Cigar Box Guitars, laudería de lo fantástico

Las Cigar box guitars tienen un origen profundamente norteamericano: nacieron de la necesidad de personas empobrecidas por crear música frente a la adversidad; construidas por los primeros colonos británicos, esclavos afroamericanos en las plantaciones y soldados durante la Guerra Civil estadounidense y la Primera Guerra Mundial, buscaban combatir la nostalgia y mantener la moral.

 

César Salinas

Antes de 1864 los cigarros se vendían en barriles o mazos sueltos. El gobierno de Estados Unidos dictó el Revenue Act de 1864, que obligaba a envasar los puros en cajas de madera de 25, 50 ó 100 unidades para facilitar el cobro de impuestos.

La primera cigar box guitar fue la Diddley Bow, hecho con una sola cuerda, un cable de metal tensado sobre un palo, usando una caja de cigarros como resonador. El secreto fue la cedrela odorata, el cedro, una madera ligera, porosa y con una magnífica resonancia natural.

Las guitarras nacidas del espíritu de las Diddley Bow sembraron el blues primitivo, el Delta Blues; se tocaban con un cuello de botella de vidrio o un cuchillo y generando ese típico sonido metálico. 

Conocí en México a un laudero que fabrica cigar box guitars. Se llama Ricardo Toledo Saucedo, vive en la CDMX, es editor de publicidad y cuenta que todo comenzó con una crisis de los 40, un serrucho, una caladora Black & Decker y dos cajas de puros que le vendieron a 30 pesos en una tabaquería.

Arqueología sonora

Ricardo nació y creció en la Ciudad de México, tiene 57 años, trabaja es editor de publicidad, músico frustrado de rock, estudió órgano, toca la guitarra, el bajo y algo de piano; es padre y un hombre que aprendió a practicar el desapego quemando maderas cada fin de año. Pero, sobre todo, es un artesano que transforma un objeto que perdió su finalidad de guardar cigarros en un instrumento musical lleno de historia y resiliencia.

Mi “crisis de los 40 fue hacer guitarras”, cuenta al recordar cómo comenzó. Ricardo quería tener muchas guitarras así que comenzó a fabricarlas viendo videos en Youtube, ocupando los conocimientos de carpintería que su padre le transmitió. Fue una Navidad que deseó su primer guitarra, una Strum Stick, que es prácticamente “una cajita de tres cuerdas”, y terminó fabricándosela él mismo.

Entrevistado en su taller, cuenta que la primera guitarra que hizo no funcionó y casi claudica de seguir, pero vino la segunda, hecha sin pretensiones, y esa sí “sonó bien bonito… Esto no es solo carpintería, es una especie de arqueología sonora donde el sonido no se fabrica, se rescata. No están hechas en serie. Cada caja suena diferente. Son únicas e irrepetibles.

Una Fender o una Gibson son productos masivos de impecable ingeniería; las Cigar box guitars, en cambio, son imperfectas por diseño, no buscan la perfección armónica, sino la emoción. 

Hacer estas Cigar box guitars “es mi amor, es lo que le puedo dar a la vida en respuesta a las habilidades que me dio. Por eso todas las guitarras que he fabricado valen más de lo que cuestan; es mi participación en este mundo”.

Zoología fantástica

Por su haber desfila una fantástica serie de personajes como Jack, un polaco radicado en Chiapas cuyo aspecto mágico cabalga entre Harry Potter, Gandalf El Gris y un hippie californiano setentero con camisa de terciopelo, un sombrero de copa, el pelo largo, pelirrojo. 

“Pero nadie ha hecho sonar mis guitarras como ese cabrón. Tocó todas las que llevaba ese día para vender. Escogió una, la pagó por PayPal. Y ya, seguramente esté en Polonia tocando”. 

O la historia de un reconocido oncólogo que viaja en una Harley-Davidson y tiene por costumbre tocarle blues con una cigar box guitar a sus pacientes antes de aplicarles la vacuna contra la influenza.

Y entre esta red que fue tejiéndose llegó Ricardo con Jonás González, de la banda de rock mexicana Plastilina Mosh, a quien le fabricó una guitarra de cuerpo sólido, rústica, tosca, que el propio Jonás bautizó cariñosamente como la «Tabla de Picar». 

Equipada con una pastilla Gibson de 1969, esa pieza se viralizó cuando el músico subió un video mostrando su colección. La «Tabla de Picar» se robó el protagonismo. La conexión fue tan genuina que derivó en un palomazo histórico en Monterrey y en una cena de Año Nuevo compartido como hermanos.

Y entre las muchas anécdotas que tiene recuerda aquella vez que fue detenido en la carretera hacia Morelia, Michoacán, por una patrulla de la Guardia Nacional. Y lo que pudo haber terminado de otra forma, terminó con Ricardo enseñándole sus guitarras en la cajuela y echándose un palomazo para los oficiales.

Para todo esto hay una gran ironía en todo esto: Ricardo no fuma, los cigarros le lastiman la laringe, pero le encanta el aroma… y las cajas por su puesto, que reconoce por grosor, densidad y la historia del fabricante.

“Cada guitarra tiene su voz”, afirma. Por ejemplo, las Brick House de JC Newman Cigar Company, “suenan dulce”, pero de entre todas se alzan las Macanudo a las cuales Ricardo llama las «Stradivarius» de las cigar box guitars

Al mostrar algunas de las cajas que tiene en mente convertir en guitarras destaca una de Flor de Cano fechada en abril de 1980, es decir que tiene 46 años de antigüedad: el proceso de secado natural del cedro a lo largo de casi cinco décadas ha eliminado por completo la resina interna de los poros, dejando los canales celulares vacíos y listos para actuar como amplificadores naturales. Sin duda será una gran guitarra.

Aquí y ahora

Una cosa increíble es que cada diciembre Ricardo reúne en su taller todas aquellas maderas, puentes y cajas de puros que no alcanzaron los estándares acústicos o espirituales exigidos. 

En lugar de almacenarlas o rematarlas, las entrega al fuego en la ceremonia de una hoguera: lo que nació de la tierra como tabaco y cedro y no pudo convertirse en música. Para él este acto tiene que ver con un desapego radical. 

Para Ricardo hacer guitarras de cajas de cigarros ha sido un viaje de anécdotas épicas, mucha satisfacción y felicidad; esa plenitud de saberte aquí, y ahora, haciendo lo que te gusta.

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