Entubar, imaginación con aromas y sabores intensos

Tobaccology

Luciano Quadrini

Despúes de algunas idas y venidas, cambios de continente, una estancia en una isla azotada por lluvias y nubes grises, pero también portadora de la vegetación más verde que han visto mis ojos, acá estamos de vuelta para hablar de lo que nos apasiona.

Ahora me encuentro en España, más precisamente en la ciudad de Barcelona, luego de mi paso de nueve meses por Irlanda. Me llevo una experiencia personal más que enriquecedora de la isla esmeralda –y algunas pintas de Guinness encima–, aunque si de tabaco se trata, debo decir que la situación ahí está por demás complicada.

Fumar en Dublín…

Varios factores se combinan para crear una atmósfera más bien contraria al fumador: impuestos elevadísimos al tabaco, que lo llevan a precios ridículamente altos; anillas genéricas de color café sobre la anilla original del puro, indicando el nombre y vitola del mismo para evitar el marketing tentador de las bellas anillas, y la prohibición de fumar en el interior de Cigar Lounges o similares.

A esto se suma la imposibilidad de fumar en el exterior debido al clima inclemente de Irlanda, pues incluso encender una Media Corona en un día soleado no significa que cuando llegues a la mitad no estarás bajo una tormenta y viento, mientras buscas alguno de los escasos techos y toldos que hay en la ciudad.

Dejando a un lado mi afición al tabaco, debo decir que Irlanda es un país hermoso, que deslumbra por el verde de su césped y el buen humor y calidez de su gente, que tiene siempre una sonrisa, un chiste y una mano tendida aún en los momentos más difíciles. No me traje tabaco de la isla esmeralda, pero sí grandes amigos y anécdotas para toda la vida.

Un puro en Barcelona

Luego de esta breve puesta al día, continuamos esta historia desde Barcelona, relatando lo que venimos a hacer: fumarnos un buen puro.

Este singular puro, Entubar, surge como producto de la imaginación e innovación de Enrique Don Kiki Berger y Michael Argenti, de la fábrica Berger & Argenti, es básicamente un puro dentro de otro puro. Esto suena muy simple al decirlo, pero es muy probable que no sea para nada sencillo de realizarlo.

El que vemos por fuera, de dimensiones apreciables a simple vista, de 5 3/8 pulgadas de longitud y cepo 54, está elaborado en formato box pressed, conteniendo un purito interno del que sólo asoman unos pocos milímetros desde el pie del primero, vestido con capa Negro San Andrés de México, capote nicaragüense y tripa dominicana.

Destaca la calidad de su anilla con letras doradas y su anilla de pie, con la mano que indica con el dedo la sorpresa que tenemos debajo. En frío se expresan, sobre la capa, heno y pasas de uva; en el pie se perciben aromas a galletas, caramelo y un toque especiado a canela.

Tras un corte recto con guillotina enciendo con torch, tostando suavemente el pequeño puro interno. Pese a lo que recomienda la anilla de pie, sólo encenderé el purito interno y estaré sumamente atento a la combustión, sobre todo en estos primeros momentos de transición entre el purito y el resto del cigarro.

Doy las primeras caladas con paciencia, dejando que el pequeño se vaya consumiendo, mientras arroja unas afiladas notas a pimienta blanca de picor intenso. Esta intensidad armoniza con la alta presencia de ligero que lo compone. El pequeño ya ha llegado al terreno de su hermano mayor y ha comenzado a encenderlo. Las notas que predominan son el cuero, la pimienta, el cacao y un aroma intenso a caramelo que se entromete en el retronasal.

Grandes cantidades de un humo voluminoso llenan por completo la boca. Sorprende lo parejo de su combustión, teniendo en cuenta que sólo encendí el pequeño puro interno, que se encargó de prender el resto del tabaco que lo rodea. Sabores intensos y cuerpo completo: no se le puede pedir más a un primer tercio que realmente sobrepasa expectativas.

Hasta el momento no hay sobresaltos. Por el contrario, el puro va por un camino bien delimitado, al que nos llevan sabores consistentes y bien definidos.

Durante el segundo tercio el cacao es más intenso. La pimienta negra refuerza su sabor, aunque el picor disminuye unos pocos grados. Algunas notas amaderadas a cedro incrementan la sequedad de la fumada, junto a un sabor a tierra húmeda que empieza a surgir espontáneamente. El cuero continúa presente empujando a las demás notas desde el fondo, pero es el último en retirarse de las papilas gustativas, luego de cada calada. 

El cedro es el más favorecido de este segundo tercio, con una intensidad y definición impecables, pero no por eso desentona con el resto de los sabores y aromas de esta orquesta. Una nota frutal cítrica, como a cereza, asoma por momentos entre calada y calada.

La combustión se mantiene pareja y el tiro, idéntico desde el inicio; nada para reprochar en estos dos aspectos. Claramente la construcción es superlativa. Sobre todo, teniendo en cuenta la complejidad de torcer un puro de estas características, que no ha requerido hasta el momento corrección alguna con el encendedor.

Ya en el último tercio aterrizan notas a café tostado y frutos secos que comienzan expresados por la nuez. La fortaleza ha ascendido un par de escalones y la intensidad de los sabores se mantiene elevada desde el principio. Ese aumento en la fortaleza me invita a fumar más lento, y como no hay apuro, el cambio de ritmo se disfruta.

La ceniza es gris blanquecina, muy firme y estable. El cuero vuelve a arremeter con fuerza y queda a su paso un dejo a sal muy interesante, en la boca y en los labios…

Entubar es un puro que no sólo destaca por su construcción innovadora: sus aromas y sabores intensos y bien definidos denotan la calidad de los tabacos utilizados para su elaboración.

Celebro siempre que las marcas se animen a innovar sin perder calidad, en una industria que es dueña de una tradición que los fumadores amamos, respetamos y protegemos celosamente por el placer inagotable que nos brinda… y este puro cumple con ese objetivo, sin lugar a dudas.