Capítulo 8: Inferno Parte VI: Quinto círculo – Ira y Pereza

Dolores no podía darse por vencida, sus hijos y su marido dependían completamente de las aportaciones por su falso trabajo, o al menos eso era lo que ella pensaba y la impulsaba a seguir siendo una esclava, soportando ataques en carne propia y siendo testigo de todas y cada una de sus brutalidades.

–Le juro que no lo hago con mala intención. Creo que sólo le estoy pidiendo lo justo, capitán. Nada más allá de nuestro acuerdo original –continuó Dolores, a pesar de la reacción inicial de Clinton.

Lee en la revista (gira tu dispositivo para mejor experiencia de lectura):

 

Raúl Melo

Pero los ruegos de la mujer no hicieron más que poner en vergüenza al capitán ante sus hombres. Aún lleno de adrenalina por su encuentro con Alyssa y con la energía de una abundante cena, el demonio decidió descargarse con la mujer, golpeándola hasta el cansancio.

–A mí no me puedes pedir nada de esa manera. ¿A caso insinúas que no cumplo mis promesas? ¿Vienes a mí, frente a mis amigos, e intentas poner en evidencia mi supuesta falta de palabra? ¿Quién te has creído que eres? –vociferaba el hombre entre golpes y patadas.

La mujer no podía hacer más que contener sus gritos y llorar en silencio. A Clinton siempre lo había motivado el sufrimiento ajeno para seguir con la tortura. Dolores lo sabía, lo había aprendido a la mala. Entonces, como parte de una ínfima estrategia de supervivencia, procuraba guardar silencio cada que era reprendida por el hombre.

Fatigado por la golpiza y sin un lamento que lo invitara a seguir, el capitán decidió al fin dejar en paz a Dolores.

–Ahora lárgate y levanta este chiquero. Somos hombres, no los marranos con quienes vivías –sentenció a la mujer.

–Colin, te quedas a cargo de ella, yo me voy a dormir, asegúrate de que todo quede presentable. Mañana tendremos fiesta con la muñeca –ordenó a uno de sus tenientes mientras se retiraba del lugar.

–Lo que diga, jefe –respondió Colin, quien fumaba un cigarrillo en una de las esquinas del lugar y daba vistazos a una tira cómica mientras disfrutaba del espectáculo que Dolores ofrecía a la selecta audiencia.

Reducida por el dolor externo e interno, la mujer recogía el desastre dejado por los hombres de Clinton en la mesa, pero lo hacía tan lentamente, que Colin se aburría de observar y regresaba a su lectura.

–Oye, Dolores, ¿de verdad te es tan difícil? –preguntó tras leer un par de viñetas de su revista.

–¿Qué cosa, señor? Le juro que hago lo que puedo –respondió ella.

–¿Cómo que qué cosa? Pues agradecer por lo que tienes con nosotros, cerrar la boca por un momento, simplemente obedecer. Mira nada más cómo te dejó el capitán. Nada que no merecieras, claro, pero ¿por qué te haces esto? Tantos años y no aprendes –expuso Colin.

–Lo siento, señor, soy una estúpida, le prometo que no volverá a pasar. Usted tiene razón, sé que debo obedecer sin replicar nada. No sé qué me sucedió –respondió tratando de mantener la calma mientras pronunciaba las palabras precisas que el joven soldado esperaba escuchar.

Acostumbrada a ocultar siempre ciertas cosas de sus captores, como el hecho de conocer el sitio donde acumulan sus riquezas, mientras recogía el desastre dejado sobre la mesa tomó un cuchillo aserrado y lo envolvió en la faja de su vestido.

Nadie notaría la falta de un instrumento como ése, mucho menos si se trataba de hombres que acostumbraban embutirse los alimentos con nada más que sus dedos.

–¿Sabes, Dolores? Yo creo que deberías disculparte con el capitán cuando despierte de su siesta. Él es un hombre bueno, si sabes cómo tratarlo. Sé que lo sabes, porque lo has hecho durante muchos años. No sé qué te ha pasado el día de hoy, de verdad te desconozco, mujer. Desde que yo llegué al pantano habías sido la más servicial del mundo, tanto así que eres la única que queda entre todas las mujeres que cuentan han vivido aquí. Bueno, salvo la nueva chica, la pelirroja, que, debo confesarte en confianza, me parece la más hermosa criatura que haya pisado estas tierras abandonadas por Dios. Respeto que el capitán haya ido primero y realmente no me importa, pero sí me gustaría ser el siguiente. Me lo imagino y tiemblo. ¿Me entiendes?

–Sí, señor, se explica usted muy bien. Su belleza es poco común por estos lugares. Entiendo su ansiedad por pasar un tiempo con ella. Y, también agradezco su consejo. Espero que el capitán me dé la oportunidad de disculparme, sé que he hecho mal en cuestionarlo, le juro que no sé qué pasaba por mi cabeza –explicó Dolores.

–Viendo lo lento que limpias, entiendo que paciencia no es algo que te falte, sólo que deberías ejercerla más cuando del capitán se trata. Si él prometió algo, es seguro que lo cumpla, a nosotros nunca nos ha fallado. Te hace falta pensar un poco antes de hablar, pensar en general, ja, ja, ja –soltó una risa mientras volvía a sumergirse en las páginas de su lectura.

–Prometo que así lo haré. No lo interrumpo más de su historieta. La mesa ha quedado limpia. Me retiro a continuar con el resto de mis actividades. Le ruego haga saber al capitán mi deseo de hablar con él apenas regrese de su habitación. Además de disculparme, me gustaría solicitar su permiso para ver a la chica y hacer los preparativos necesarios para la fiesta –detalló.

–Claro, claro, despreocúpate, mujer. Yo le hago saber tu solicitud. Verás que con gusto te escucha. Te repito, el capitán es un buen hombre, comprensivo y atento si sabes cómo expresarte. Me extraña que lo olvidaras. Anda, retírate que te queda mucho por hacer. La fiesta es la ocasión más especial que hemos tenido en meses y tiene que ser perfecta– concluyó el teniente.

Esa noche, Dolores lo tuvo claro, no dejaría que la chica sufriera lo mismo que ella ni se mantendría más tiempo alejada de los suyos. Ese día decidió ayudar a Alyssa, robar el dinero y al fin volver a casa.

Contrario a lo que reflejaban sus palabras, la conversación con el teniente Colin la tenía furiosa, ardiendo en una rabia oculta tal como lo hacía Alyssa.

Al final de este día, ambas mujeres eran una bomba a punto de estallar. La mecha estaba encendida, era cuestión de tiempo y estrategia para que la presión no pudiera contenerse más.

CONTINUARÁ…

Suscribe to our Newsletter