Juan de León, ¡Que viva la tradición!

Con tres décadas en la industria y una tradición tabaquera de generaciones, Juan de León logró establecer y hacer próspera una fábrica propia –que lleva su nombre– en Tamboril, República Dominicana. En ella se acumulan cientos de charlas, aprendizajes y el conocimiento que dan vida a distintas marcas privadas, y que próximamente se reflejarán también en una liga de familia.

El recuento de las experiencias acumuladas durante los tiempos del Boom del Tabaco, los talleres familiares y su incursión y conocimiento del mercado de Estados Unidos son testimonio de que los caminos de la vida pueden ser largos, pero con el enfoque adecuado y el esfuerzo necesario es posible alcanzar cualquier meta.

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Inicios

La historia de Juan de León se nutre y entrelaza con otras tantas de quienes nacieron o han crecido en Tamboril, municipio de Santiago conocido como Capital Mundial del Cigarro, en la República Dominicana: una infancia marcada por el tabaco, sus aromas y las manos trabajadoras de toda una familia dedicada a esta industria.

Desde edad muy temprana se involucró en el proceso productivo del tabaco, ya fuera recorriendo algún campo, conversando con su abuela, una despalilladora hábil, o trabajando en las fábricas de perritos –cigarritos locales para el pueblo– de alguno de sus tíos, donde aprendió el trabajo de mesa y torció sus primeros cigarros.

Es claro que en aquellos tiempos, siendo menor, no fumaba sus creaciones. Pero se familiarizó con el corte de las hojas y las clasificaciones del tabaco para capas, capotes y tripas, adquiriendo la habilidad y una memoria muscular que más adelante le ayudaría para abrirse camino dentro de la industria.

La crianza de Juan incluyó la convivencia cercana con miembros de la familia dueña de la fábrica Víctor Sinclair, que era entonces un pequeño taller instalado a un costado de su casa: “los hijos del dueño eran mis mejores amigos, y así fue como me involucré con la empresa”, relata.

Entre sus 16 ó 17 años, hasta pasados los 23, continuó su formación tabaquera con el respaldo de esta fábrica, donde al convertirse en adulto comenzó su afición como fumador y su interés por las mezclas o blends. “Empecé a fumar como a los 18 años y todos los días probaba algo de camino a la fábrica, hasta evolucionar del pasatiempo a un aprendizaje más en forma”.

Así, sobre la práctica, se involucró en los procesos propios de la manufactura de cigarros, hasta que la rutina diaria le fue creando el deseo de emprender el vuelo y crecer dentro de la industria. El paso siguiente sería rumbo a una Zona Franca –donde las oportunidades laborales eran abundantes–, para continuar su desarrollo al colaborar en distintas fábricas y al cabo de un tiempo conocer la industria a profundidad, ganar experiencia y conformar un estilo propio.

“Lo que buscaba era perfeccionar procesos y hacer un cigarro diferente, porque sabía que el tabaco no debe saber sólo a tabaco, sino asentarse y dar notas agradables en el paladar; una fumada limpia, sin amargor o picor. En términos generales, una experiencia agradable”, sostiene.

Durante cuatro años, Juan pasó por cerca de media decena de fábricas, acompañado de un equipo de trabajo conformado por muchachos que aprendían bajo su tutela. Se convirtió en supervisor, tarea con la que pudo conocer sobre las características y diferencias de las hojas entre sus variedades y clasificaciones, como Seco, Viso y Ligero, o bien por sus colores. Todo ello, antes de emigrar a Estados Unidos, donde indirectamente continuaría su formación.

El Boom

De acuerdo con Juan, antes de los años 90 –periodo en que surgió el llamado Boom del Tabaco–, en Tamboril no existía la industria que conocemos hoy en día alrededor de este cultivo, y prácticamente se limitaba a talleres de perritos, en los que se elaboraba cigarros rústicos para consumo local.

Pero cuando el tabaco se estableció como producto de valor industrial, la novedad despertó expectativas y ambición de crecimiento entre quienes vivían en Tamboril. «En poco tiempo –recuerda–, la mayoría, como 90 por ciento de la gente se inclinó por el tabaco, aprovechando la oferta de trabajo y de plazas para estudiar en las nuevas escuelas fundadas para cubrir las necesidades de una industria naciente».

En estos años la ciudad emprendió el vuelo para convertirse en lo que es ahora, pasando de una o dos fábricas a más de cien. Las empresas originales, establecidas, recibían contratos para elaborar entre 5 y 10 millones de cigarros, cantidades que superaban sus capacidades productivas. Esta situación las obligó a «compartir» la demanda con diferentes fábricas de perritos, que evolucionaron hacia la creación del llamado Cigarro de Vitola.

Los recuerdos de Juan durante esos años incluyen trabajar hasta tarde, el pago de horas extra y hasta la contratación de varios turnos de personal para mantener una producción continua durante las 24 horas del día. “Hubo crecimiento económico y de pasión por esta industria. La oferta laboral era tal, que uno podía elegir cambiar de fábrica a donde estaban los amigos y ya… siempre existía oportunidad”, detalla.

Maestro

Con base en una trayectoria de treinta años en la industria, Juan de León no sólo ha acumulado experiencia, sino también amistades, como la de su mentor Tirson López, con quien comenzó a desarrollar su paladar, practicando a identificar cada tabaco por su sabor y fortaleza al dar una calada.

Recuerda que trabajando con él, colaboró para la elaboración de un cigarro especialmente diseñado para don Freddyn Beras Goico, figura de la televisión dominicana. Se trataba de un tabaco duro en su construcción, torcido bajo la técnica de acordeón, en el que los dobleces de las hojas –de forma similar al fuelle del instrumento– crean un cigarro firme, pero con un tiro muy libre.

«Yo no quería hacerlo, por la dificultad, y aunque el maestro me aseguró que si esa era mi decisión no habría consecuencias, también me alentó para practicar hasta lograrlo. Finalmente así lo hice y aprendí… Él siempre me corregía y me impulsaba para que trabajara sin preocupación, lo que me permitió conocer, ensayar y aprender muchas cosas dentro de la industria. Son experiencias que te marcan en la vida y que agradeces a las personas que te enseñan”, afirma.

De este hombre, maestro y mentor, Juan aprendió técnicas que pudo incorporar en esa búsqueda de un estilo propio; conocimientos que hoy en día plasma en cada creación que sale de las mesas de rolado de sus propias instalaciones.

Fábrica

Desde niño, un deseo recurrente era tener algún día una fábrica propia, pero la vida únicamente le ofrecía la oportunidad de trabajar para alguien más, desde los talleres familiares hasta la pequeña fábrica de sus vecinos, o un lugar más avanzado como una nave industrial dentro de una Zona Franca.

Con 30 años cumplidos Juan emigró a Estados Unidos para trabajar en una fábrica instalada en New Jersey, donde el propósito de un negocio propio se aplazó durante ocho años más, mientras su experiencia crecía.

Pero en algún momento cambió de rumbo y se dedicó a la plomería, un oficio sin relación del que –sin embargo– aprendió cómo manejar un negocio y le permitió establecer su primer empresa. Como este trabajo no disminuyó su gusto por el tabaco, era común «y necesario» visitar algún estanco de vez en cuando para degustar de un buen cigarro y conversar con otros aficionados.

Fue en una de esas ocasiones, durante una charla casual, que se colocarían los cimientos del futuro que Juan había ambicionado por cerca de 20 años. “Fumando me encontré con una persona a quien le compartí que un día pondría mi fábrica de cigarros en Tamboril, y me aseguró que si estaba dispuesto a hacerlo, él estaría conmigo”.

No obstante, ese día el tema no avanzó más. Fue tiempo después, durante un partido de softball, cuando su actual socio le recordó aquella charla y se pudieron de acuerdo inmediatamente. «El trato estaba hecho, dejé la empresa de plomería en manos de un amigo y monté mi sueño en República Dominicana”.

De acuerdo con Juan, el proceso de instalación de la fábrica fue tedioso, pero lleno de emociones, entre ellas miedo, especialmente por el riesgo latente al realizar las inversiones para comprar materia prima, equipo y la necesaria formación del personal. “Pero montar una fábrica de tabaco es un tema permanente, uno nunca inicia una empresa pensando en que algún día la va a cerrar; se vuelve una cosa de arraigo, y así lo hicimos”.

En un principio Tabacalera Juan de León se abocó a la elaboración de marcas privadas para cadenas de tiendas de cigarros en New Jersey, como La Casa del Tabaco, o marcas para amigos dominicanos radicados en EE.UU. que deseaban incursionar en la industria, como fue el caso de 1901 Papuro.

Tras cuatro años al frente de la factoría y un catálogo de clientes que, reflejo de su éxito, ocupan al personal de tiempo completo, Juan nunca pensó en producir sus propios cigarros. No obstante, las condiciones actuales le permitieron comenzar a trabajar en JDL, marca insignia de la compañía que lanzará al mercado en breve.

Se trata de un cigarro premium con tabaco seleccionado desde hace tiempo, con dos años de añejamiento, en cuya manufactura ocupará el espacio adecuado para no interrumpir la producción de las marcas privadas. Un puro de fortaleza medium a full, de sabor bien equilibrado, pensado para todo público y como una fumada diaria: “Creo que la gente merece fumar un cigarro hecho por nosotros, la familia Juan de León, y dar a conocer lo que podemos hacer para nosotros mismos como fabricantes”, añade.

El Cigarro

Como Blender y fumador de tabaco durante tantos años, Juan ha podido generar un criterio propio, escuchando y saboreando las historias que el tabaco cuenta. Para él, el tabaco habla, y aunque la historia detrás de la ligada sea corta, se puede contar a través de las hojas.

Así es como se trabaja en Tabacalera Juan de León para complacer a los dueños y consumidores de cada marca privada que se acerca; clientes a quienes recuerda que lo que venden es su propio paladar, por lo que el público debe saber que están comprando lo que a cada marca le gusta.

Por todo ello, Juan considera que la liga de su próximo JDL es el arrastre de todos sus años en la industria, de las experiencias sentado junto a tantas personas para entender qué buscan… la cosecha de años de experiencia recogida en un sólo cigarro: “Lleva por dentro un porcentaje de cada persona que conozco, de cada amigo que ha fumado conmigo; es mi trayectoria hecha cigarro”.

Tabacalera Juan de León continúa trabajando y creciendo con las puertas abiertas siempre para quienes comparten el sueño de incursionar en la industria del tabaco, con las mejores materias primas y la garantía de la experiencia personal de su fundador.

Contacto:

Tabacalera Juan de León, Avenida 27 de Febrero, Tamboril, Santiago de los Caballeros, República Dominicana

Teléfono: 809-679-5010

Correo electrónico: ventas@tabacalerajuandeleon.com

Instagram: @tamborilcigars