
Nacida en Estelí, Nicaragua, 41 años atrás, Rosibeth Pérez Hernández, mejor conocida como Rosita, conserva pocos recuerdos de su infancia, destacando una crianza feliz entre la escuela y el campo, donde su padre se dedicó a la siembra de maíz, frijol y chayote.
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Desafortunadamente, la vida le cambió cuando ella llegaba apenas a sus 15 años, al enfermar su padre y, posteriormente, fallecer. Durante esta etapa las tierras de la familia se vendieron y aquella vida llegó a su fin, encontrándose de frente con las carencias y la necesidad de trabajar y estudiar a la vez.
Afortunadamente, su primer empleo ha sido también el último, siempre en Estelí Cigars, que en aquel entonces celebraba la apertura de una nueva fábrica, con oportunidades laborales para muchas personas en los tantos procesos que el tabaco exige, antes de convertirse en cigarro.
Junto con su hermana mayor consiguió un puesto entre pilones, sacudiendo y moviendo las hojas de tabaco para evitar el recalentamiento durante el proceso de fermentación. Después, probaron sus habilidades en el ensarte y el despalillo del tabaco, y así, año tras año iba cambiando de labor, hasta establecerse finalmente en el área de empaque, donde acumula dos décadas de experiencia entre anillas, celofanes y cajas.
Actualmente, Rosita es la responsable del proceso completo de empaque, con ocho mujeres a su cargo y un hombre, quienes se dedican a preparar cada pedido, en mazos o cajas, bajo los más altos estándares de calidad.
El proceso se divide entre las nueve personas y todo mundo hace de todo. “La misma persona anilla, celofanea, codifica y prepara los macitos… Si acaso sólo hay una muchacha especializada, que es la que llena las cajitas, y el varón, que selecciona los cigarros por color”, detalla.
En un día de trabajo, Rosita inicia su jornada revisando los pedidos que hay que atender, entregando las anillas a las muchachas, los celofanes y los códigos –de barra o QR– con los que se identifica el producto. También verifica las cajas y revisa la existencia de cigarros.
Ella se casó y tiene una hija de 17 años, quien se encuentra estudiando Ingeniería Civil, situación que la llena de orgullo y satisfacción al poder ofrecerle algo que ella no pudo tener. “Aquí estamos tanto su padre como su madre, presentes para apoyarla, cosa que yo no tuve y debí esforzarme por mi cuenta”.
Sólo espera que la joven termine la carrera en los próximos años y se realice; mientras tanto, el plan de Rosita es seguir con lo suyo en Estelí Cigars, donde tras casi 25 años de trayectoria ha podido disfrutar de una buena vida y un desarrollo profesional adecuado.
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