
Las personas son quienes van escribiendo la historia, y en esta ocasión quiero dejar un recordatorio de la reciente muerte de don Miguel, El Cubano –de procedencia cubana, que desposó a la hija de don Ernesto y regentó la fábrica hasta hace muy pocos años–, como consecuencia de un desafortunado accidente doméstico.
La industria tabacalera tiene mucho de familia, porque las relaciones son tan estrechas y profundas que terminamos siéndolo.
Haciendo amigos internacional
Desde estas líneas, mis respetos y palabras de consuelo para la familia, en especial para mi buen amigo Miguel, Miguelito, como se le conoce por aquí, de La Rica Hoja. El continúa la saga que inició su abuelo y tiene parte de la responsabilidad de la historia que hoy cuento, basada en la relación de don Ernesto González y otro tabaquero de su época, don Juan Cabrera Martín. Ambos palmeros, con un prestigio mantenido hasta hoy en la industria.
LAZOS FAMILIARES
Siempre debatí con multitud de amigos y familiares sobre el origen del sector tabaquero en La Palma, e investigué con mucho más interés los lazos familiares de sus verdaderos actores, a uno y otro lado del charco. Entre la población de La Breña (Breña Alta) existe la expresión: “No hay nadie en el pueblo que no tenga o haya tenido familia relacionada directamente con el tabaco”.
Recuerdo los lazos de amistad entre los protagonistas, con la satisfacción de haber logrado enlazar muchos hilos de la historia que ignoraba, o piezas faltantes para completar el árbol genealógico familiar. Fue cuando mi tatarabuelo, Juan Alonso Zayas, se encontraba en Cuba, en el mismo espacio histórico-temporal de don Juan Cabrera Martín.
Al comenzar las revueltas revolucionarias en Cuba, mi tatarabuelo –siendo militar– fue enviado a la sofocación de las revueltas en las Islas Filipinas, más concretamente al famoso Sitio de Baler (1898). Por su parte, don Juan decidió venir a La Palma, y cuando Alfonso XIII nos visitó, en abril de 1906, le concedió el galardón de primer agricultor e industrial de tabaco en España.
La primer referencia escrita de su marca, La Africana, data de principios del siglo XX, cuando la registró en Santa Cruz de La Palma junto con Luis Felipe Gómez Wangüemert. Sin embargo, posteriormente se registró sólo a nombre de don Juan Cabrera.
Casualmente, un descendiente de Luis Felipe Gómez Wangüemert, don Fernando Wangüemert Pérez (DEP), también fue el fundador de la Finca Tabaquera El Sitio en 2005. Es una referencia más de las profundas raíces que existen en las familias tabaqueras, y demostración histórica ante el debate sobre quien fue primero: ¿La Palma o Cuba?
AMPLIO PALMARÉS
La Africana, por su importante red de contactos y amigos en ultramar, fue reconocida por distintos jurados en certámenes nacionales e internacionales, tanto por su calidad como por sus volúmenes de producción:
- 1900 Cámara Agrícola de Santa Cruz de Tenerife – Primer Premio.
- 1906 Reconocimiento de S.M. el rey don Alfonso XXIII – Primer agricultor e industrial del tabaco en España.
- 1908 Exposición Hispano-Francesa de Zaragoza – Primer Premio.
- 1910 Medalla de Oro Valencia.
- 1911 Muestra Universal de Amberes – Primer premio.
- 1930 Sevilla.
EL NACIMIENTO
Este relato, para mí de gran valor, desvela muchas de las incógnitas que aún teniendo múltiples referencias bibliográficas y la biografía de don Juan Cabrera, no definen con detalle los acontecimientos que hicieron determinante su vida en el desarrollo de la historia Cuba-España.
Don Juan Cabrera Martín fue hijo de Buenaventura Cabrera, quien tenía una pequeña tienda que a principios del siglo XIX permitía a la familia vivir bien, a pesar de ser tiempos difíciles en España y el mundo. Como en La Palma existía un astillero en el que los barcos que iban hacia Cuba paraban para repostar, su hijo mayor, Juan, con sólo once años, se embarcó en calidad de grumete, alrededor de 1820.
Serio en el trabajo y con muchas ganas de progresar, al llegar a cuba, Juan contactó a empresarios españoles que producían ron –después se trasladaron a la República Dominicana–, quienes le pusieron a cargo del tráfico de cabotaje entre La Habana y Santiago de Cuba.
Gracias a su esfuerzo, la línea de cabotaje fue creciendo y ganando viajeros, de tal suerte que su empleador le encargó un barco nuevo, cuyas tripulación contrató. Más tarde, le hizo patrón de esa embarcación, bautizada como La Castilla. (En su casa de verano en La Palma, en el barrio de La Dehesa, el suelo del salón de la casa de la Finca de La Castilla se elaboró con tablas de la cubierta de ese barco, construido y patroneado por don Juan Cabrera).
Para 1870, un poco antes de iniciar la Guerra de Independencia de Cuba, don Juan se sabía español y canario, pero también se sentía cubano y estaba muy vinculado a esa cultura. Con la rebelión llegó a la isla un gobernador general, Valeriano Weyler y Nicolau, con la orden de sofocar al movimiento separatista. Para los cubanos fue el Diablo, pero en Canarias fue muy querido, hasta el punto de imponer su nombre a una de las plazas más importantes de Santa Cruz de Tenerife.
Weyler fue rodeado por las tropas independentistas cubanas y alguien le habló de don Juan Cabrera, quien fue a verle muy contrariado. El Gobernador General, sitiado por los mambises, le pidió mediar para que le permitieran salir.
Juan pensó entonces que Cuba ya no era el lugar que había conocido, donde vivió 40 años, y decidió que era el momento de regresar a La Palma como un indiano más. Así que al llegar su primera actividad fue el tabaco.
Entonces fundó La Africana, una marca emblemática cuya fábrica llegó a tener 300 empleados a finales del siglo XIX; cifra muy respetable para esa época. Su volumen de producción era de 4 millones 200 mil tabacos y cigarrillos anuales, y se quedaba corta ante la gran demanda, que requería más de 5 millones de unidades. Es entonces cuando don Juan y don Ernesto se unen para cubrir la demanda, acordando que La Rica Hoja asuma el excedente.
Pero las capacidades empresariales de don Juan iban más allá y también comenzó a desempeñarse como consignatario de buques, ya que en el siglo XIX La Palma era punto obligado del paso de buques de toda procedencia. Así que poco a poco se consolidó en distintos sectores de la economía, hasta convertirse en un hombre muy rico.
Es ahora, en este 2026, cuando mayor valor quiero dar a su gesta empresarial, industrial y personal. Y sin comparar o buscar diferencias, me viene a la mente una publicación que hablaba de la Fabrica Insular de Tabacos de La Palma, S.A. o La Rica Hoja, con sus fundadores coetáneos y probablemente con muchas cosas en común.
Actualmente, la empresa Juan Cabrera Martín, S.A. es una de las más importantes de La Palma y ha sabido solventar muchos cambios generacionales, siendo un ejemplo a seguir como empresa familiar.
UNA VIEJA RELACIÓN
Para conmemorar, primero a las personas y luego a las marcas, me propuse involucrarlas en un proyecto común que traiga a nuestros días el inicio de esa relación, que les permitió unirse para cubrir una demanda excesiva.
Aunque el motivo es diferente, superior… Implica recordar a los fundadores, su calidad en los negocios y el repaso de procesos donde se reconocen las cosas bien hechas: como antes, con alma y basados en procesos de más de un siglo, con ese esmero palmero en sus labores tabaqueras, que les ha hecho ganar tanto prestigio en el mundo.
No me es ajena la consideración que los fumadores tienen por los buenos tabacos elaborados en la isla de La Palma, y por ello el reto debe tener un nivel de exigencia aún mayor.
NUEVA ANDADURA
Este año comienza una andadura conjunta; unidos en el lanzamiento de una Edición Limitada, muy exclusiva, para llevar a las manos de los fumadores una serie de tabacos que, confeccionados con los estándares de hace un siglo, sean los mejores producidos en La Palma.
Esto abarca desde la elección de la vitola, un Doble Robusto Colorado, hasta la selección de las hojas que mejor se adecuen a las ligas de los años cincuenta, y la edición de una habilitación que rendirá honor a la trayectoria de don Juan Cabrera Martín: Una época en que las monedas que adornan los diseños de las anillas no eran sólo un elemento decorativo, sino medallas ganadas en ferias y exposiciones, que daban cuenta de la calidad de los tabacos y reflejaban su prestigio.
HACIENDO AMIGOS
Es un honor y gran responsabilidad haber asumido la dirección de esta propuesta histórica, y también agradezco a Juan Cabrera Martín, S.A. su implicación y disposición para asumir el reto como propio. Significa personalmente un más a más, aplicar la filosofía de SELECCIÓN, by Fernando, bajo estándares que hacen de cada tabaco excepcional, único y quizá irrepetible.
O muy por el contrario, es la semilla para que don Juan y don Ernesto vuelvan a estar en lo más alto del palmarés de tabacos en las Islas Canarias. ¿La historia se repite?
Hasta la próxima…
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