
Cada diciembre, la industria del tabaco premium entra en un ciclo que ya no sorprende, pero sí desgasta: la publicación masiva de listas de Top Cigars del Año. Para el fumador aparentan ser guías; para muchos detallistas son detonadores de frustración, y para quienes operamos lounges y tiendas con acceso directo a prácticamente todas las marcas y portafolios, son una radiografía clara de cómo el hype ha desplazado al criterio.
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Cándido Alfonso(*)
Desde detrás del humidor el fenómeno se ve distinto. He fumado esos cigarros antes de que fueran tendencia, durante su auge, y después de desaparecer del mercado. El cigarro rara vez cambia. Lo que cambia es la narrativa, amplificada por rankings que no siempre consideran –o no quieren considerar– la realidad de producción y distribución.
Aquí está la verdad incómoda: muchas listas incluyen cigarros cuya disponibilidad es limitada a propósito. Producciones controladas, asignaciones selectivas, lanzamientos dirigidos sólo a ciertos mercados o a un grupo reducido de detallistas. El resultado es predecible: se crea un hype artificial que el consumidor no puede satisfacer y el detallista no puede resolver.
El fumador entra al lounge buscando el número equis del año. No desea una experiencia, sino validación. Cuando no lo encuentra, no sólo se decepciona; se frustra. Asume que el producto “no existe”, que el detallista “no lo consiguió” o que alguien más tiene acceso privilegiado. La conversación deja de ser sobre sabor y pasa a ser sobre exclusión.
Para el detallista, el golpe es doble. Por un lado se nos exige responder a una demanda que fue creada sin considerar la cadena de suministro. Por otro, se erosiona la confianza del cliente cuando el producto simplemente no está disponible, ni lo estará. No porque no queramos venderlo, sino porque nunca se nos asignó.
Esta dinámica no es accidental. La escasez controlada vende narrativa, no necesariamente experiencia. Eleva percepción de lujo, pero sacrifica accesibilidad, y cuando se combina con rankings de alto perfil, el resultado es una expectativa inflada que ningún humidor puede sostener.
He visto cigarros excelentes pasar desapercibidos porque no entraron en una lista, así como cigarros extraordinarios que generan más frustración que placer, por la imposibilidad de conseguirlos. Ese desequilibrio no beneficia al fumador ni al detallista; sólo beneficia al mito.
Las listas no son el problema. El problema es cuando se publican sin contexto, transparencia o responsabilidad hacia el ecosistema que sostienen. Cuando no se aclara que Top no significa “disponible” ni “mejor para todos” o “repetible”.
Desde mi posición, el llamado es claro: menos Hype diseñado y más educación real. Menos rankings que crean ansiedad y más conversaciones que formen criterio, porque el verdadero valor del cigarro premium no está en su exclusividad, sino en lo memorable que puede resultar cuando realmente se fuma.
Porque un cigarro que no se puede conseguir puede generar deseo, pero un cigarro que se puede disfrutar genera lealtad.
(*) Socio fundador de Entre Humos: Lounges, Online, Retail, Puerto Rico.
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