
Los primeros rayos del sol comienzan a iluminar a Roma, fundada a orillas del río Tiber –según la tradición– por los hermanos gemelos Rómulo y Remo, el 21 de abril de 753 a.C. De pronto resplandecen los edificios de la actual metrópoli, que en su momento fue el corazón del imperio más grande del mundo y, por qué no, en mis propias palabras, un punto y aparte en el mapa mundial.
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Madrid, entre humos
Sofía Ruiz
Master Habanosommelier
Rómulo fue el primero de los siete reyes de la ciudad de Roma, hasta que en 509 a.C., con la expulsión del último monarca, Tarquino el Soberbio, se instauró la república, caracterizada por la elección de magistrados, la mayor participación del pueblo y la limitación del poder individual.
Hacia el año 27 a.C., una serie de guerras y conquistas condujeron a la fundación del Imperio Romano, cuyo primer emperador fue César Augusto. Pero en el año 395 se dividió en el Imperio Romano de Occidente, con capital en Roma, que se extinguió en 476 bajo el mandato del emperador Rómulo Augústulo, y el Imperio Romano de Oriente o Imperio Bizantino, con capital en Constantinopla, que perduró hasta 1456.
Durante el Renacimiento, es decir entre los siglos XV y XVI, Roma volvió a ser el centro del mundo, gracias al auge de la arquitectura, la escultura y la pintura, de la mano de artistas como Miguel Ángel y Rafael… Y es que, desde este lugar se puede hablar, estudiar y reescribir la historia de la humanidad.
¿Será cierto que todos los caminos conducen a Roma? Esa mañana decidí comprobar la veracidad de la famosa frase, a partir de la estación Barberini del metro. Llegar a este punto y caminar cuesta abajo por sus calles empedradas con edificios de estilo barroco te permite disfrutar de la Fontana di Trevi –la fuente más famosa de la ciudad– construida en tiempos del emperador Augusto.
El emperador dispuso edificar un acueducto llamado Aqua Virgo para transportar el líquido proveniente de un manantial cercano, y la obra tenía a la fuente como remate. Su nombre viene de Tre Vie, que en castellano significa Tres Vías, pues en lugar confluían tres calles. El arquitecto Nicolás Salvi fue el responsable de iniciar esta hermosa obra, con más de 20 metros de altura, símbolo de la capital italiana.
Llama la atención la inquietud de los turistas por tomarse una selfie y lanzar una moneda al agua por encima del hombro, con lo que se asegura el regreso a la ciudad. Se dice también que dos monedas significan que se busca el amor, y tres, el matrimonio.
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Partir hacia el siguiente destino me permitió sentir esa conexión que estableces con una ciudad desconocida, donde de pronto te reconoces. Pasar frente a la entrada de un breve callejón, disfrutar de una iglesia pequeña –en comparación con la Basílica de San Pedro, por supuesto– y escuchar bajo la cúpula los cantos amplificados de un coro me llegó un poco al corazón, como antes he sentido en Cuba al disfrutar de un habano.
Poco después, el sol radiante y el calor de junio me acompañaron hasta el momento cumbre del día y los planes vacacionales. A lo lejos se comenzaba a vislumbrar el Anfiteatro Flavio, mejor conocido como el Coliseo Romano, a cuya entrada se extendían largas filas de visitantes. Para aligerar la espera contemplé los arcos del edificio, cuya construcción inició en el año 72, bajo el régimen del emperador Vespasiano.
Pasando los filtros de seguridad, en el interior la sensación es indescriptible. Más de 2 mil años de historia en los pasillos por donde caminaron cientos de gladiadores que lucharon por su vida, para entretenimiento del pueblo y sus gobernantes.
En el primer piso, donde el recorrido comienza, se muestran relieves de los primeros bosquejos de la edificación, y conforme se llega al siguiente nivel de los cuatro que le componen, se siente y entiende la magnitud de un coliseo que en su momento albergó a más de 50 mil personas que asistían a espectáculos de animales exóticos, la ejecución de presos y las peleas de gladiadores, que algunas películas recrean.
Poco a poco recorrí casi la totalidad del edificio, sobre una superficie de 2 hectáreas: 188 metros de longitud, 156 de ancho y 57 de altura. En su interior, desde las gradas, la vista se fija naturalmente en la arena, un espacio ovalado bajo el que se encuentran túneles y habitaciones subterráneas llamadas hipogeo, que se utilizaban para alojar y facilitar el traslado de los gladiadores y animales.
En silencio contemplé una de las siete maravillas del mundo moderno, cuyos últimos juegos –se cuenta– se desarrollaron en el siglo VI, al mismo tiempo que se fundaba en Cuba la villa de Trinidad, que dio nombre a una de mis vitolas favoritas: Trinidad Vigía, el habano que elegí para degustar ese día tan especial.
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A poca distancia, bajo el Arco de Constantino, construido en el año 315 para conmemorar la batalla del Puente Milvio, busqué descanso y refugio tras el largo paseo. Hasta que me percaté de que no tenía encendedor o cerillas para prender mi Trinidad, y emprendí la caminata típica de todo fumador en busca de un estanco.
Afortunadamente, a pocas calles encontré un pequeño local, donde el amable señor que atendía me dio una cátedra sobre el tabaco Italiano.
Al final, ¿todos los caminos nos llevan al tabaco? Sus orígenes en Italia datan de 1565, cuando se le llamaba Hierba de la Santa Cruz en honor de los cardenales Santacroce y Tornabuoni, quienes generalizaron su uso. Llegó desde Portugal, gracias al referido cardenal Próspero Publicola Santacroce (1514-1589).
El estanquero me explicó que actualmente las principales variedades de tabaco cultivadas en Italia son Virginia, que se concentra sobre todo en las regiones de Véneto, Toscana y el valle del Alto Tíber, y Burley curado al aire, que aun cuando se usa sólo en las mezclas para cigarrillos de estilo americano es de gran importancia, ya que este país es el sexto productor mundial.
También existen variedades de tabaco oscuro curado al aire, Paraguay y Habana, cultivadas principalmente en Véneto y Campania, y de tabaco oscuro curado al fuego, Kentucky, producido en Campania, Umbría y Toscana.
Pero sin duda, desde mi perspectiva Italia es sinónimo de los puros Toscano, elaborados con tabaco Kentucky cultivado en la región de Toscana, en el centro del país.
Cuenta la leyenda que tras una intensa lluvia, en el patio de una fábrica de tabaco de Florencia se mojó una buena cantidad de paquetes de hojas prensadas de tabaco Kentucky. Las hojas fermentaron, y para no desperdiciarlas las dejaron secar, tras lo que desprendían un olor muy fuerte. Entonces, se optó por fermentarlas otra vez y dejarlas secar lentamente, con lo que nació un estilo de procesamiento que ha dado a este tabaco fama internacional durante más de 200 años.
Además de su curado, directamente por el humo de fogatas que pueden estar encendidas hasta tres semanas, una característica de los cigarros manufacturados en Italia con esta materia prima es su forma figurada en cabeza y pie, con una parte central abultada que contrasta con la delgadez de su grosor.
Las referencias y datos ofrecidos por el estanquero son enseñanzas que como fumadora agradezco y valoro. Reafirmo, sin duda, que el camino del tabaco te lleva a la historia, y ésta, a la cultura. Encantada, adquirí un par de tabacos toscanos, con muchas ganas de descubrir el aroma y sabor que envuelven estos particulares cigarros.
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El recorrido y el día llegaban a su fin, pero no antes de una deliciosa pasta al pomodoro, porque a Italia se va a comer, rezar, amar… como dice el título de una película protagonizada por Julia Roberts.
Poniendo la ceniza al día, con el atardecer de fondo, pude disfrutar del Trinidad Vigía. Cada vez que lo fumo compruebo que su vitola de galera, Torres, es de mis formatos predilectos, con un cepo 54 y 112 milímetros, que ofrecen al paladar –conforme los tercios avanzan– notas a nuez moscada, especiadas, con ligeras puntas de cacao y dulces.
Esta marca de habanos es una joya. Fundada a finales de los años 60, su presentación oficial en el mercado fue en 1998 con la vitola Fundadores, y como dato curioso se celebró en la Ciudad de México, durante una cena de gala en el restaurante The Palm, del prestigioso hotel Presidente InterContinental.
¿Será que todos los caminos nos llevan a Roma, o más bien al tabaco? Sólo el tiempo y los pasos andados por nuevos destinos nos darán la respuesta. Por ahora, nos resta disfrutar del verano y de los buenos humos.






