
Su historia es como la de muchas mujeres en Latinoamérica. Tercera hija de una madre soltera que todos los días daba el máximo por sacar a su familia adelante, a sus 28 años Gretel Isabel Fuentes Flores también se ha convertido en madre soltera de dos hijas, pero con la oportunidad de una vida mejor para su familia, entre tabaco, hoja por hoja.
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Nació en La Trinidad, Estelí, Nicaragua, siendo la menor de tres hermanos, dos mujeres y un varón, y desde muy pequeña tuvo que apoyar en la economía familiar, saliendo con su madre a vender tortillas, cajeta y otros productos caseros que ellas mismas elaboraban.
Cotidianamente, la mitad del tiempo era para el trabajo y la otra para el estudio, pero Gretel salía a diario de la escuela directamente a buscar un empleo más formal. “Yo le decía a mi madre que no quería estudiar más, que yo quería trabajar para ayudarle. Porque todo niño, cuando ve a su madre llorar por la situación económica, sólo piensa en ayudar”.
Así, después de vender los productos de su madre encontró un primer trabajo cuando tenía 15 años, ingresando a una fábrica de cigarros para aprender el proceso del despalillo –que consiste en quitar las venas a las hojas del tabaco, ya curadas–, y luego tuvo la oportunidad de conocer el proceso de rolado o torcido de los puros.
Con algo de experiencia entre los dedos, se acercó a Estelí Cigars, donde trabajaban algunos familiares, quienes destacaban el buen ambiente laboral en la empresa. “Aquí la dejan trabajar a una, sin molestar, para que todo salga lo mejor posible”.
Cinco años después, Gretel afirma que encontró su lugar en la vida como rolera, para salir adelante junto con sus hijas, de 12 y 5 años. Pero a diferencia de su madre, con mayores posibilidades de progreso para que ellas no les falte nada y tampoco deban trabajar a tan temprana edad.
En su mesa de rolado pone todo su amor en la elaboración de cada cigarro. “Lo hacemos así para que los clientes hablen bien de las marcas, porque si yo lo hago mal, además de que quienes supervisan lo van a notar, el cliente también”.
En los vapores de Estelí Cigars, todos los boncheros son hombres y las colocación de capa está destinada sólo a las manos de las mujeres, formando equipos sólidos que se consideran parte de una gran familia.
Durante la jornada laboral, la dinámica es fluida y cordial. “Si otra rolera está haciendo algo mal, se le apoya y se le orienta, para que todos hagamos siempre lo mejor”.
Y, además de fumar por trabajo, para revisar la calidad de sus piezas, Gretel disfruta del tabaco como una actividad relajante al final del día. “No es normal que en Nicaragua las mujeres fumen puro, pero a mí me gusta probar y conocer lo que estoy haciendo”.
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