Ángela Evangelina Cruz Cruz, Ensartadora, Tabaco y nada más

Con 68 años de edad, doña Ángela Evangelina Cruz Cruz acumula más de cinco décadas de experiencia dedicada al tabaco. No ha conocido otro empleo a lo largo de su vida, pues de él ha obtenido los recursos necesarios para construir un hogar y criar a un hijo, quien ahora recorre su propio camino.

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Nacida en Jalapa, Nicaragua, es habitante de la comunidad de Santa Rosa, una zona alejada de la cabecera municipal. Por ello, doña Ángela goza de un horario de trabajo especial, en consideración a su edad y tiempos de traslado.

“Yo tengo que salir de casa como a las seis de la mañana para tratar de llegar a mi hora de entrada –pero siempre con buena actitud–, acompañada del Todo Poderoso. Cierto es que no siempre puedo llegar a tiempo, pero no pasa nada porque aquí me dan permiso”.

Su trabajo como ensartadora de tabaco inició a los 13 años en la finca El Coyol. “A esa edad un señor que se llamaba Ariel Chávez me dijo que viniera acá a trabajar, y aquí me enseñaron a ensartar los guardias Somozistas”.

Esa parte de la finca fue antes de don Sixto y Ernesto Plasencia, segunda y tercera generación de tabaqueros llegados de Cuba a Nicaragua.

Así, doña Ángela ha sido testigo de todos los cambios que la industria tabaquera ha experimentado en Nicaragua durante los últimos 50 años. De hecho, ella vio a su padre trabajar en la cosecha de las tierras propiedad del entonces presidente Anastasio Somoza Debayle.

De aquel entonces, recuerda a un grupo de 40 a 50 mujeres trabajando en las casas de curado, acumulando cujes, como se llama a las varas largas de las que cuelgan las hojas en grupos de 23, 35, 40 y 70 pares, durante su secado y curación; unidades que conforman la tarea de 3 mil pares. Este objetivo define su ingreso al final de la semana.

Ángela nunca se casó, pero es madre de un hijo que logró estudiar “hasta donde quiso hacerlo”, refiere, y que actualmente se dedica al periodismo. Además, gracias a su trabajo pudo construir –dos veces– una casita devastada en un incendio, pero ahora nuevamente en pie.

Su familia también se dedicó al campo toda la vida: su padre, hermanas y hermano, al tabaco, y su madre, al cultivo del frijol y a la elaboración de tortillas de mano. Estas personas trabajadoras fueron un ejemplo que le permitió salir adelante.

Antes, también participaba en la siembra, y “cuando no hay cosecha yo lavo ropa también, limpio, lo que sea… yo todo lo que me pongan a hacer lo sé hacer, menos robar”.

Cincuenta años atrás, doña Ángela tenía la fuerza y vitalidad para entregar dos tareas diarias; ahora, como un reconocimiento a su trayectoria, en Humo Selecto se le permite concluir la mitad, durante una jornada reducida a cinco horas.

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