
San Juan de la Maguana, en el suroeste de la República Dominicana –la provincia más grande del país, por su extensión, y una de las más pobres– está experimentando un cambio sin precedentes, en gran medida, gracias al tabaco. Dos años atrás, el presidente Luis Abinader afirmó que la prosperidad que este sector ha llevado a la zona norte podía replicarse en el sur… y la tarea comenzó.
Ahora, tras la implementación del Plan San Juan se espera una cosecha de 20 mil quintales de tabaco para tripa, capote y, por primera vez para esta zona y el país, capa dominicana de la más alta calidad, lo que se traducirá en ingresos por más de 500 millones de dólares, así como una mayor independencia respecto de la importación de materia prima de Ecuador o Nicaragua, por ejemplo, para elaborar cigarros premium.
Lee en la revista (gira tu dispositivo para mejor experiencia de lectura):
Invernadero desconocido
El 10 de febrero de 2022, el presidente Luis Abinader firmó el decreto por el que se creó el Plan para el Desarrollo Económico de la Provincia de San Juan, mejor conocido como Plan San Juan. Uno de sus principales objetivos es promover la productividad y diversificación de cultivos orientados hacia la exportación y rubros de mayor valor, como el tabaco, las uvas o los ajíes.
El mayor descubrimiento fue que República Dominicana poseía un invernadero natural en San Juan de la Maguana. Se trata de un valle con más de 25 mil hectáreas de tierras llanas, ubicado a más de 450 metros de altitud/sobre el nivel del mar, con una temperatura por lo menos tres grados inferior a la de las zonas tabacaleras tradicionales del país.
El valle se extiende entre dos cordilleras: la Central, al norte, y la Sierra de Neiba, al sur, con suelos muy profundos y fértiles. En pleno verano no pasa de 32 grados al mediodía, con una media de 24 a 26 grados centígrados el resto del año. Sus tierras son bañadas por tres ríos principales: San Juan, Yaque del Sur y Mijo.
Conocido como el Granero del Sur, el Valle de San Juan se ha dedicado a cultivos sin valor agregado: habichuela, maíz, guandul y arroz, lo que llevó a los agricultores a endeudarse. De acuerdo con el ingeniero Luis Manuel Bonilla Bonilla, director ejecutivo del Plan San Juan, ellos ganan un año y pierden los dos siguientes… Sus niveles de endeudamiento los tenían muy acotados y su desarrollo, restringido.
“Eso nos llevó a diseñar un programa de trabajo con un enfoque metodológico tendiente a cambiar esa matriz productiva hacia cultivos de más alto valor que pudieran tener, además de lo que es la producción en el campo, un proceso transformador agroindustrial, aunque fuera a nivel primario; cultivos que generen dólares al país”.
Afirma que para la industria dominicana «fue una gran sorpresa que hayamos descubierto esta zona, con un gran potencial para producción de tabaco».

Vocación capera
Recuerda que durante los primeros seis meses, junto con el doctor Alberto Rodríguez y el ingeniero Jesús Lora, «nos dimos cuenta de que las condiciones agroclimatológicas y de suelos eran muy adecuadas para producir tabaco, sobre todo capa y capote”, que implican la mayor rentabilidad.
Hace aproximadamente 25 años se sembraba tabaco en esta región, pero los agricultores se hicieron a un lado porque no tenían apoyo gubernamental. Así que en esta ocasión se tuvo que comenzar desde cero, con la siembra de cinco variedades de tabaco con vocación capera en distintos municipios de la provincia, como San Juan de la Maguana y Las Matas de Farfán, para identificar las más aptas.
“Encontramos lugares donde, sin un tapado para controlar la intensidad lumínica del suelo y la temperatura, se podía producir tabaco para capa. Se seleccionaron las variedades y los mejores sitios, y hoy día estamos desarrollando ese cultivo y dando los primeros pasos para posicionarnos en el mercado”.
Cuenta que los resultados en cuanto a calidad y productividad fueron muy buenos, por lo que uno de los primeros retos fue, y sigue siendo, la formación de los productores de tabaco, “pues ya se había olvidado la cultura alrededor del cultivo”.
Así que lo que era un hándicap lo transformaron en una ventaja, pues al haberse olvidado la cultura anterior pudieron educar desde cero a los nuevos productores, para aplicar las mejores prácticas de producción de tabaco, como en otros países que destacan por esta actividad.
El ingeniero Bonilla habla sobre el gran éxito que está teniendo el Plan San Juan en el sector tabaco, al aplicarlo correctamente desde el inicio: “Nuestros cálculos no fallaron, pues tratamos de no emocionarnos, sino confiar en el análisis de los científicos y los técnicos. El Gobierno arriesgó mucho y se hicieron grandes inversiones una vez que determinamos cuáles eran las mejores zonas o municipios para la producción del tabaco y comenzamos a financiar a algunos productores, con experiencia y sin ella.
“Teníamos el conocimiento de haber producido una capa de calidad muy superior en Mao, pero de otra subfamilia, Broadleaf, como Pensilvania. Nos hicimos cargo de la primera producción porque como Gobierno se entendió que era una inversión a futuro. Y exactamente así sucedió: pudimos demostrar que el tabaco que se produce posee notas y cualidades muy diferentes al de El Cibao, y que eran sui géneris para este país, en términos de calidad y productividad”.

Profesionalizar y tecnificar
Para su tarea formativa, el equipo del Plan San Juan creó una Finca Escuela, en operación desde el primer año, para educar a los nuevos productores y técnicos en lo que llaman «la nueva producción tabacalera”, con un apoyo de 200 millones de pesos dominicanos –poco más de 3 millones de dólares–, a través del Banco Agrícola.
“La siembra de tabaco comienza en noviembre y nosotros ya en septiembre estamos sembrando tabaco en la Finca Escuela. Lo hacemos tres meses antes para que los productores nuevos y quienes deseen fortalecer sus conocimientos, así como los técnicos, puedan hacerlo y practicar desde el inicio de nuestra siembra lo que ellos van a realizar tres meses después, cuando venga la siembra formal».
Entre los agrónomos existe un dicho: «la semilla es el 60 por ciento de lo que puede ser el potencial productivo de cualquier finca”, y “por ello es que de la Finca Escuela pasamos al Banco de Semilla, para tener una semilla más pura, de mayor calidad y más uniforme, sin los altibajos que se ven en las parcelas, en las siembras”.
Este banco se conforma y opera a través del Instituto del Tabaco (Intabaco) y compañías extranjeras, consiguiendo semillas, limpiando y segregando hasta tener una pureza varietal adecuada. “Todo comienza con una buena semilla, que debe ser producida en condiciones asépticas, con la nutrición necesaria y control fitosanitario. Es la razón de ser del Banco de Semilla”.
Incluso, comenta que el Intabaco, como organismo oficial, carecía de presencia en San Juan de la Maguana, pero actualmente tiene una oficina donde opera junto con el Plan San Juan y el Ministerio de Agricultura.
Al mismo tiempo, se construyeron macrotúneles e invernaderos para producir las plántulas en ambiente protegido, en mesas levantadas y con bandejas. De esa manera aseguran que al campo llegará lo mejor, con todos los controles necesarios.
La siguiente fase implicó que todos los productores, en la medida de lo posible, implementaran el riego por goteo; algo relativamente nuevo en el país, lo que hace mucho más eficiente la siembra. “Nos ha dado mucho trabajo educarlos en el manejo del agua, pero con las lagunas o reservorios que se construyeron se ha promovido la instalación de sistemas de riego”.
Agrega que «los reservorios pequeños los estaba apoyando el Gobierno desde el Plan San Juan, y una vez que se cosecha pasamos a una tercera fase. Tradicionalmente, en el país lo que llamamos ‘rancho’, donde las hojas se amarran, se ha usado para secar, no para curar el tabaco cosechado. Como no había cultura de tabaco, les enseñamos desde el inicio en qué nivel deben ser cosechadas las plantas».
Para cerrar el ciclo, el Plan San Juan promovió y financió casas de curado para que el tabaco no sólo se seque, con el objetivo de mantener las cualidades organolépticas y de presentación que requiere un sector competitivo y cada vez más exigente.
“Cuando llegamos a las casas de curado pasamos casi a la parte final, porque conjuntamente con todas las prácticas nuevas y de alto nivel que se han estado usando, preparamos almacenes con temperatura y humedad controlada, como debe ser, para mantener la calidad que venga del campo, mantenerla y mejorarla todavía más en esas casas de fermentación o almacenes de curado”.

Apuesta al futuro
El cambio que la región de San Juan de la Maguana está experimentando apenas comienza. Si bien el Plan San Juan abarca más que tabaco –una diversidad de cultivos con alto valor agregado, como la uva–, las grandes empresas tabacaleras están poniendo a esta zona en la mira. Cuando el presidente Luis Abinader anunció la construcción de una Zona Franca, Tabacalera El Artista fue la primera en solicitar dos naves. Otra gran empresa que ya está construyendo sus instalaciones es La Aurora.
“También hay dos o tres compañías privadas que se han establecido en la zona y su visión es desarrollarse en el largo plazo. Tabacos del Sur y Samuel Rodríguez y Asociados son ejemplo de ello y están produciendo una capa de excelente calidad. Su cosecha actual compite con cualquier capa del mundo, y algo similar ocurre con la Asociación de Tabacaleros del Sur, asentada en Las Matas de Farfán”.
Está muy interesada en operar en la región Universal Leaf Tobacco, a través de su subsidiaria en República Dominicana, Inetab-Kaubeck, la empresa procesadora de tabaco más grande en el país que ofrece los servicios de siembra, clasificación, fermentación, despalille, desvenado, corte de hebra, saborizado y logística, con sus más de tres mil empleados.
El ingeniero Bonilla asegura que empresarios de Santiago y Tamboril están viajando a San Juan para comprar tabaco: “Es una cuestión de tiempo, porque Roma no se construyó en un año. Pero creemos que los pasos que estamos dando son acertados, tenemos los insumos, el suelo, el clima y la vocación de que las cosas se están haciendo en el mismo nivel que en cualquier país desarrollado en términos de producción de capa”.
En cuanto a la transformación social y el combate a la pobreza, que es el principal objetivo del Plan San Juan, pone como ejemplo a Tabacos del Sur, que ha ido levantando la economía de la comunidad donde se encuentra asentada, “hasta el punto que durante un buen tiempo la gente se ha mantenido de esa empresa y la siembra en el campo, sin incluir el empleo que se genera en el manejo del tabaco”.
La tarea es todavía un reto mayor, porque se sigue en etapa de aprendizaje y deben continuar convenciendo a los agricultores que nunca han sembrado tabaco para que se integren y apuesten por la transformación. Literalmente, se trata e crear y entrenar a la mano de obra para que el manejo del tabaco sea eficiente en todos los procesos, desde la siembra y recolección hasta el curado, fermentación y, en un futuro, incluso la manufactura de cigarros.
Por lo pronto, las que se producen en la región son variedades Habanenses y algunas Broadleaf que han dado buenos resultados. De hecho, con el Plan San Juan “aspiramos a que en cinco o diez años se estén sembrando 3 mil hectáreas de tabaco con vocación capera. Quizá vamos más acelerados de lo que yo mismo esperaba, pero 3 mil hectáreas en cinco o diez años es más que suficiente.
“Probablemente me quede corto, porque lo que se está sembrando o lo que se ha sembrado este año será ampliado fuertemente tanto por La Aurora como por Tabacalera El Artista. Las compañías pequeñas que siembran, independientes, cada año van aumentando la cantidad de sus productos. Estoy convencido de que aquí estamos sembrando un futuro prometedor para una marca-país: el tabaco dominicano”.







