El renacer de El Fénix

Después de altas y bajas, media vida en La Canela, Santiago de los Caballeros, República Dominicana, y más tiempo en Nueva Jersey, Estados Unidos, el renacimiento de El Fénix es una realidad, y tras constante evolución y la paciencia que esta industria demanda, hoy desde las cenizas de un pasado diverso, el ave extiende sus alas y levanta el vuelo en la aventura del tabaco premium.

Heredero de una tradición tabaquera interrumpida, Carlos Cruz nació y creció en La Canela, rodeado por las 150 tareas sembradas con tabaco propiedad de su abuelo, Francisco Antonio Cruz, El Negro, que en ausencia de su padre se encargó de su crianza y adoctrinamiento involuntario en el Mundo del Cigarro.

En aquel tiempo, poco antes del año 2000, La Canela era un pueblo pequeño de gente humilde y trabajadora dedicada al campo; sembradores de tabaco y piña, entre otros productos agrícolas, donde había pocas casas, recuerda Carlos.

Raíces de Tabaco

Hijo segundo, con una hermana mayor, una menor y otros siete medios hermanos de parte de madre, Carlos creció bajo la tutela del abuelo porque su padre había emigrado a Estados Unidos en busca de una vida mejor.

Así vivió sus primeros 14 años, recorriendo las calles y el campo al lado de aquel hombre de piel oscura, a la que debía su mote, quien siempre llevaba un cigarro en la boca y otro de reserva.

De acuerdo con Carlos, aquella convivencia sembró en él la semilla del gusto por el tabaco, pues muchas veces fue el encargado de adquirir y encender los cigarros de El Negro: “El viejo me mandaba a la bodega, donde El Chepe, a comprar puros sencillos, sin anilla ni marca, y se los llevaba prendidos”, comparte durante la entrevista.

Aquel hombre dedicó toda su vida al tabaco, hasta que mercado cambió y la hoja dejó de ser prioridad. Como también la edad representaba ya una dificultad, terminó por entregar sus tierras al modelo de arrendamiento para la siembra de yuca, piña y plátano.

Nadie más en la familia heredó el gusto por el tabaco, únicamente Carlos, y no por tradición, sino como un gusto adquirido genuinamente. “Hasta cuando me reprendía, mi abuelo tenía un cigarro en la boca. Nunca me disciplinó físicamente, pero hablaba conmigo con su cigarro y una vara de guayaba, de esas que no se rompen con nada. Él fue como mi padre, y yo copié sus gustos y sus mañas”, dice.

La abuela también era fumadora, pero ella prefería el Andullo, la pasta de tabaco fermentado que envolvía hábilmente con una hoja fresca de limón o naranja, a la que clavaba una espina para mantener la pieza unida. “El viejo me enseñó a prender los puros, pero no aprendí a forjar los cigarritos de la abuela”.

El primer renacimiento

A los 14 años, Carlos Cruz emprendió su viaje hacia Nueva Jersey para reunirse con su padre; aventura en la que enfrentó el choque cultural que representa mudarse del campo a la ciudad, además de encontrar un idioma y clima considerablemente distintos.

Al llegar a Estados Unidos, todo le parecía monótono y gris, pero con el tiempo logró acostumbrarse hasta el punto de concluir sus estudios de High School, un curso técnico en electricidad y probarse en la carrera de Medicina; objetivo que no pudo cumplir debido a circunstancias económicas, principalmente.

Segundo Renacimiento

Este freno a sus aspiraciones escolares no le impidió continuar persiguiendo sus sueños. Desde 2006, una vez graduado de High School y apoyado en una barba abundante que le hacía ver mayor, Carlos se refugió en el tabaco premium para relajarse, hacer amigos, y muy pronto emprender un negocio.

Yo me sentía bien de poder fumar un cigarro. Sentía en la sangre que me hacía falta y cuando alcanzaba alguna meta me felicitaba con un puro. Iba a la tienda, lo compraba y me quedaba a fumar con el dueño, platicando. Cualquier celebración me servía, más bien, como una excusa”.

Así, la idea de una marca propia comenzó a gestarse y en cada oportunidad, como un cumpleaños o un Baby Shower, con el permiso del anfitrión, Carlos llevaba cigarros para celebrar y, con el paso del tiempo, también para vender: “ya sabían que a donde quiera que yo llegara, el cigarro iba también”.

La primera estrategia fue hacerse de un nombre: Fénix Cigars, que adoptó como vendedor. Y la segunda, fue probar todos los blends que le fueran posible mientras encontraba el perfil adecuado para lanzar una marca propia.

Como distribuidor no oficial de un sinfín de marcas que conseguía a través de la Internet, satisfacía a sus clientes habituales y a su paladar, en esta búsqueda de las notas y aromas que reflejaran sus gustos y personalidad.

El cigarro llama la atención y siempre aparece gente que quiere uno para llevarle a un fulano, por ejemplo. Vendí cigarros Arturo Fuente, Romeo y Julieta, etcétera… de todos. Me ganaba 10 ó 5 dólares, pero la idea era darme a conocer entre la gente y no regalar los que compraba para mí. Así formé una clientela y con ellos mismos empecé a vender mi propia marca”, agrega.

Tercer renacimiento

Los elementos del éxito se fueron agregando poco a poco, las puertas se abrieron y todo salió bien. Para Carlos, la etapa como vendedor se había consolidado, combinada con sus ocupaciones dentro de los ramos de la construcción y el transporte. Era el momento adecuado para dar el paso siguiente.

En la búsqueda del blend perfecto, viajaba regularmente a Santo Domingo para conocer diferentes fábricas, maridando tabaco con café o whisky, y regresaba de la República Dominicana a Estados Unidos con cigarros para compartir y recabar información. Pasaron dos años antes de encontrar la mezcla que buscaba, algo parecido al Oliva Melanio Serie V, con una fortaleza media que siempre agradó a su paladar.

La elección final fue Ceniza Cigar Factory, empresa a la que llegó gracias al consejo de Félix Ferrera, diseñador a quien seis meses atrás había encomendado la creación de su anilla.

Con la asesoría, apoyo y la maestría de quienes conducen esta fábrica ubicada en Tamboril, provincia de Santiago, y el Master Blender Pablo Estrella, finalmente obtuvo una ligada cremosa, sin mucho picante, con notas que van y vienen en cada calada sin saturar el paladar: “Buscaba un bend universal, que fuera del gusto de la mayor cantidad posible de personas”.

Así, hace dos años salió al mercado su primer cigarro, un Toro capa San Andrés Maduro, capote y tripa Nicaragua, enfundado con un anillo azul marino y dorado que contrasta bien con los tonos oscuros del tabaco.

Carlos considera que la paciencia es fundamental en esta industria, pero no por ello permanece quieto, pues ya cuenta con el diseño de las anillas y la idea para sus próximos lanzamientos, de los que puede adelantar que un color rojizo distinguirá a un puro de capa Connecticut.

Estamos listos para completar nuestra línea principal –continúa–, pero como en aquellos tiempos de vendedor, primero quiero posicionarme entre la gente. La idea es que sepan que Fénix es un cigarro bueno, diferente… de cinco estrellas”, detalla.

La marca se comercializa actualmente en seis tiendas de Estados Unidos, caminando un paso a la vez, pero siempre con ideas, innovación y colaboraciones. Sin apresurarse, de acuerdo con la filosofía que Carlos ha mantenido desde el primer momento: «Crear conexiones y relaciones para darse a conocer».

La primera tienda incorporada a su cartera de clientes, JO Cigars, llegó así, pues Carlos acudió a fumar algo, conversar y compartir su cigarro. En la segunda, The Cave Cigar Lounge, el procedimiento fue similar, con un poco de suerte y carisma como él mismo lo considera, pues su cigarro llegó a las manos de un amigo del dueño, quien recomendó incluir la marca en el catálogo.

El renacimiento que viene

Para Carlos Cruz, la evolución constante es un requisito y el paso siguiente es llegar a donde su abuelo lo hizo: alcanzar la meta de sembrar tabaco para ayudar a otras pequeñas marcas a salir adelante, como en su propio caso.

Sembrar para reproducirnos por todos lados y llevar a la marca a un nivel alto. Enviar el mensaje de que siempre es bueno apoyar a las pequeñas empresas que se atreven a lanzar un producto al mercado, que lo aprecien, lo compartan y no lo juzguen sin fumarlo, pues hasta entonces se aprecia el sacrificio y trabajo que hay detrás de los cigarros de una marca que da lo mejor”.

Fénix Cigars describe la vida de Carlos, quien sostiene que depende de cómo te vaya, aprendes y tus errores ayudan a superarte. “Yo tropecé muchas veces. En ocasiones me fue mal, pero siempre volví y subí. Ustedes saben que el fénix muere, pero renace de sus cenizas y vuela alto. Así me siento yo. Soy una persona que cuando empieza una cosa no la deja, hasta terminar”.