Barreda Cigars, Cuatro generaciones de pasión y tradición

Lo que 50 años atrás inició como un hobby para Francisco, Don Chico Barreda, un hombre visionario que descubrió el placer de fumar con los primeros cubanos que llegaron a Nicaragua, hoy es un legado familiar que abarca cuatro generaciones de pasión y dedicación al tabaco.

Basado en la técnica de prueba y error, Don Chico comenzó a cultivar la planta, afinando su método artesanal y marcando el primer paso de un apellido que hoy resuena en la industria premium bajo la guía de don Óscar Barreda, fundador de Barreda Cigars; una empresa cien por ciento nicaragüense que no sólo enaltece la tradición ese país, sino que se posiciona globalmente gracias a su compromiso con la calidad.

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Francisco Barreda, Don Chico, era originario de Estelí y a lo largo de su vida se involucró en el desarrollo de diferentes proyectos agrícolas, pero también sostenía negocios dentro de la distribución de alimentos y el autotransporte.

Durante los años 70, al ser una persona sociable y fácil de querer, entabló gran amistad con un grupo de cubanos llegados a Nicaragua, quienes le transmitieron el gusto y placer por fumar, además de la inquietud de sembrar tabaco, lo que finalmente hizo en una pequeña porción de tierra al norte del país.

“Él era un visionario, quería aprender y decidió hacer pruebas y comenzar a sembrar, pero no como negocio. Sabía que parte del futuro de su apellido estaba en el tabaco, así que también aprendió a hacer sus propias ligas y a rolar sus cigarros, bien artesanales, y le encantaba fumarlos”, recuerda don Óscar, su nieto.

Esta empresa familiar, en la que participan su esposa, doña Karla Rodríguez como gerente general, y sus hijos Jennifer y Óscar, encargados de la comercialización e imagen, y de los procesos de producción, respectivamente, utiliza las técnicas desarrolladas por Don Chico, quien se inició con la venta de tabaco en rama; modelo de negocio que mantienen, junto con la manufactura de cigarros.

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Don Óscar Barreda estudió Ingeniería Eléctrica y fundó la Empresa Barreda Constructora Eléctrica, un negocio exitoso con el que llegó a cubrir 60 por ciento del territorio nacional, obteniendo contratos de dependencias estatales durante 18 años seguidos.

Aunque alejado del tabaco como actividad económica, siguió aprendiendo de su abuelo, Don Chico, quien le enseñó sobre la tierra, la siembra, los procesos y las ligas de tabaco; cercanía que además les brindó la oportunidad de convivir y compartir cigarros.

Para 2013, cuando don Óscar finalmente sintió que debía crecer más allá de la industria eléctrica, las enseñanzas de su abuelo le condujeron hacia el campo, y acompañado de su familia –incluso Camilo, hijo de Don Chico, dice– emprendió la construcción de una fábrica en los alrededores de Estelí, ocupando las instalaciones de su empresa anterior.

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Acorde con su formación de ingeniero y empresario, como primer paso don Óscar se concentró en la optimización de procesos y recursos dentro de la nueva empresa, contratando y formando personal altamente calificado: “una plantilla que apoyara el cumplimiento de nuestro mayor compromiso con el público, la calidad”.

Así que desde el semillero, la plantación, la casa de curado, la fermentación y la elaboración del puro, en Barreda Cigars todo proceso debe garantizar la confianza en sus productos, que es la base del reconocimiento de una empresa formal, seria y comprometida con los fumadores. “Parte del éxito y nuestra calidad vienen de la responsabilidad y seriedad que esta industria requiere”, afirma.

En algún punto, su sueño fue emplear a toda su familia dentro del sector tabaquero, y lo ha logrado, pues además de contar con su esposa, se ha encargado de transmitir a sus hijos «los conocimientos que he adquirido sobre el tabaco, tal y como un día mi abuelo Chico lo hizo conmigo”.

Hoy, las instalaciones que albergaron su empresa eléctrica se han transformado y crecido, como sede de un legado de cuatro generaciones, con nuevo equipamiento que permite a sus colaboradores la manufactura artesanal que da vida a cada cigarro que sale de la fábrica.

Recuerda que en un principio no había clientes ni mercado, sino un sueño y una inspiración en homenaje a la vida de una persona como Don Chico –quien falleció en 2017–, un sobrenombre que ahora se conoce globalmente gracias a una línea que es parte del vitolario de Barreda Cigars.

“Algunos podrían pensar que combinar mundos tan distintos es una locura, pero cuando la pasión por lo que haces corre por las venas y se comparte en familia, deja de ser locura y se convierte en propósito”, afirma don Óscar.

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VITOLARIO

Don Chico

Capas:

Maduro, México San Andrés.

Habano, Ecuador.

Connecticut, Ecuador.

Formatos:

Robusto, 5 pulgadas, cepo 54.

Toro, 6 pulgadas, cepo 54.

Chairman, 6 pulgadas, cepo 60.

O21

Capa: Habano Ecuador.

Formatos:

Robusto, 5 pulgadas, cepo 50.

Toro, 6 pulgadas, cepo 54.

Chairman, 6 pulgadas, cepo 60.

Barreda Vega Suprema Oro

Capa: Habano Ecuador.

Formatos:

Gran Cañón, 4.5 pulgadas, cepo 60.

Doble Robusto, 5 pulgadas, cepo 56.

Gran Toro Box Pressed, 6 pulgadas, cepo 54.

Lotes Reservados

Capa: Habano Nicaragua

Formatos:

Petit Cañón, 4 pulgadas, cepo 56.

Doble Robusto, 5 pulgadas, cepo 54.

Gran Toro, 6 pulgadas, cepo 54.

Cocktail

Tabacos cien por ciento Nicaragua.

Formatos:

Puntica, 4.37 pulgadas, cepo 46.

Petit Corona: 4 pulgadas, cepo 48.

Robusto, 5 pulgadas, cepo 50.

Toro, 6 pulgadas, cepo 52.

Sublime, 6.5 pulgadas, cepo 54.

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En sus primeros años, la producción de tabaco era modesta y provenía principalmente de Estelí, lo que llevó a la empresa a buscar hojas de otras regiones para sostener la elaboración de sus puros. Así, Barreda Cigars comenzó a adquirir tabaco de Jalapa, Condega y Ometepe, colaborando con cosecheros y empresas de renombre. Aquella etapa marcó el inicio de un camino de aprendizaje, crecimiento y consolidación en la industria.

Don Óscar y su equipo dedicaron el primer año de operaciones a definir una identidad propia y a diseñar sus ligas. En ese proceso, él se involucró profundamente, invirtiendo gran parte de su tiempo en catar y analizar cada tipo de hoja en su grado puro, hasta poder reconocer sus características con precisión.

Este aprendizaje no sólo le permitió perfeccionar su conocimiento, sino también ampliar su comprensión del tabaco proveniente de nuevas regiones del país, más allá de las zonas tradicionales con las que ya trabajaban. Todo este proceso se apoyó en las enseñanzas y el legado de Don Chico, quien fue el primero en transmitirle la pasión y el respeto por el arte de seleccionar y combinar las hojas.

Sostiene que de acuerdo con su experiencia, la identidad de una marca obtiene mayor respaldo cuando se involucra en cada parte del proceso, así que para 2015 se aventuraron en la preindustria, logrando obtener el control total de cada uno de los procesos.

Al comienzo la siembra se realizaba en una manzana (0.7 hectáreas) propiedad de la familia, donde se obtenía un promedio de 40 quintales; nada, en comparación con los mil quintales de tabaco que hoy en día almacenan en sus instalaciones para la producción propia y de marcas privadas; cigarros que –muestra de las aspiraciones familiares– nacen de las manos de 40 parejas en un salón con capacidad para 70 parejas, elaborando vitolas de más de 60 ligas con tabacos provenientes de tierras sembradas en Jalapa, Estelí, Condega y Pueblo Nuevo, donde se obtienen hojas para capote y tripa de las variedades Corojo 99, Habano 2000, Habano 2006 y un poco de Criollo 98, reservado para ediciones limitadas.

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Jennifer Barreda, como encargada del mercadeo e imagen de la marca, explica que la diferencia de Barreda Cigars frente a otras compañías radica en su dedicación a la cosecha y la fermentación, pues han invertido para estar presentes en todos los procesos y momentos verticalmente integrados, en los que se vigila de cerca la evolución de la planta, desde la semilla, hasta convertirse en cigarro.

En esta familia la forma de fermentar es especial y se mantiene como secreto y punto diferenciador, pues el tiempo es fundamental y el cuidado del proceso, puntual. Esta dedicación les permite ofrecer al consumidor sabores distintos y limpios –sin notas amargas en el aftertaste, que ella describe como amigables y apropiados para todo momento.

“La fermentación es tiempo, calor y humedad, no hay muchas variantes… pero el tiempo es un factor cambiante y nosotros dejamos que el tabaco nos dicte su tiempo, sin apresuramiento, ya que depende del tipo de hoja, el corte y su zona de procedencia”, detalla don Óscar.

Así, exigentes con sus procesos, en Barreda Cigars el secado se realiza de manera natural, controlando la humedad de las casas de curado con ventilación y proporcionando calor con carbón vegetal de procedencia especial, “para que no sólo sea calor por dar calor, sino que finalmente aporte algo a las hojas cuando es necesario utilizarlo”.

También especifica que respecto de los porcentajes de humedad y la estética visual de las hojas, utilizan agua purificada para evitar añadir minerales innecesarios, y que cuando el tabaco en rama presenta las características deseadas, se envía al despalillo para continuar con su camino dentro de la fábrica y finalmente convertirse en un puro, tras más de cuatro años a partir de la cosecha.

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Con un inicio marcado por la pasión emprendedora y el esfuerzo, Barreda Cigars enfrentó los retos propios de una industria cambiante, especialmente durante el periodo de 2020. Sin embargo, tras la pandemia, la empresa experimentó una recuperación sólida y hoy continúa su expansión internacional, fortaleciendo su presencia y fidelidad en los mercados.

Jennifer expone que la empresa familiar ha crecido en producción y comercialización, apoyada por su participación en ferias, así como por su presencia dentro de la Cámara Nicaragüense de Tabacaleros. Pero se trata de un proceso largo en el que la meta es ambiciosa: Que el apellido Barreda forme parte importante de la industria nacional e internacional y se encuentre ligado permanentemente a la excelencia tabacalera de Nicaragua.

Para esta familia, el siguiente paso es explorar el mercado asiático, mientras se potencian los mercados de Europa y los Estados Unidos, donde los retos son cada vez mayores en cuanto a regulaciones de tabaco y el aumento en costos por aranceles; retos a los que no restan importancia, pues impulsan al fabricante en su interés por superarlos: “Es algo en lo que estamos trabajando y tenemos estrategias listas para afrontar lo que se pueda venir”.

Muestra de ello es que a partir del año pasado, Barreda Cigars abrió una oficina en Houston, Texas, EE.UU., realizando el trámite de las licencias necesarias para manejar su propia distribución y lograr el control total de la cadena productiva.

Además, explica Jennifer, se está conformando un equipo de ventas con el objetivo de cubrir estratégicamente la mayor parte del territorio estadounidense, llevando la esencia de la marca a cada rincón del país.

Recientemente, en España, se lanzó la nueva línea de Lotes Reservados Altagracia –que lleva el nombre de un municipio de la isla Ometepe–, una liga de perfil medio a fuerte presentada en formato de 5.5 pulgadas, cepo 56, con una capa Ecuador, capote Honduras y tripa media de una selección especial de tabacos de Nicaragua. Mientras tanto, para este 2026 se preparan nuevos proyectos dirigidos a los diferentes mercados.

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Para don Óscar y Jennifer, el pasado no es más que la prueba de que los sueños guiados por la fe y el trabajo en familia pueden transformarse en un legado prometedor.

Como marca en crecimiento, en la actualidad Barreda Cigars participa activamente en el boom que este sector lidera en el interior de la industria tabacalera internacional. Se trata de una compañía cien por ciento nicaragüense que, en contraste con una vida corta, acumula décadas de experiencia en las manos de sus colaboradores y dueños, quienes comparten el deseo de enaltecer a su patria, su tierra y su tabaco.

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