Forajidos Capítulo 5: Venganza Parte VI: Feria Mundial II

El fin de semana había llegado. Alyssa y yo aprovechamos el primer día de fiesta para conocer cada espacio dedicado a la presentación de Carrigan, participamos en algunos juegos de feria, apostamos en los dados y acudimos a un par de show de marionetas. Mientras todo eso sucedía, no podía dejar de pensar en lo mucho que JC hubiera disfrutado de este evento.

«Esto va por ti, muchacho», me repetía sin parar, probablemente para dejar de sentir culpa por divertirme, mientras que él no podía hacerlo. Aunque la verdad es que nunca dejé de pensar en el plan, en consumar la tan ansiada venganza, esperando con ello sentir un poco de paz.

Confiando en la falta de talento de los dibujantes oficiales, Alyssa y yo nos exhibimos por toda la ciudad como una feliz pareja que disfrutaba de un fin de semana vacacional en la pomposa Lafayette, vestidos de manera elegante con ropas que en algún momento tomé prestadas y que ya formaban parte de nuestra amplia colección de disfraces para toda ocasión.

No sería la primera vez que desfiláramos junto a un tablero de avisos plagado con carteles de “Se Busca” con nuestros supuestos rostros en ellos. De hecho, conservábamos alguno a manera de recuerdo, pues aunque no contaba con su dibujo, sí hacía mención de un jovencito, de nuestro amigo y compañero.

Mientras tanto, Adahy se dedicaba a observar y recabar datos sobre Kalvin Lafayette y su seguridad, así como de cualquier cosa que pudiera llamar la atención de su instinto de cazador. Aquí comenzaban los problemas, pues nosotros no habíamos podido ver al cacique ni una sola vez durante toda la tarde y noche del viernes, y supusimos que nuestro compañero habría corrido con la misma suerte. Decidimos, entonces, esperar al día siguiente para continuar con nuestras labores de investigación.

Establecimos un campamento a la orilla de la ciudad y nos dispusimos a descansar, no sin antes intercambiar información y puntos de vista sobre nuestros próximos pasos. Frente a la fogata y al calor de unos tragos de ron y los humos de un Black Bear confirmamos nuestras sospechas: Adahy no había podido ubicar a Kalvin ni a su séquito.

–Y bien… ¿Entonces, qué vamos a hacer?, –pregunté.

–Lafayette es un hombre de ego y no creo que permanezca fuera del escenario por mucho tiempo. Mañana es el evento de gala y seguramente estará ahí –afirmó el señor Rubens–. Conseguí un par de pases para el evento, así que Alyssa y tú asistirán y podrán observarlo en primera fila.

Me puse nervioso de inmediato. Aún recordaba aquella noche en la que conocí a Lady Giselle, y todo lo que me hizo sentir. Si entonces me atormenté en culpa por una familia inexistente, ahora que interpretaba a un marido acompañado por su esposa no sabía qué sería de mí. De igual forma acepté la orden del viejo, pues de eso se trataba esta sociedad. Él era el líder y estratega; nosotros, un equipo confiable de soldados bajo su mando.

Nos retiramos todos a dormir… Mentiría al decir que aquella noche pude descansar, pues internamente seguía estudiando mi papel. No podía arruinar nuestros planes de venganza por una obsesión personal.

A la mañana siguiente nos alistamos con normalidad, acudimos a la ciudad y de nueva cuenta disfrutamos de las amenidades y eventos ofrecidos como un par de turistas más. Carrigan y Lafayette se habían esforzado mucho en la organización: había bebida y cigarros al por mayor, y la ciudad se había transformado en el paraíso, a tal nivel, que hasta podía sentir un poco de lástima cuando pensaba en arruinarlo todo.

A temprana hora de la tarde nos retiramos de nuevo al campamento, donde nos prepararíamos para la gran velada. Ahí nos encontramos otra vez con Adahy.

–Lafayette está aquí. Lo vi dentro de su casa con apenas un puñado de hombres y supuse que la ruta a seguir es rumbo al Yom Yom, así que estaré pendiente el mayor tiempo posible. No voy a entrar al evento, pero confíen en tener un par de ojos afuera del lugar, –afirmó.

–Alyssa y Doe, aquí tienen las prendas que elegí para esta noche. Recuerden parecer una simple pareja de viajeros atraídos por el glamour del evento. Manténganse centrados, no exageren y si no saben algo, imiten, que eso siempre suele funcionar, –nos dijo el señor Rubens, entre orden y consejo.

Me vestí con un traje elegante y oculté mis armas en la carreta que se ubicaría en el punto elegido para ejecutar nuestro acto final; el mismo donde encontraría el rifle de reciente adquisición.

La noche había caído y con Alyssa tomada de mi brazo, pases en mano, nos dispusimos a entrar al Yom Yom. Una jovencita nos condujo hasta nuestros lugares en la primera fila, tal y como el señor Rubens había dicho, a un costado de la pasarela que se extendía desde el escenario, prácticamente frente a los asientos reservados para Carrigan y Lafayette.

Las luces se apagaron, el espectáculo estaba por comenzar. Aquel aroma inconfundible inundó el salón por encima de las notas de tabaco y licor. Ella estaba por aparecer. Comenzó la música, se abrió el telón y aquella figura labrada en mi memoria se hizo presente tal y como la recordaba, sin espacio a la idealización, fiel a mis recuerdos.

Comenzó el baile y su canción. Lady Giselle se deslizaba con gracia de un costado a otro del escenario entonando la misma canción de aquella última vez: “por mis labios rojos te mantengo aquí…”. Caminó sobre la pasarela cantando de manera personal a los invitados más cercanos, hasta llegar a mí, y aprovechando un puente musical me susurró al oído: “sé a qué has venido y te voy a ayudar”.

No podía creer lo que acaba de pasar. Imaginé que era mi mente y su deseo carnal jugándome una broma. Por un instante despegué la vista de las piernas de la mujer para dirigirme a Alyssa, quien con mirada incrédula me preguntó si aquello realmente había sucedido.

Aún más nervioso que en un principio seguí con la misión, dividiendo mi atención entre Kalvin, las piernas de Giselle y mi fachada con Alyssa, quien haciendo gala de su compromiso con el papel dejaba notar algo muy parecido a los celos… o al menos eso quería creer yo.

Cerca del final de la gala Kalvin subió al escenario. Lo tenía frente a mí, apenas a unos centímetros de distancia, sin guardias, sin nada más que un público expectante de sus palabras. Se consumaría mi venganza, pero sería el final de todo y de todos. «Apégate al plan», me repetí constantemente mientras Lafayette discursaba sobre lo agradecido que se sentía de tener a todas estas personas presentes esa noche.

–Mañana será un día muy especial. Cuando la tarde comience a dar paso a la noche todos podremos disfrutar de mi más grande orgullo, de la última y mejor creación en la industria del cigarro. Mañana, todos podremos conocer aquello por lo que han viajado desde distintas partes del país y del mundo. ¡Mañana será el evento del siglo!, –dijo con un orgullo que me revolvió el estómago.

Aunque debo aceptar que tenía razón… Para nuestros planes mañana sería un día importante, un día glorioso, y sí, probablemente provocaríamos la noticia del siglo. Aunque quizá era darle demasiada importancia a un fantoche como Lafayette.

CONTINUARÁ…