
El mundo del tabaco premium es más pequeño de lo que parece. En especial dentro del universo boutique, en el que las verdaderas conexiones no se miden en volumen de producción, sino en confianza, manos expertas y hojas que viajan cargadas de historias compartidas. En ese territorio íntimo y exigente, Room101 ocupa un lugar singular.
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La marca nació en 2009, cuando Matt Booth, diseñador gráfico y creativo inquieto, se unió a Camacho Cigars, bajo la tutela de Christian Eiroa. El resultado fue inmediato: una estética provocadora sostenida por una técnica hondureña sólida que no vinieron a repetir fórmulas, sino a romper moldes.
Tras la adquisición de Camacho por parte de Davidoff, la marca atravesó una etapa de transición y en 2017 Booth se independizó para redefinir su camino. Así, Room101 encontró nuevas raíces productivas en la República Dominicana, sin perder jamás su espíritu disruptivo ni su identidad conceptual.
Dentro de esa nueva etapa apareció Namakubi, una vitola que excede lo sensorial, para convertirse en experiencia.
Vitola con significado
Namakubi es una palabra japonesa que significa cabeza cortada. En la cultura samurái, el término remite al honor, al sacrificio y a la culminación de un acto. No se trata de una elección casual: el concepto atraviesa cada aspecto de este cigarro.
La vitola Perfecto, de 5.5 pulgadas, cepo 50, refuerza esta idea de precisión y ritual. Su envoltorio púrpura y plateado impacta desde lo visual, pero también cumple una función social: fue diseñado como parte de una campaña de concienciación sobre el Alzheimer, aportando una dimensión humana poco frecuente a la industria del tabaco premium.
La producción está a cargo de Tabacalera William Ventura, una de las casas más respetadas de República Dominicana, reconocida por su consistencia y atención al detalle.
El blend acompaña la intención del proyecto:
Capa: Habano Ecuador.
Capote: Honduras.
Tripa: Honduras y República Dominicana.
Una combinación pensada para ofrecer estructura, profundidad y evolución, sin perder equilibrio.
Análisis sensorial: una fumada con narrativa
Desde el preencendido, Namakubi se muestra expresivo. Aromas a cedro, heno y un delicado matiz floral anticipan una experiencia más reflexiva que explosiva.
Durante el primer tercio dominan el cedro y una pimienta negra suave, acompañados por un perfil terroso. El cuerpo se sitúa en un punto medio, con buena combustión y un tiraje firme que transmite control y precisión.
El segundo tercio marca una transición clara: la madera se intensifica y aparece un dulzor tenue, elegante, que redondea el conjunto. La fortaleza asciende a un medio-alto, manteniendo siempre el balance.
En el último tercio, el cigarro profundiza. Surgen notas de café tostado, una marcada mineralidad y especias dulces que aportan complejidad. El final es largo y persistente, con un eco terroso y un dulzor residual que permanece en el paladar.
La evolución, sin giros abruptos, es coherente y casi ceremonial.
Maridaje y contexto
Namakubi pide pausa. Funciona muy bien acompañado de un buen café, pero encuentra especial afinidad con el whisky japonés. Un Hakushu 12 años resalta su perfil vegetal y mineral, mientras que un Hibiki, con la influencia del roble Mizunara, logra una armonía profunda con la madera y las especias del cigarro.
Cierre
Room101 Namakubi no es simplemente una vitola bien construida. Es una declaración; un objeto que combina diseño, cultura, técnica y mensaje. En un mercado saturado de lanzamientos, recuerda algo esencial: los mejores cigarros no sólo ofrecen sabor, sino significado.
Y cuando eso ocurre, la fumada deja de ser un hábito, para transformarse en ritual.
*Gastón Banegas. Habano sommelier y fumador entusiasta, es un apasionado por el whisky y los maridajes. Vive en Buenos Aires, Argentina, y escribe sobre tabaco premium y cultura sensorial.
Fotografías: room101cigars.com / instagram.com/room101cigars
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