
Madre de dos hijos, un niño de diez y una niña de cinco años, Ana Luisa Valenzuela está a cargo del proceso de cosido de las hojas de tabaco en las casas de curado de la empresa Tabacos del Sur, en la provincia de San Juan, al suroeste de la República Dominicana.
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Nació en un campo de La Garita, uno de los sectores del centro urbano del distrito municipal de Hato del Padre, cerca de la cabecera municipal de San Juan de la Maguana, donde creció y posteriormente contrajo matrimonio.
La necesidad de trabajar le llevó a la capital del país, Santo Domingo, donde se dedicó a la atención de personas mayores que padecían la enfermedad de Alzheimer. Pero después regresó con su familia y consiguió empleo en un colmado, donde atendía a un señor.
Fue entonces cuando una amiga, «la primera de La Garita que vino a trabajar en las fincas de tabaco, me trajo para que probara, a ver cómo me iba. Yo dejé aquello que tenía, y como me gustó, me quedé acá».
Su primer contacto con la industria tabacalera –la preindustria, en su caso– fue en 2021, durante la etapa inicial de la empresa. «Ha sido muy bueno porque para nosotras las mujeres ha sido un gran ejemplo, una buena ayuda».
Y aun cuando se pensaría que las distintas tareas son un tema masculino, las mujeres son quienes las realizan. «Esto para mí es muy bueno, una gran experiencia, porque nosotras cosemos las hojas de tabaco, que se ensartan en cujes (varas largas de las que cuelgan, en pares, durante su secado y curación). Aunque las casas de curado también laboran hombres, encargados de jalar y subir los cujes.
Como supervisora, Ana Luisa se encarga de capacitar a las mujeres que llegan a trabajar, pero también coordina a varones: «A mi cargo he tenido hasta 44 mujeres –porque su número varía de acuerdo con las necesidades–, pero en general va subiendo. Y también he tenido como a 28 hombres a cargo, porque ellos siempre son menos en los ranchos y más en el campo».
«Cuando llegué yo no sabía nada –continúa–. He aprendido bastante, pero me falta mucho todavía… Estamos en eso. Me he dedicado principalmente a la cosida del tabaco. Yo le pongo su fecha, porque es lo que ellos (los ingenieros) evalúan, el día que se cosió. Ellos saben qué tiempo se lleva (el proceso); si 20 días o un mes, porque conocen el grado que tiene su tabaco».
Considera que su vida cambió mucho, pues «cuando uno está atendiendo personas mayores, casi no se descansa. Hay veces que tienes que trabajar horas extra y aunque tú crees que estarás libre, no siempre es posible. Ahora es muy diferente, porque se trata de cumplir con tus tareas y para eso existen tiempos. Es muy diferente…». Y sobre su futuro, dice que su trabajo le gusta y por ello –ríe–, se ve escalando puestos.
* Entrevista realizada en abril de 2025.
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