
Fumador desde muy joven, Héctor González admite que realmente entró al mundo del tabaco cuando conoció a Gabriel Cruz Ayala, El Chan, cuyos cigarros estaban entre sus fumadas favoritas; después de tomar un curso de tabaquero con él, y tras un año de trabajar las ligas, ahora tiene e impulsa, desde Caguas, su propia marca, San Pedrito Cigars, “porque, el tiempo que me lleve, quiero que la marca llegue a ser reconocida en el nivel mundial no por mi apellido, sino por ser de Puerto Rico”.
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Tornero de vocación y con un trabajo en la industria farmacéutica, Héctor afirma que, en el mediano plazo, en menos de cinco años, estará dedicándose por entero a su marca, a la que le dedica todo el tiempo que le permite el día, y la imaginación, pues cuenta, a dos años de iniciada, con 11 vitolas en cuatro capas distintas y tabacos de Ecuador, Nicaragua, Brasil y México.
Héctor comenzó joven, cigarrillos a los 18, y alrededor de sus 21 años los dejó para entrar al mundo de los cigarros. Comenzó, como muchos, fumando “etiquetas”, es decir, marcas reconocidas y que se encuentran en cualquier humidor, y recuerda sus primeros puros, Camacho y Rocky Patel, “pero más que nada al principio pedía cigarros por tiempo de fumada: quiero un cigarro de una hora, de media hora…”.
De cliente a alumno
Héctor recuerda a Gaby con mucho cariño y por varias inolvidables razones; por ejemplo, él era su cliente, ya que fumaba algunos de los cigarros de La Hoja del Chan, que infusionaba con pitorro, el ron “clandestino” o artesanal típico puertorriqueño. “Súper bueno el cigarro, era uno de mis favoritos”.
Recuerda que para uno de los aniversarios de La Hoja del Chan lo invitó como artesano, ya que Héctor también realiza ceniceros artesanales, “me decía, mira para que aprendas”, pero fue hasta un año y medio después que Gaby montó una escuela de torcedores y ahí fue que se decidió. “De ese grupo de seis personas, tres acabamos el curso, y yo soy el único que está haciendo cigarros”. En total fueron 16 personas que tomaron los cursos, pero sólo cuatro continúan haciendo cigarros: Lino, Jony, Mario y él.
Destaca que fue un proceso muy interesante, en el que aprendieron varias técnicas, comenzando primero con todo lo referente al tabaco, sus procesos y sus características. En la práctica comenzaron con la picadura, y más tarde con tripa larga, en distintos estilos, “como el cubano, o hacerlo en forma de sándwich”.
Gaby les enseñaba sin descuidar su trabajo al frente de su chinchal, por lo que aprendían mientras se elaboraba la producción diaria de La Hoja del Chan. “Nos mostraba cómo y qué hacer mientras seguía trabajando, y más tarde venía y revisaba el trabajo. A mí me daba un par de cocotazos porque le dejaba la vena en la tripa y me decía: ‘aquí tienes un tapón’, me rompió el cigarro y a comenzar de nuevo. Fueron momentos bien buenos que siempre voy a recordar. Tengo muchos videos de él que todavía resguardo en el teléfono de cuando hacíamos los cigarros”.

San Pedrito Cigars
Tras casi un año de curso, Héctor fue adquiriendo poco a poco herramientas que, en Puerto Rico, asegura, son muy caras: moldes, guillotina, insumos, pero no con la intención de crear una marca, “porque esto toma tiempo, si yo hago un cigarro para mí y queda mal no pasa nada, lo rompo y hago otro, pero con un cliente es muy distinto, porque no te vuelve a comprar. Hay que ir perfeccionando la receta, dando a probar”.
Ya con herramientas, y un espacio donde trabajar, comenzó a comprar tabacos de distintas procedencias, buscando las hojas que más le gustaran para confeccionar las ligas de sus cigarros, proceso en el que se llevó más de un año para decir: “Ahora sí tengo algo para salir”. Así nació San Pedrito Cigars. “Esto fue en diciembre de 2022, y desde entonces hago cigarros todos los días”.
Lo que a Héctor le gusta es la diversidad, por lo que su vitolario es extenso y abarca desde un rin 32 hasta un imponente 60. “Me gusta comprar moldes, tengo cuatro de cada vitola, incluso tengo moldes antiguos que compro en tiendas de antigüedades”.
Actualmente trabaja con cigarritos de 5 pulgadas, cepos 32 y 34; Lancero, 7 pulgadas, cepo 38; doble Corona, 6 pulgadas, cepo 44; Pirámide, 6.5 pulgadas, cepo 54, y Toro, de 6 pulgadas, en cepos 48, 50 y 60, que presenta en las capas Candela, Habano LS, Connecticut, Habano 2000, Negro San Andrés, Maduro y Barber Pole, procedentes de Estados Unidos, México, Brasil, Ecuador y Nicaragua.
De hecho, lo que hace diferentes a sus cigarros es que encontró que usar tabaco ecuatoriano y nicaragüense en la tripa daba un sabor único, del que se enamoró en cuanto probó la mezcla. “El objetivo es no parecerme a lo que está en el mercado”.
Por lo pronto, Héctor no distribuye su marca en tabaquerías o cigar lounges, sino que su esquema ha sido presentarse en ferias, festivales y convenciones, así como con clientes que lo contactan directamente. No obstante, viendo cómo se ha desarrollado el negocio, proyecta que en dos años aproximadamente esté dedicándose por entero a San Pedrito Cigars.
“Primero necesito un estudiante, alguien a quien enseñarle como Gaby me enseñó a mí, porque yo sólo no me doy abasto por tantas vitolas que tengo. Quiero seguir su legado, quiero que conozcan a Puerto Rico por los cigarros que hacemos aquí”.
De hecho, el nombre de la marca es en honor al ave del género Todidae endémica de la Isla del Encanto, que puede observarse desde las planicies costeras hasta lo alto de sus montañas, “porque lo que busco no es que me conozcan por mi apellido, sino que mis cigarros hablen por mi patria, que nuestros cigarros hablen por Puerto Rico, que se reconozcan como cigarros puertorriqueños”.

El tabaco de Puerto Rico
Puerto Rico tiene un pasado tabaquero que Gaby calificaba de glorioso, y que desde La Hoja del Chan se empeñó en dar a conocer, difundir y rescatar, pues uno de sus sueños era que la plantación de tabaco resurgiera en la isla, y que el otrora reconocido Broadleaf puertorriqueño levante el vuelo nuevamente.
“Pero tenemos un problema, y es que el puertorriqueño no quiere trabajar bajo el sol, y eso nos está poniendo el pie, porque hay gente tratando de cultivar de nuevo el tabaco, pero, como un amigo cubano que tengo, me dice que no quieren trabajar la tierra, ahora todo mundo prefiere trabajar en una oficina, y eso es un problema para el cultivo de tabaco”.
Sin embargo, Héctor cree que es cosa de socializar más con los trabajadores del campo sobre los beneficios que lleva este cultivo, vincularse con el gobierno, y, como deseaba El Chan, crear una asociación que reúna a todos los artesanos del tabaco en Puerto Rico”.
De hecho, recuerda que en una de las últimas reuniones con Gaby lo que se buscaba era precisamente acercarse al gobierno para establecer un programa que impulsara a los cosecheros a retomar el cultivo de tabaco, con asesoría técnica, y vincular a los artesanos, torcedores, para proveerles de materia prima y generar un círculo virtuoso que ayudara a repuntar la industria.
“Necesitamos unirnos, dar a conocer al mundo los buenos cigarros que se están haciendo en Puerto Rico, porque ése es el legado de El Chan, el que debemos continuar”.







