
Cuando era una niña de 14 años, Iris Romero decidió trabajar porque quería ayudar a su mamá y «para nosotros tener sillas, porque sólo teníamos unos banquitos… y mi primer pago fue para eso». Desde entonces permanece en la Clasificadora y Exportadora de Tabaco en Danlí, Honduras, donde como supervisora de un área tiene a 200 mujeres a su cargo, y en 2023 logró un título en Contaduría y Finanzas.
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Cuenta que nació en Danlí, y al terminar la primaria comenzó a buscar empleo junto con unas amigas. El primer lugar al que acudieron fue a Plasencia, donde le exigieron autorización de sus padres: «Mamá estaba de acuerdo y a la vez no, pero al final aceptó y firmó».
Primero aprendió a despalillar, «pero después me mandaron a moñar, al horno donde se extiende el tabaco. Sé mojar gavillas, clasificar, bandear… conozco muchos procesos», y desde hace 12 años se mantiene como Supervisora de Clasificación de Hojas; un cargo que también implica enseñar al personal.
A su sector llegan las hojas de la finca pre-escogidas, y entonces se clasifican. Esto abarca distintos procesos: el de calidad implica separar el tabaco para capa, XL y banda, por ejemplo, y el sucio del limpio; en cuanto a su textura, se requiere tocarlo para diferenciar las hojas por su grosor, y también se diferencian por sus colores, de claro a oscuro.
La idea es clasificar el tabaco para su venta en rama. «Puede ser que el producto se vaya tal cual, una vez clasificado, separado y todo, pero eso ya depende del destino y lo que se vaya a hacer con el producto».
Iris está «agradecida con Dios, que me ha dado la oportunidad de enseñarle a otras mujeres el conocimiento que tengo, porque ésa es mi gente. Me siento muy orgullosa, enamorada de mi trabajo y de lo que he aprendido».
Se casó a los 18 años y ahora dos de sus tres hijos son profesionistas. Tal vez esto la motivó a estudiar la carrera de Contaduría y Finanzas, de la que se graduó en 2023, a los 44 años. «Imagínese, con lo que hemos logrado mi familia y yo, con mi niño de 11 yo miro a más, que él va a ser un profesional a los años que Dios nos dé. Tenemos muchas metas, muchos objetivos».
Tan simple como significativa, la compra de esas sillas con el producto de su trabajo le impulsó desde esa época a comprar madera para ampliar la casa materna, y luego hacerse de una cama, para dejar la que compartía con su hermano. «Ahora, del puesto en que estoy, yo aspiro a más. Quiero salir a otro país, promover lo que hago… Dios me va a dar la oportunidad un día».
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