
Tatiana Vargas Torres es una de las miles de mujeres que encontraron en la industria del tabaco una manera de subsistir y desarrollarse, sin descuidar su rol como madre de familia. Al lado de su esposo, en casa, se ocupa de la crianza de una niña de once años y un pequeño de apenas dos, mientras que en Estelí Cigars está a cargo de la producción final de cientos de cigarros destinados al disfrute del mercado internacional.
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Desde hace nueve años, divide sus mañanas entre labores de hogar y la mesa de rolado, dejando todo listo en casa, de lunes a viernes, para salir a trabajar. Nacida en Matagalpa, suma ya 17 años viviendo en Estelí, cuna tabaquera de Nicaragua, donde ha echado raíces entre hojas y tragacanto.
A los 24 años, Tatiana trabajaba en un supermercado atendiendo el área de carnicería; ocupación que estaba lejos de lo que buscaba para su hogar. “El dinero no era suficiente y la verdad no me gustaba mucho, por eso decidí salir a buscar algo más”.
Así llegó a Estelí Cigars, donde aprendió el arte del rolado de cigarros, específicamente colocando capa, el detalle final para una pieza de calidad. Obtener un puesto como rolera significó encontrar un refugio, pues además de contar con un ingreso seguro disfruta del apoyo de muchas personas a quienes considera familia y su labor se reconoce –de algún modo–, a través de cada cigarro que se comercializa en el mercado internacional.
En la fábrica, el trabajo generalmente se divide entre hombres y mujeres: ellos como boncheros y ellas como roleras, que trabajan en equipo bajo el liderazgo de Karen Berger, quien les inspira al demostrar que una mujer puede con todo.
Al principio Tatiana no sabía qué hacer o cómo manipular una hoja de tabaco, pero tras un par de días se acostumbró y ahora no puede verse haciendo otra cosa en la vida. “De nuestro trabajo como roleras depende la presentación del producto y es una gran responsabilidad, pero al mismo tiempo una gran satisfacción”.
Su aprendizaje inició con los Toro, de 6 pulgadas, cepo 52, principalmente en capa Connecticut, pero al día de hoy posee la habilidad de elaborar cualquier cigarro dentro de la línea de Karen Berger Cigars, o de la gran diversidad de marcas privadas que se elaboran en esta fábrica para el mundo.
Recuerda que “estuve tres días de pie, junto a quienes ya sabían, observando”. En su primer puesto elaboraba 150 piezas diarias, pero ahora entrega cerca de 500 cigarros de formatos básicos y casi 400 de los más elaborados, como los figurados o doble capa.
Su prioridad es ver a sus hijos triunfar en la vida y darles las oportunidades que ella no tuvo cuando chica. “Y ahí vamos, caminando para adelante, con una casita que salió de este trabajo y del de mi esposo, y muchas satisfacciones más”.
Más que contenta y tranquila trabajando en Estelí Cigars, Tatiana ha sido una impulsora activa de que más mujeres se unan a la industria, especialmente realizando una labor como la suya, en las mesas de rolado, donde ha encontrado la estabilidad necesaria para apoyar a su familia y crecer.
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