El año de Trinidad

Sofía Ruiz / Embajadora de Marca

Con este título, Habanos, SA define el año 2024 para la industria del tabaco cubano y celebra el 55 aniversario de una marca que es sinónimo de dedicación y calidad: Trinidad. Estas ocho letras representan uno de los vitolarios más exclusivos que la magia del Habano vio surgir a finales de los años sesenta, cuando durante mucho tiempo –al igual que Cohiba–, la marca sirvió únicamente como regalo de estado para altos mandatarios y/o cuerpos diplomáticos.

Su nombre es un homenaje a la ciudad colonial Villa de la Santísima Trinidad, conocida también como la Ciudad de los Adoquines, ubicada en la provincia de Sancti Spíritus, en la región central de la isla. Fue la tercera villa fundada por la corona española a principios de 1510, con una industria azucarera próspera, fundamental para el desarrollo del país en esa época.

En 1988 fue declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO, y en octubre de 2019 recibió, de la misma organización, el título oficial de Ciudad Creativa en Artesanía y Artes Populares.

Con la llegada del nuevo milenio, Habanos, SA presentó la marca Trinidad en el mercado internacional. Su primera joya fue Fundadores (192 mm, cepo 40), que hasta el día de hoy es un emblema para todos los apasionados del Habano. Gracias al éxito obtenido, en 2003 se incorporaron Reyes (110 mm, cepo 40), Coloniales (132mm, cepo 44), y Robustos Extra (155 mm, cepo 50).

Hablar de Trinidad es transportarse al corazón de Pinar del Río, específicamente a Vuelta Abajo, la tierra donde se cultivan las hojas para cada una de las diez vitolas que conforman el catálogo. Sus plantaciones se encuentran entre las denominadas “Vegas de Primera”; plantíos seleccionados que cuentan con un microclima y suelo lleno de minerales y nutrientes para otorgar a estos habanos un sabor único.

Sin duda, 2012 marcó un precedente y en el marco de la XVI edición del Festival del Habano se presentó la edición Trinidad Vigía (110 mm, cepo 54), que resultó un hito entre los fumadores del tabaco negro cubano. El nombre de su vitola de galera es Torres, y hace una hermosa referencia a las construcciones utilizadas en el Valle de los Ingenios para vigilar las plantaciones de caña de azúcar.

Hago una pausa para compartirle mi experiencia personal, sobre la primera vez que fumé Trinidad Vigía, ya que ese momento marcó mi pasión por el habano: Presenciaba en La Habana un atardecer espectacular, disfrutando un ron Santiago, con un grupo muy especial de amigos que me presentaron el Habano que me atraparía en este mundo tan especial. Tras encender Trinidad Vigía y liberarse sus primeros humos, las notas a madera y frutos secos se hicieron presentes, y conforme la charla avanzó se fue creando esa magia en boca originada al consumirse el primer tercio.

Recuerdo esa gama de colores, entre rojizos, amarillos y azules que sólo el cielo habanero nos ofrece en ciertas épocas del año, así como el sabor del Habano, acompañado en el fondo con son cubano, así como anécdotas y risas. Llegada la noche, junto con el último tercio, esas hojas, ese sabor y humo que había experimentado en esa primera fumada me habían cautivado. Fue en ese momento cuando mi conexión con la Cultura del Habano se estableció para siempre.

De regreso con Trinidad, este año marcará la pauta, pues la celebración por su 55 aniversario se llevará por todo lo alto. Para esta edición XXIV del Festival del Habano, a realizarse del 26 febrero al 1 de marzo, la mayor parte del programa se dedicará a mostrar al mundo la grandeza de esta marca. En diversos paneles se expondrá su historia y desarrollo, y en la Noche de Gala se celebrarán estas cinco décadas y media de lujo y exclusividad.

¡Brindemos por un año lleno de experiencias inolvidables, en las que nunca falte el placer  inigualable de Trinidad!