Los caminos de la vida

Aventuras de Ana Galana…

Annette Meisl

A veces me pregunto, ¿sobre las huellas de quién ponemos nuestros pies? Esto viene a cuento porque la tarde gris de un invierno alemán en Colonia, cuando la poca luz del día se despedía, a eso de las cuatro de la tarde recibí una visita inesperada que –jamás lo hubiera pensado– iba a cambiar mi vida.

Mi tío preferido, Claus, vino a visitarme desde la lejana California, Estados Unidos, acompañado de una tía abuela a la que nunca antes había visto, pues la familia vive repartida entre varios países y mi abuela tuvo 12 hermanas y hermanos. Resultó ser la tía Gigi, a quien llamó la atención ver en mi casa una colección de maletas antiguas. Me habló entonces de una maleta que había heredado de su abuela: «¿La quieres tener? –preguntó–, a mí me estorba en el desván». ¡Claro que la quería..!

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Cuando llegó a mis manos, de esa maleta –que al principio no se podía abrir–, salieron un montón de cartas antiguas, fotos amarillentas, una muñequita y otros testigos de un tiempo pasado que me llevaron a la historia, entre otras, de Anna Mehringer, una joven torcedora de Bremen, quien en 1868 se escapó de su tierra natal y llegó a Cuba.

No contaré más, porque esa historia ya está escrita en mi novela El secreto de la Reina de los Puros, publicada bajo el seudónimo de Ana Galana. Pero esa maleta marcó el primero de muchos pasos que di en dirección del tabaco, aún sin saber lo que para mí significaría.

Desde que tenía siete años me fascinaban tres campos diferentes: la música, la escritura y el Management. Entonces le dije a mi padre: «!Quiero tocar el Violín!», y me consiguió tanto el instrumento como a un profesor. También anoté en un calendario de bolsillo minúsculo, de color gris, «quiero ser poeta», y comencé a escribir cuentos de hadas, a los que añadí mis dibujos de princesas, unicornios y elfas. Por último, creé un club de caballos al que obligué a suscribirse a toda la familia… era ya una pequeña mujer de negocios.

De adulta, la vida me llevó a ejercer los tres campos, como música, autora y emprendedora, viviendo por temporadas en Francia, España, Turquía y Latinoamérica.

Pero volvamos a la maleta. Encontré en ella un mapa hecho a mano donde aparecía señalado un lugar llamado Valle Escondido, y dibujadas unas plantas que luego reconocí como tabaco. Había, además, un amuleto con semillas secas y olvidadas, entre ellas las que un jardinero clasificó como de la misma planta, y al comenzar a traducir las cartas antiguas, la huella del tabaco se mostró cada vez más clara.

Por mi trabajo, como agente de artistas colaboré con la Vieja Trova Santiaguera, un quinteto de Son Cubano cuyos integrantes sumaban una edad total de 400 años. Estos viejitos, que en su juventud habían conducido las locomotoras de los trenes que atraviesan la isla del azúcar de Este a Oeste, ahora triunfaban por toda Europa.

Agradecidos, me invitaron a Cuba, donde pasé la última tarde del milenio en la terraza de Gregorio Fuentes, un hombre de entonces 103 años, quien en sus tiempos fue el capitán del yate del famoso escritor Ernest Hemingway. ¡Qué impresión! Estar ahí, sentada al lado de este hombre sabio, con ojos vivos y llenos de curiosidad que resaltaban sobre una cara arrugada.

Él me invitó el primer puro de mi vida: un Habano hecho a mano en los campos de Pinar del Río por un campesino amigo suyo. ¡Qué sabor tan exquisito!, acompañado de un ron de siete años de añejamiento y el compás lejano de una guitarra. El humo se mezclaba con el aroma de unas rosas del jardín vecino, y paso a paso el tabaco me enredó como un amante suave al que no puedes resistirte. Por eso, cuando volví a Alemania abrí un salón de tabaco con manufactura de cigarros.

La Galana

La maleta siguió ahí, tentándome día tras día. Fui sacando sus historias con delicadeza: traduciendo, interpretando, averiguando… Hasta que un día apareció en mi salón de Colonia Manuel Torres, un veterano de la Revolución cubana que me trajo unos libros sorprendentes, que contenían temas que me faltaban para entender y armar un mosaico con fragmentos de la maleta misteriosa. Y empecé a escribir…

Todo lo que había aprendido en estos años alrededor del tabaco empezó a encajar y tomó forma. Delante mío se dibujó el cuadro de una joven alemana preciosa, valiente, que a la mitad del siglo diecinueve escapó de su casa, llegando a Cuba disfrazada de marinero.

En agosto de 2023 salió a la luz mi primera novela histórico-romántica, que presenté en el gran teatro Volksbühne am Rudolfplatz, como parte de un espectáculo de música, lectura y tabaco que resultó un éxito redondo, en el que interpreté canciones que compuse especialmente para la ocasión.

Pero el año próximo saldrá una segunda parte de esta historia. Las aventuras de Ana Galana continuarán.