Karen Berger, Fuego y tiempo

“Trabajaba de siete de la mañana hasta las cinco de la tarde; de seis a nueve iba a la universidad, y por las noches también trabajaba. Los fines de semana cuidaba niños, para ayudarme con la escuela, y a la familia, con los gastos de la casa”. Ésta es Karen Berger, y quien diga que todo se lo debe a su esposo, se equivoca. Don Kiki Berger fue su compañero de vida y mentor, pero ella es la prueba de que el tabaco, como el buen acero, sólo alcanza su temple a través del fuego y el tiempo.

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César Salinas

A Karen la conozco desde que lanzó su primera línea personal, K by Karen Berger, hará ya unos siete años. Fue la primera mujer a la cual entrevisté dentro de la industria y quedé fascinado por su historia. Hoy, volver a escribir sobre ella tras haber visto su crecimiento personal y empresarial, como hombre, como padre de hijas y como director de una revista que busca visibilizar el trabajo de las mujeres en la industria, me llena de orgullo y satisfacción.

Es una mujer que vivió una infancia complicada, de carencias y hambre, y cambiar su destino para salir adelante tuvo como base el amor, la determinación y, sobre todo, la familia. En el camino tuvo la fortuna de encontrarse a un hombre que la acompañó en la construcción de la tabaquera que hoy es… aunque su primer sueño haya sido ser odontóloga.

Infancia no es destino

Karen nació en Estelí, Nicaragua. Su familia fue el cuarto matrimonio de su padre, quien falleció en 2025 –casi a los 100 años–, dejando 16 hijos e hijas; cuatro de ellos, producto de su última unión. “Crecimos en un seno familiar bastante humilde, con necesidades y hambre, pero gracias a Dios nos superamos: estudiamos, cada uno de nosotros trabajó dignamente y gracias a ello estamos aquí ahora”.

Nació en los albores de la guerra de 1978, cuando la Revolución Sandinista se alzó contra la dictadura de Anastasio Somoza; ese año, entre muchos eventos trágicos, la ciudad de Estelí fue bombardeada. Todo faltó en ese entonces, del 78 al 80: champú, pasta de dientes, jabones, útiles escolares, juguetes, insumos básicos…

Su padre se dedicó a la talabartería; su madre, al hogar y la crianza, y ambos sacaron adelante a sus cuatro hijos, dándoles estudios básicos. Al terminar su bachillerato, Karen no pudo entrar a la universidad porque carecía de los recursos económicos necesarios. Hacerlo le llevó dos años, tiempo durante el que trabajó en un consultorio dental, donde se enamoró de la profesión. “Sé hacer piezas dentales, puentes, coronas, trabajar la porcelana… mi sueño era ser dentista, pero esa carrera era muy cara y opté por la Administración de Empresas”.

Quizá esa precisión quirúrgica, necesaria para moldear una corona dental, le otorgó la delicadeza para enrollar una capa sin romperla.

Primeros pasos

Entró en la industria cuando tenía 18 años, para costearse su carrera, y buscó una oportunidad como torcedora en Estelí Cigar Factory, que ahora es de su propiedad. En Nicaragua, como en otros países tabaqueros, se trabaja en parejas, y casi todo el tiempo la mujer es la que rola el tabaco, porque tiene un mejor toque, mayor cuidado y habilidad.

“Como aprendiz debes hacer tu mayor esfuerzo y entender rápidamente. Sentí el arte del tabaco. No había fumado hasta entonces, pero como el trabajo que estaba haciendo era el toque final de una marca que se vende en otro país, tenía que poner lo mejor de mí para que el producto final fuera de excelencia”.

Un día, el dueño, don Enrique Kiki Berger se encontró con Karen rolando tabaco. “Ahí comenzamos una relación muy bonita, y después nos casamos”. Pero eso fue apenas el inicio de una carrera en la que tendría que esforzarse el doble, así que decidió no saltarse ningún proceso y seguir trabajando hasta dominar la mayoría de las áreas: empaque, anillado, despalillado, selección de la hoja…

Respecto de su primera fumada, cuenta que tuvo un toque agridulce. Un cliente molesto había devuelto un pedido, alegando que el blend estaba equivocado. Don Kiki se molestó con todos los trabajadores y les instruyó probar lo que hacían, para asegurarse de que la mezcla fuera la correcta. «Ahí probé un cigarro por primera vez, y lo recuerdo como si fuera ahora. Esa mezcla era bastante fuerte, un tabaco maduro, un 5 Vegas, y me encantó; me enamoré. Tenía 19 años”.

En el descubrimiento de la vocación hay siempre un momento decisivo, y para Karen llegó después de probar ese cigarro. Se dio cuenta de todo lo que debe suceder para que cada pieza llegue a las manos del o la aficionada: “Incluso me iba a los campos para ver cómo se hacían los semilleros, el cultivo y muchos procesos más. Ese día nació en mí el amor por la hoja».

Siempre lo ha tenido claro y sabe que el tabaco es una pasión de todo fumador, que se fortalece cuando conoces todo el trabajo que conlleva. “Además de tener la oportunidad de trabajar con quien fue mi esposo, compartimos intereses y pasiones en común. Después me gradué y empecé a hacerme cargo de la parte administrativa”.

Don Kiki, pareja y mentor

Fueron 17 años de matrimonio con don Enrique, una persona muy especial en la vida de muchos tabaqueros de Nicaragua, pues ayudó profesionalmente a dueños de grandes empresas como Oliva Cigars, Drew State o AJ Fernández; productores que un día empezaron pequeños, como él.

Él llegó a Estados Unidos en los años sesenta junto con su padre, Max Berger, quien en la década de los cuarenta, tras iniciar la Segunda Guerra Mundial, escapó a Cuba cuando Hitler invadió Polonia. Con el correr del tiempo instaló su fábrica de tabacos en la zona de Pinar del Río, donde cultivaba sus propias fincas, y Kiki comenzó su relación con el negocio desde su niñez.

Al llegar la Revolución Cubana, Max Berger decidió mudarse a Estados Unidos y dar por finalizada su relación con el tabaco. Pero no así su hijo Enrique, quien durante la década de los noventa, en pleno auge tabaquero, decidió mudarse a Nicaragua, donde compró tierras de cultivo y fundó Estelí Cigar Factory.

En 1995 decidió crear su propia marca, lanzando Don Kiki Red, Green, White y Brown, y comenzó a distribuirlas en EE.UU. Pero lo que le valió fama internacional fue la Cuban Crafters Megastore, situada en Little Havana, en Miami. Lo que hizo, antes que nadie, fue cerrar acuerdos con operadores turísticos, quienes traían autobuses llenos de turistas a la tienda y compraban cualquier cosa que no pudieran conseguir en sus países de origen.

En 2001 se le diagnosticó insuficiencia renal crónica, requiriendo urgentemente de un riñón. Pasó cinco años en hemodiálisis, porque no quería aceptar el riñón de Karen, pero en 2006 finalmente aceptó y para entonces “ya no sé si era cubano, polaco, rumano o nicaragüense”, bromea ella. De hecho, juntos abrieron un centro de diálisis renal en Estelí.

Karen le regaló a su esposo ocho años más de vida. Don Kiki Berger murió el 23 de septiembre de 2014 en el Mount Sinaí Hospital, en Miami. Desde entonces, Karen trabaja para continuar su legado y honrar el apellido Berger.

Reina del tabaco

A Karen se le conoce como The Cigar Queen, la mismísima Reina del cigarro. Pero esto no fue fortuito, sino producto de su tenacidad, fortaleza y amor por una empresa que le dio todo en la vida, que su lema resume muy bien: Pasión, Lealtad, Coraje.

El mercado del cigarro premium es todavía mayoritariamente de hombres, pues se trata de un producto íntimamente ligado al lujo y al poder masculino. Es ahí, en las altas esferas de las marcas más prestigiosas, en los salones y eventos, donde coinciden y hacen negocios los Cigar Lords del tabaco, donde Karen Berger se ganó su título.

Una paradoja, tratándose de un sector dominado por las mujeres, que representan más de 60 por ciento de los puestos de trabajo en semilleros, siembra, cosecha, fabricación de cigarros, empaque, labores de oficina, comercialización y exportación. “Es bastante difícil que en esta industria a la mujer se le tome con seriedad. Piensan que no tenemos el conocimiento como fumadoras ni como empresarias o emprendedoras”.

El conocimiento no puede esconderse, mucho menos la pasión, y en ella ambos son notorios: cuando habla de mercados, porcentajes, tendencias, historia o procesos, queda claro que no se está con cualquier persona, sino con una institución en formación, que está escribiendo un capítulo en la historia reciente del tabaco.

Maternidad y Liderazgo

Ser la Reina del cigarro exige un nomadismo casi absoluto. Karen habita aviones y salas de espera la mayor parte del año. A veces llega de un viaje sólo para cambiar de maleta y salir hacia su siguiente destino. Sin embargo, en el mapa de sus prioridades la coordenada más sagrada sigue siendo su hogar.

No sólo es una mujer en la industria, sino una mamá soltera que ejerce su maternidad y lidera una de las compañías más importantes del mundo. En este sentido, sostiene que uno de los mayores retos que ha enfrentado como fabricante de una marca y dueña de un cigar lounge, Don Kiki Cigar Superstore, en Daytona, Florida, sigue siendo, sin duda, su género.

En una industria que no duerme, ha encontrado en la tecnología el puente para no claudicar en su oficio más complejo: ser madre de tres. No importa si se encuentra en un lounge en Dubái o en una feria en Las Vegas, el ritual es innegociable: a través de FaceTime, dedica tiempo a su hija de ocho años para supervisar cada tarea escolar. Una maternidad ejercida a contrarreloj, en ocasiones a miles de kilómetros, demostrando que el liderazgo no se trata de mando, sino de presencia; que puede dirigir una empresa sin perder un solo detalle del crecimiento de quienes son su verdadero motor.

“Todavía vivo parte del estigma creado sobre la sensibilidad, inexperiencia, falta de conocimiento y debilidad de la mujer en esta industria. Cabe destacar que, en todos los ámbitos, a las mujeres se nos hace un poco más difícil alcanzar las mismas oportunidades que los hombres. Sin embargo, creo que a medida que los años pasan hemos ido superando obstáculos y rompiendo esos estereotipos, para hacer valer nuestros derechos”.

De hecho, confiesa que uno de sus sueños, “aunque quizá no alcance a verlo, pero sí a construirlo, es lograr la igualdad y equidad de género en la industria». Y después de tantos años en el negocio continúa luchando por tener una voz, un lugar y el reconocimiento por toda su dedicación y trabajo arduo “representando a la clase obrera, a las caras sin voz de muchas mujeres que trabajan en nuestras fábricas, de donde yo vengo”.

La mujer contribuye en el Mundo del Tabaco con conocimiento, determinación, trabajo duro y resiliencia, luchando para acabar con la sexualización de que es objeto y el machismo, que tanto daño hace. “Necesitamos más empatía, respeto y unión en equipo; más conocimientos y apoyo de unos a otras, y viceversa. El liderazgo que estamos alcanzando es con base en nuestra fuerza, unión e inteligencia”.

Estructura

La estructura de la finca y fábrica son un organismo vivo que nace en la tierra. Con 36 manzanas de cultivo dedicadas primordialmente al Habano Criollo, Karen supervisa una cadena que no conoce intermediarios. Cuentan con casas de curado y toda la tripa de sus cigarros proviene de sus vegas, donde trabajan 65 personas. También ocupan tabacos de Jalapa y Condega.

Pero el cambio más significativo ocurrió hace tres años, cuando decidió trasladar su fábrica al corazón mismo de Estelí, ocupando un antiguo hotel de tres pisos. No fue un movimiento meramente logístico, sino un acto de justicia y transparencia: buscaba que sus 28 artesanos tuvieran un acceso digno y céntrico, cerca de sus hogares, de sus familias, y que el mundo pudiera entrar a su casa.

Hoy, la fábrica es un punto neurálgico del turismo tabacalero, un espacio donde el visitante no sólo ve el proceso, sino que respira la historia de una ciudad que, como ella, sabe lo que es reconstruirse desde sus cimientos.

De hecho, cuenta que durante el festival Puro Sabor y visitas a la fábrica, hospeda a los visitantes y, en lugar de despertarlos con el gallo, lo hacen con el bullicio de los trabajadores que se instalan en sus puestos y lo primero que ven al levantarse es el área de producción, desde el segundo piso.

Todas las líneas de sus marcas se elaboran en esta fábrica, además de varias marcas privadas para los mercados europeo y estadounidense, y produce aproximadamente medio millón de cigarros al año, porque “estoy enfocada en la calidad y no trabajo con base en cantidad”.

Cuenta, con mucho orgullo y empatía, que cuando camina por la fábrica haciendo control de calidad en las mesas de los boncheros y las roleras, “no entro como una jefa, sino como una persona que estuvo sentada ahí, que sabe el trabajo que están haciendo… somos iguales”.

Vitolario

Como heredera de la tradición tabaquera de su compañero de vida, el vitolario de Karen es una cronología de su propia madurez y una declaración de principios. Su primera creación fue K by Karen Berger, lanzada en 2018-2019, y aclara que la “K” se refiere a Kiki, como un homenaje. Es un Toro Box Press de 6 pulgadas, cepo 52, en capas Maduro, Habano, Connecticut y Camerún, que mantienen gran aceptación, pues hay una liga para cada paladar.

En 2020 creó el Tailgate, de 6 pulgadas, cepo 52, con capa Sumatra, capote y tripa Nicaragua, que se oferta en una cajita de 14 piezas a un precio muy accesible, como corresponde a su filosofía, de ofrecer precios justos y asequibles a los y las fumadoras.

En este camino la figura de Abdel AJ Fernández surge no sólo como un colaborador, sino como un guardián del legado. Su relación con Kiki Berger trascendió los negocios: fue una hermandad forjada en el respeto mutuo, además de la colindancia entre sus fincas. Abdel le provee de capa a Karen, y para sellar esta amistad en 2023 lanzaron el K by Karen Berger 25 Aniversario, by AJ Fernández, una liga full body con capa Connecticut Broadleaf Habano y capote San Andrés México, que abrazan una tripa nicaragüense. Este cigarro celebró un cuarto de siglo de Karen en la industria tabacalera.

Ese mismo año vino también el K-Fire 150°F, un cigarro con capa Negro San Andrés México, capote Habano Jalapa y tripa Estelí, presentado en formato Box Pressed con 6 pulgadas, cepo 52, en una caja de 20 piezas ilustrada en colores rojos, naranjas, amarillos y blanco, que representan las diferentes temperaturas del fuego. En este caso, 150 grados Fahrenheit es la temperatura máxima que alcanza el tabaco en los pilones, razón por la que Karen decidió integrar la cifra en el nombre mismo.

Y A finales de 2023 su catálogo se engrosó con la entrada del K-Fire 150°F Mega, de 6 pulgadas, cepo 60, presentado en Las Vegas durante la edición de la PCA Trade Show de 2024.

El año pasado, a través de la presencia del vicepresidente de la marca, Bruce Busch, en la feria comercial de InterTabac, Karen Berger Cigars fortaleció su exposición internacional y abrió las puertas a nuevos mercados en Asia y Europa, donde además de los 17 países en los que ya se encuentra, suma puntos de venta en Italia y Francia.

Acompañados por Kleinlagels, sus distribuidores, el evento sirvió como marco para realizar la presentación oficial de Ixtelli, un homenaje a las raíces prehispánicas de Estelí, Nicaragua y Halftime, una propuesta de fumada rápida, pero con calidad, en el mercado europeo; líneas que reflejan su pasión y compromiso con la excelencia nicaragüense.

El horizonte de 2026

Para cerrar esta entrevista Karen ofrece a Humo Latino una primicia, al revelar los trazos de su futuro inmediato. Este 2026 el catálogo se robustece con Overtime, un imponente 6×60 en capa Maduro, la extensión de línea del premiado Ixtelli, ahora en un formato Robusto, 5 pulgadas, cepo 50, que promete concentrar la fuerza de Jalapa, y la presentación oficial del Half Time en capas Habano y Maduro; la respuesta perfecta para la fumada breve, pero intensa. 

Finalmente, habla sobre el viaje de vida que han sido Estelí Cigar Factory y Karen Berger Cigars, de los altibajos sufridos y de cómo ha visto caer empresas de enormes inversiones. Afirma que ella se ha mantenido a base de consistencia y sacrificio, así como su fe ciega en Dios para superar cualquier desafío: “mi único socio está allá arriba –señala hacia el cielo–, guiándome en todo momento.

“Tengo muchos sueños por cumplir, como ganar el Cigarro del Año, seguir trabajando por tantas familias que dependen de esta empresa, mantener el legado de mi esposo y ser la tabaquera que esté a la altura de lo que un día Kiki alcanzó… y mucho más. Me queda mucho camino por delante”.

Karen Berger es una mujer admirable, un ejemplo para aquellas que sueñan con ser empresarias y dueñas de su destino; una mujer que ha abierto el camino y marcado la pauta de lo que el Mundo del Tabaco puede, y debe ser, para todas ellas.

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