamente estadounidense en la manera en que este país entiende la libertad. En algunos ámbitos, el derecho a elegir es sagrado; en otros, sospechoso. Por ejemplo, en California se celebra al vino como arte, y en Kentucky, el bourbon como patrimonio, pero en esas mismas jurisdicciones a un cigarro premium –hecho a mano con el mismo espíritu de tradición y oficio– se le considera casi una amenaza pública.

Se trata de un país que se enorgullece de defender la libertad individual, pero cuando se trata del placer, la línea entre lo permitido y lo prohibido parece dibujarse de manera caprichosa. Lo que un ciudadano puede beber con orgullo, difícilmente puede fumar sin culpa.

 

Libertad selectiva

La industria del vino en California genera más de 70 mil millones de dólares al año. El bourbon, protegido por ley federal como el “espíritu nativo de América”, aporta más de 9 mil millones y es símbolo de orgullo nacional. Ambos representan valores que el país aprecia: paciencia, herencia, dedicación y gusto por lo artesanal; son la expresión líquida de la libertad de elegir y disfrutar.

Sin embargo, se impone a los cigarros premium una serie de impuestos, restricciones y campañas de desinformación que les colocan en el extremo opuesto del espectro cultural. En estados como California, donde el vino fluye con naturalidad y la cannabis se vende en boutiques, encender un cigarro premium puede ser casi un acto de resistencia civil.

No se trata de negar que todo placer conlleva riesgos, sino de reconocer la incoherencia. Si aceptamos que un adulto responsable puede degustar una copa de vino o un vaso de bourbon con moderación, ¿por qué negar ese mismo principio a quien decide disfrutar un cigarro de calidad, sin inhalar, en un entorno privado y social?

El valor del oficio

La diferencia quizá no está en el riesgo, sino en la narrativa. Vino y bourbon lograron proyectarse como expresiones de arte, cultura y comunidad. El cigarro, en cambio, fue arrinconado por décadas de simplificaciones regulatorias y prejuicios culturales. Y sin embargo, detrás de cada puro hay una historia de manos y hojas: agricultores, torcedores y maestros mezcladores que dedican años a crear algo único, tan artesanal y honesto como cualquier botella de vino o barril de bourbon.

El propio sistema judicial estadounidense ha reconocido que la FDA no presentó evidencia suficiente para regular los cigarros premium, y que su intento de hacerlo fue “arbitrario y caprichoso”. Es decir, que el debate no es médico, sino moral: ¿quién tiene derecho a decidir qué placeres son aceptables y cuáles no?

La ironía del progreso

Lo paradójico es que vivimos una era en la que el consumidor exige transparencia, origen y autenticidad. Se promueven los alimentos de finca, las bebidas artesanales y el consumo consciente, pero cuando se trata del cigarro, esos mismos valores parecen desaparecer.

El cigarro premium no busca ser masivo ni seduce con publicidad o adicción. Su placer es lento, deliberado y social, pues representa el mismo principio que inspiraron el vino y el bourbon: disfrutar la vida con propósito. Sin embargo, se le trata como si su mera existencia fuera una ofensa a la modernidad.

Elegir es el punto

Defender el derecho a disfrutar de un cigarro no es glorificar el humo; es defender la coherencia. Si creemos que el ciudadano adulto es capaz de elegir su dieta, su bebida o su estilo de vida, también debe poder determinar cómo, cuándo y con quién disfruta de un cigarro. La verdadera libertad no consiste en permitir únicamente lo que aprobamos, sino en respetar el derecho a elegir lo que no compartimos.

El vino, el bourbon y el cigarro premium son expresiones distintas del mismo impulso humano: celebrar el tiempo, la conversación y la vida. El problema no es cuál preferimos, sino quién cree tener la autoridad para decidir por nosotros. Porque, en el fondo, el humo de un buen cigarro no desafía la salud pública, sino la doble moral.


*Socio fundador de Entre Humos: Lounges, Online, Retail, Puerto Rico.