
El Señor Aniceto es una declaración de amor entre dos islas hermanas: Borikén y la República Dominicana. Confeccionado como una oda al Valle del Cibao, su tripa contiene una hoja de cada una de las seis provincias que componen este fértil enclave, considerado el paraíso del tabaco. El resultado es una fumada compleja, refinada y profundamente evocadora, que transita con elegancia por una miríada de sabores y matices.
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Darwin Marrero
La construcción del cigarro es impecable, testimonio de la maestría artesanal de las manos dominicanas que lo elaboraron. Su sabor revela el peritaje del master blender, Pito Márquez, cuya visión se plasma en cada calada.
Márquez bautizó el cigarro como Señor Aniceto al reconocer en su fumada el carácter de su padre. Don Aniceto fue un caballero cuyo amor y trato afable le ganaron el respeto y cariño de todos. Quienes no lo apreciaban, pronto descubrían su otro lado: firme, recio y decidido.
El cigarro ofrece una relación calidad-precio sobresaliente dentro de su categoría. Su construcción y la experiencia que proporciona son equiparables a las de referencias de mayor costo, lo que lo posiciona como una opción competitiva en el segmento.
Señor Aniceto es ideal tanto para el fumador experimentado que busca una experiencia asertiva y sofisticada, como para quien desea celebrar una ocasión especial. Ya sea en la mañana junto a un café o en la noche acompañado de un ron caribeño –dominicano o borincano–, cualquier momento es bueno para disfrutarlo.
CARACTERÍSTICAS
Formato: Toro Gordo, 6.5 pulgadas, cepo 55.
Capa: Habano 2000.
Capote: San Andrés.
Tripa: Dominicana, una hoja por cada provincia tabaquera.
Peso: 21 gramos, promedio.
Tiempo de fumada: 90-120 minutos.
Precio sugerido: 25.00 USD.
En frío:
Una calada en frío revela notas de melaza, no muy dulce, con un toque ahumado que recuerda al caramelo tostado.
Encendido:
El encendido es sencillo y el quemado se mantiene regular y constante, sin necesidad de correcciones. La ceniza, de tono gris uniforme, conserva su integridad con elegancia.
Primer Tercio:
En este primer tramo la fumada se presenta cremosa, con notas de chocolate, pan de jengibre, cedro, canela y especias suaves. La calada retronasal sorprende con pimienta blanca y una frescura ozónica que anticipa la fuerza latente del blend.
Segundo Tercio:
La intensidad se eleva, el chocolate evoluciona hacia cacao y emergen sabores de nueces, heno y café tostado. La cremosidad persiste en la primera mitad, mientras la fuerza transiciona de media a media-completa. La retronasal añade un matiz de anís que complementa la pimienta blanca, creando una experiencia aromática envolvente.
Último Tercio:
Aquí se revela el carácter profundo del Señor Aniceto. La cremosidad cede paso a una fumada intensa, marcada por notas terrosas, espresso, trazos de pimienta negra, pan integral con avena y el umami sutil de la soya. La retronasal se intensifica, mostrando el alma robusta de esta liga.
El Señor Aniceto es, sin duda, la joya de la corona de la Tabacalera Márquez Torres. Su fumada exige gracia, paciencia y atención plena. Los sabores abundan y evolucionan con dinamismo, mientras la fuerza se incrementa progresivamente, alcanzando casi el nivel completo, sin perder su refinamiento.
Aunque fue concebido como una carta de amor al Valle del Cibao, el Señor Aniceto se erige como una carta de presentación excepcional para su creador. Y para quienes valoramos el arte de fumar como un ritual sensorial, este cigarro es una invitación a saborear la historia, la cultura y la pasión tabacalera dominicana.
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