
Abogado con una firma en Nueva York, donde ha ejercido su profesión durante más de tres décadas, Robert Glick es un aficionado a los cigarros que desde los 25 años, atraído por la belleza de sus detalles dorados y relieves troquelados, comenzó a coleccionar las anillas de los que consumía. Durante algún tiempo, un contenedor de vidrio fue el destino para decenas de anillas que brillaban en su interior como si se tratara de monedas, pero al exceder su capacidad, Robert tuvo una idea que cambiaría el rumbo de su afición.
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Raúl Melo
Sobre una mesa, algo tan sencillo como un posavasos inspiró la herencia artística del abogado para convertirlo en algo más, ayudado de la estética y elegancia que las anillas de cigarro podían aportar. Así, este trozo de madera se convirtió en el primer objeto intervenido por su curiosidad y el resultado fue satisfactorio.
Con el tiempo, la técnica de Robert evolucionó hasta convertirse en una especie de rompecabezas que toma forma pieza a pieza, sin líneas ni bordes que hagan evidente que se trata de anillas. Así es como él busca separarse de otros artistas y sigue aprendiendo, para mejorar.
Nacido en Queens, Nueva York, y fan de los Mets, fue a la Escuela de Leyes en Massachusetts y no tiene formación artística alguna, pero sí posee la influencia de su madre, una mujer con muy buen ojo para el arte, así como de su padre, quien durante muchos años se dedicó al diseño gráfico y a la elaboración de distintas obras enfocadas en la publicidad.
Al principio sus diseños eran lineales, pero luego experimentó con objetos más complejos, ampliando la gama de materiales para su conservación y aprendiendo algo con cada pieza nueva.
Así, llegó la creación de un estudio en casa y Artdefumar, la cuenta de Instagram con la que empezó todo, en la que de pronto una lluvia de seguidores se hizo presente para disfrutar de lo que Robert estaba haciendo.
Intervino humidores, ceniceros, cortadores y encendedores que tenían gran éxito entre sus amigos del Cigar Lounge, y gracias a los eventos de la industria a los que ha sido invitado, conoció y se ha convertido en amigo de muchos de los productores líderes del sector, para quienes ha realizado trabajos especiales. La lista incluye a Tony Gómez, Eladio y Emmanuel Díaz, Jorge Padrón, Carlito Fuente Jr. y muchas otras personas con quienes poco a poco fue conectando, para que su arte llegara a niveles tales que ahora es parte de la familia tabaquera global.
Afirma que los elementos más atractivos de una anilla son las texturas, las aplicaciones doradas y las pequeñas medallas o monedas que muchas incluyen en sus diseños, algo que se destaca en el estilo antiguo de las anillas de La Perla seleccionadas para adornar la portada de esta Edición Especial; piezas que datan de entre 1889 y 1972, “con detalles majestuosos que recuerdan a la realeza”.
En Art de Fumar, la clave de los diseños radica en la conexión que logra entre cada anilla, piezas que –aunque tienen su propio discurso y cuentan una historia por sí mismas– al amalgamarse son transformadas en una sola pieza de arte, “de la misma manera en que la industria se convierte en una gran familia”.
Al trabajar sobre una superficie plana –como es el caso de esta portada– el objetivo es utilizar tantas piezas distintas como le sea posible, buscando que cada una tenga su visibilidad y espacio determinado, pero manteniendo un equilibrio que respete su identidad. “Conservar la autenticidad de la pieza en una portada es un reto, porque el objetivo es que cada anilla esté presente y al mismo tiempo sea parte armónica del conjunto”.
De manera distinta, al intervenir un objeto en 3D –como la selección que en el pasado presentamos dentro de la sección Anatomía de una Pieza de Arte–, las anillas pierden su identidad y lo aportan todo a la pieza en general.

Evolución palpable
A lo largo de los años, como fumador y como artista, Robert ha tenido la oportunidad de ser testigo de la evolución de la industria del tabaco premium a través de las anillas de cada cigarro disfrutado y, de acuerdo con su experiencia, la tecnología ha jugado un papel fundamental en estos cambios.
Los nuevos métodos de impresión, para realizar el troquelado y hasta para recortarlas, además del papel y tintas utilizadas, marcan la diferencia, y puntualiza que existen casos particulares como las anillas de Arturo Fuente Cigars o de los Diamond Crown de J.C. Newman, que aun cuando pertenecen a la era moderna conservan diseños clásicos y nostálgicos.
Pero, en comparación, las texturas y grosores del papel de las anillas de La Perla son muy distintos y hacen sentir su valor histórico. Al tenerlas en las manos y trabajarlas con el toque sutil de los dedos, “lo que intento es mantener una mezcla equilibrada de estilos antiguos y modernos cuando diseño y, con ello, además de expresar algo en conjunto puedo contar parte de la historia y evolución de las anillas a lo largo del tiempo”.
En este sentido, sostiene que las anillas de La Perla son ejemplo de un estilo que desafortunadamente se ha ido perdiendo en la era moderna y por ello disfrutó de manera especial durante la creación de esta portada; oportunidad que tomó como una celebración de una era pasada dentro de la industria, reservando algunas piezas en su colección de Óleos y acuarelas, para seguir honrando el pasado a través de su inclusión en piezas de arte futuras.

Arte de papel
El estudio de Robert Glick semeja una fábrica pequeña que mantiene un orden perfecto. Repisas, restiradores y espacios de trabajo muestran todo tipo de herramientas y materiales, rodeados por decenas de cajas llenas de anillas clasificadas por formas y colores, como si se tratara de tubos o botes de pintura.
De algún modo, los objetos que reviste son como rompecabezas 3D. “El secreto es que tomo una anilla cualquiera y separo los elementos de diseño que la componen, que son de diversos tamaños, y organizo las piezas. Es un trabajo muy detallado, un proceso que a muchas personas les parecería tedioso y que requiere de equipo especial como lupas, pegamentos, pinzas y así…”.
Para lograr diseños perfectos, sin bordes ni espacios en blanco, utiliza pequeños recortes de las partes de sus anillas y, durante el proceso, diminutos trozos de papel se convierten en desechos que invaden y ensucian la pieza. “En lugar de usar mis manos, a propósito opté por utilizar una brocha o pincel para limpiar la superficie, y con ese detalle creo una conexión sensorial que me hace sentir como un pintor; es la manera en la que expreso mi intención”.
Una vez colocadas, el recubrimiento de las anillas depende de la pieza. Por ejemplo, en un cenicero utiliza resina epóxica resistente al calor, y cuando son de vidrio, en ocasiones las adhiere por abajo y entonces las cubre de otra manera. Las cajas y otros objetos los rocía con laca mate o al alto brillo, y cuando busca que las texturas puedan sentirse –especialmente cuando ocupa anillas que contienen relieves y mucho arte en su diseño– sigue un proceso distinto.
Es el caso de los encendedores y cortadores, que protege para que los aceites de los dedos no los arruinen. Pero si está trabajando sobre una mesa o un tablero de ajedrez busca un acabado espejo, nivelado, que sirva para seguirlos utilizando con su fin original. “Siento que cada anilla debe estar en cierta posición que no puedo predeterminar. Es como si ellas me fueran conduciendo y por eso a veces juego a recortar una pieza y esperar a que me diga dónde quiere estar”.
Entre muchos otros objetos ha revestido instrumentos musicales, muebles, máscaras, zapatos, sombreros, carteles, cuadros, figuras de cerámica, antigüedades, juguetes, relojes, siestas, e incluso ha creado anuncios para cigar lounges. A pregunta expresa, responde que cada trabajo es como un hijo, y aunque se siente muy satisfecho con sus trompetas, zapatos y banderas, si debiera elegir algunos, el tablero de ajedrez estaría definitivamente entre sus favoritos.
Trabaja solo, con la televisión como sonido de fondo, y cuando no está en el papel de abogado cualquier lugar es bueno para desarrollar su arte: la sala de espera de un aeropuerto, o mientras viaja en un avión… “En los hoteles me levanto cada mañana y avanzo con algo, porque es lo que amo hacer”. Y de hecho tiene por costumbre “mantener andando” seis u ocho proyectos a la vez, porque cada uno requiere de su propio tiempo para irlo analizando, cambiando e incluso desecharlo. “Hay piezas que me pueden tomar horas, mientras que para otras necesito de varios meses”.
Robert Glick es un perfeccionista que realiza un trabajo delicado, con mano firme y mucha paciencia. Un artista cuyo mayor placer es observar y escuchar las impresiones que sus piezas despiertan en la gente, “pues no hay mayor recompensa que disfrutar lo que haces, cuando los demás lo disfrutan también”.
Para él, trabajar con las anillas de La Perla fue un reto especial por lo antiguas que son y lo delicado del papel que, más allá de su edad, es de un material mas fino y delgado. “Mención aparte merece el hecho de que no existen más de ellas y, mientras trabajo, también rindo respeto a su historia. Hablando de anillas modernas, se pueden conseguir muy fácilmente, pero esa posibilidad no existe cuando trabajas con materiales antiguos”.
Se dice satisfecho con el resultado obtenido para esta portada, tanto por ser un trabajo de Edición Especial, como por lo que representa como un reflejo de la industria, de los distintos fabricantes, y de su pasión y desempeño como artista.






