
Con 50 años cumplidos y 35 de ellos dentro de la preindustria del tabaco, Rosa Argentina Espinoza Galeano fue la sexta de ocho hermanos. Aunque nació en Estelí, desde pequeña radica en Jalapa, Nicaragua, ciudad donde encontró en el proceso de despalillo un empleo agradable y apasionante, en el que se mantendrá hasta que el cuerpo aguante.
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A los 15 años comenzó a forjar su camino. Fue entonces cuando obtuvo una oportunidad laboral en Humo Selecto, empresa que le ofreció un espacio para aprender sobre el rezago, o escogida de las hojas para capa, capote y tripa, así como la técnica del despalillo de tabaco, que consiste en retirar la vena central de las hojas.
Dice que encontró una fuente de trabajo estable para solventar sus necesidades, las de su casa y su familia. Desde 2006 se desempeña como Jefa del Salón de Despalillo, siendo éste su único ingreso, pero suficiente para contar hoy con una casa y haber aportado para la manutención de cinco hijos.
Rosa Argentina tiene 47 personas a su cargo, en su mayoría de mujeres, y sólo 16 hombres. “Pero todos trabajan igual, no hay diferencia en el género. Tal vez un poco más de delicadeza en las manos femeninas, pero ellos también hacen su trabajo”.
Ella revisa la clasificación de las hojas despalilladas por clase y tamaño, separadas entre viso, seco y ligero. Las grandes, de 17 a 20 pulgadas; medianas, de 15 a 16 pulgadas, y pequeñas, de 12 a 14 pulgadas, diferenciadas también por clases: «A», «B» y «C», de acuerdo con su calidad y, en ese orden, de las mejores a las presentan algún grado de deterioro.
El objetivo de su área es completar diariamente cajas de 140 libras, con destino a la zona de secado, donde cada hoja se tiende y se empaca la materia prima, tanto para consumo de Humo Selecto como para su venta a otras empresas en el país.
Rosa Argentina considera que trabajar con tabaco es cansado y al principio un poco molesto, por los olores que la hoja desprende durante los distintos procesos. Pero al mismo tiempo representa una fuente de ingresos para llevar el sustento diario a casa.
Desde su experiencia, invita a las mujeres a unirse a la industria tabacalera, «pues cuando consigues empleo, una vez que entras ya no quieres salirte. Son 35 años de mi vida en el tabaco, que me ha dado estabilidad y tranquilidad. Es lo que aprendí, y voy a hacerlo hasta que el cuerpo decida que ya no quiere trabajar más”.
Espera seguir ligada a este sector “mientras el señor me tenga con vida”, porque se trata de una actividad que disfruta día con día, orgullosa de su experiencia y liderazgo. “Estar al frente de otras personas es difícil, pero no imposible; hay que tratar de entender a cada quien y llevarse bien con todos”.
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