
Historias de tabaco en el viejo oeste
Capítulo 8: Inferno
Parte I
Hubo una fuerte explosión, en el lugar no hay más que humo, ceniza y polvo; ver algo resulta imposible. Más allá de los obstáculos, la visión es borrosa por el impacto de la dinamita, el silencio es apabullante, no sé si nada hace ruido o he quedado sordo.
A la distancia, entre todo lo que se alza por el turbio ambiente, una silueta se distingue. Se trata de un hombre grande, corpulento, con un imponente sombrero y espuelas que brillan reflejando el poco sol que llega hasta nosotros.
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El hombre no va solo, lleva a alguien tomado del cabello, es una forma que pareciera femenina, delicada, fácil de arrastrar por el árido campo. Me lo dijo, él me lo dijo, me sugirió que no viajáramos hoy por aquí, que tenía el presentimiento de que era peligroso. No era una sugerencia, era una advertencia que ignoré y hoy falta alguien entre nosotros. Si esto es obra de Lafayette, La Guardia del Sur es quien nos ha atacado.
En mi mente, de forma egoísta, deseo que sea este sujeto a quien llevan, aunque la silueta no encaja del todo; el hombre es delgado, pero no a tal grado. No podría soportar perder a Alyssa, nunca me lo perdonaría.
No quiero estar seguro de que se trata de ella, pero las posibilidades me indican lo contrario. He fallado como líder, como amigo, como… pareja.
Creo que me desmayo, todo se nubla aún más y pierdo el color. Ahora todo es negro, creo que ya no estoy aquí.
Recuerdo muy bien la conversación que tuvimos esa tarde antes de partir; estaba ebrio, sí, pero aún la recuerdo.
–¿Vamos a volver por el camino que tomamos para llegar? –preguntó el hombre con un tono que demostraba algo de ansiedad.
–Sí, como siempre lo hemos hecho. Es el camino que Lucky conoce y nos puede llevar de vuelta sin problemas –respondí seguro.
–Bueno, es que no sé, me parece que podríamos variar un poco, digo, para no hacer siempre lo mismo. Yo lo hacía cuando viajaba, más que nada por seguridad, por no ser un blanco fácil, ¿me explico? –continuó el sujeto tratando de convencerme.
–Sí, te entiendo, pero Lucky no sabe otro y yo pues, como puedes ver, no estoy en las mejores condiciones, ¿sabes? –respondí imperativo.
–Yo sé, yo sé, pero podría guiar el camino. Ese no es problema –ofreció.
–Sí es problema, porque el jefe aquí soy yo y siempre lo hemos hecho así: yo bebo, Lucky me lleva de vuelta. Fin, eso es todo en cada vuelta –respondí un poco más alterado que la primera vez.
–Ajá, pero hoy traemos mucho dinero de vuelta, ¿no es así? ¿Como para qué arriesgarnos? –continuó el hombre.
–Yo creo que algo tiene de razón el hombre, Doe, tal vez deberíamos tomar otra ruta, sólo por conocer si no consideras necesario hacerlo por seguridad –intervino Alyssa.
–No, no, todo bien. Lo haremos como siempre y mañana mismo estaremos en casa disfrutando de las mieles del trabajo terminado. Usted para su casa y cada quién a lo suyo, ¿de acuerdo? –ordené.
–Pues si no hay más remedio, que así sea –concluyó el sujeto, quién se resignó a subir a su carreta y conducir detrás de mí.
Debí haberlo escuchado, no sabía por qué era tan insistente, no sé por qué no escuché… Lo sé, pero no quiero aceptarlo.
No sé cuánto tiempo pasé en el suelo, pero sin esperarlo, una voz familiar me llamó a lo lejos, me sacudió y golpeó el cuerpo. Antes de poder darme cuenta de lo que había pasado, una cascada de agua fresca cayó sobre mi rostro y me trajo de vuelta. Me recuperé de golpe y tragué algo de agua al querer tomar aire.
No entendía aún lo que pasaba, estaba aturdido y no escuchaba bien lo que me decían; no podía dejar de toser y ese sonido se imponía ante cualquier otro a mi alrededor. Pero algo sí distinguí: esa voz no era del hombre y mucho menos de Alyssa, era la de Adahy.
–Dios, nunca te he pedido nada, no sé siquiera si existes, pero si estás ahí, por favor no, Alyssa no –supliqué sólo para mí.
–¡Se la llevaron! ¡La Guardia del Sur se la llevó! –gritó Adahy desesperado.
Mi corazón latía aún más rápido que sus palabras. Me reincorporé, lo tomé por los hombros y le exigí que me dijera por dónde vio que ella se fue.
–No… no… no lo sé, uno de mis compañeros está rastreando –respondió asustado.
–Perdón –le dije, soltándolo de inmediato.
–Es que esto no puede ser verdad –mis labios temblaban sin control, como nunca en años, mientras una lágrima rodó por mi mejilla lavando la suciedad sobre mi rosto.
–No te preocupes, hermano, estoy contigo y con ella, la vamos a encontrar –me aseguró este amigo del camino que siempre ha estado para apoyarnos.
–Levántate, Lucky Bastard parece estar bien, ese nombre no le puede quedar mejor. Monta y sígueme –pidió Adahy mientras me auxiliaba para dejar el suelo y enfocarme en el aquí y ahora.
–¡Por acá! Tenemos un campamento no muy lejos de aquí, vamos a pedir refuerzos, mientras ellos siguen el rastro –indicó, señalando a un par de nativos que cabalgaban rápidamente siguiendo el posible camino tomado por La Guardia del Sur.
–¿Pero los viste? ¿Estás seguro de que eran ellos? –pregunté desesperado.
–Sí, estábamos rondando por la zona, como siempre, distinguimos lo que a lo lejos parecía una patrulla y a ustedes acercándose detrás de aquel peñón. Era imposible que se dieran cuenta de que ellos estaban a un lado del camino, pero ellos parecían saberlo muy bien –explicó. En ese momento pensé en el hombre que nos acompañaba.
–¿Y el sujeto? Alguien venía con nosotros. ¿Pudieron verlo después de todo? –pregunté.
–Sí, vimos todo, vimos como se acercaron, vimos cuando ellos se ocultaron tras los matorrales y cuando lanzaron la dinamita, estábamos muy lejos como para intervenir, pero cabalgamos lo más rápido que pudimos para ver qué había pasado. A la distancia no sabía que eras tú, sólo vimos dos carretas –explicó.
–Sí, a eso me refiero, hoy éramos dos carretas. ¿Qué pasó con el hombre? –reiteré.
–No lo logró, Doe, él no lo logró, pero sí puedo asegurarte que vimos cómo se llevaban a una mujer, era Misae, sin duda, tu chica de cabellos de fuego –respondió.
–¿Pero estaba bien? –pregunté con ansiedad en mis palabras.
–Estoy seguro de que sí. No luchaba, a decir verdad, pero no habría razón para llevarla si estuviera tan mal –continuó.
–Tienes razón. Gracias por tu ayuda, necesito de todo el apoyo que pueda conseguir –le dije mientras llegábamos al campamento.
–Y la tendrás, Awan, mi hermano en el camino –concluyó.
–Voy a ir por ti, Alyssa, voy por ti –prometí al viento con la esperanza de hacer llegar esas palabras hasta donde ella estaba. No soy de cumplir, no he podido cumplir, se lo debo a J.C., se lo debo a mi madre y a muchos amigos que he dejado atrás, pero esta vez lo intentaré hasta lograrlo o morir.
CONTINUARÁ…






