Don Nan Cigars. Un viaje extraordinario

Jorge jugaba excepcionalmente al béisbol, era un pitcher para quien se vislumbraba un futuro prometedor. Tan bueno, que en su primer año de estudios universitarios de Mercadeo en Santo Domingo, fue becado por la Universidad de Miami, por lo que se trasladó a Florida, EE.UU. Pero el destino es caprichoso y le tenía preparado otro camino, ya que una lesión fuerte en el codo le obligó a abandonar su sueño… para iniciar otro, porque recibió un regalo increíble que 20 años después se concretó en Don Nan Cigars.

Jorge Fermín Ovalle es el menor de siete hermanos, en una familia donde sólo fumaba su padre, Juan Antonio del Carmen Fermín Jiménez, y bajo protesta de todos, menos del más pequeño, quien le heredó la afición y conoció sus primeros humos siendo menor de edad. Es más, a los 15 años ya sabía cortar y encender, pero comenzó a los 17, y como muchos dominicanos fumaba uno de los cigarros de La Aurora que le había obsequiado su propio padre, justo para esa primera vez.

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El siguiente Home Run

Estando en Miami, después de esa lesión, Jorge continuó sus estudios universitarios y para obtener algunos dólares que mejoraran su estancia consiguió un empleo de medio tiempo. Un día de 1997, durante un partido de sóftbol prendió un cigarro y un compañero de escuela, sorprendido, le contó que su abuelo era un gran fumador. “Me gustaría conocerlo”, le pidió Jorge, emocionado.

Días más tarde, su compañero le invitó a la fiesta de cumpleaños de una tía para presentarle a su abuelo, un cubano americano de nombre Joel Ramírez Rodríguez. Emocionado por el encuentro, pasó a comprar a la Calle 8 un par de robustos rústicos, desnudos, para tener qué fumar. “Hablamos muchísimo e hicimos muy buena química. En el sótano tenía un señor humidor, pues de hecho era todo el sótano. Hasta entonces nunca había visto tantos cigarros juntos».

Durante ese encuentro, Jorge le confesó a Papa Joe, como le decían de cariño, que le gustaría tener una marca de cigarros. Al abuelo le extrañó el deseo del “jovencito” de 19 años que tenía enfrente, pero le agradó, así que como regalo le preparó siete blends.

Papa Joe, quien había trabajado muchos años en Davidoff, le escribió las mezclas en un papel, y además le dio el nombre de la persona a la que debía acudir en República Dominicana para que las trabajara y convirtiera en cigarros… pero como se dijo antes, el destino es caprichoso.

“Eso se paralizó –continúa–. Yo traje todas mis notas a República Dominicana y guardé todo, porque me dije: ‘hasta que no tenga los recursos necesarios, no voy a sacar algo que no sea duradero, serio’. Y ese papel y las mezclas durmieron el sueño de los justos durante más de dos décadas».

A su regreso, Jorge comenzó a trabajar para una compañía de concentrado de jugo de chinola en el norte de Puerto Plata, que era la mayor zona turística país, ya que aún no se desarrollaban Punta Cana ni La Romana.

Después ingresó a las filas de Codetel, hoy Claro, vendiendo líneas telefónicas a latinos radicados en Estados Unidos, donde duró seis años y escaló a supervisor de proyecto: “fue una experiencia muy linda porque desarrollé áreas importantes para mi crecimiento profesional”.

Jorge tuvo más trabajos, siempre en Mercadeo, que le permitieron recorrer todas las provincias dominicanas, de punta a punta. “Conocí a muchísima gente, me relacioné con infinidad de personas y en algún momento, siendo supervisor, me encontré con agricultores, entre ellos varios que sembraban tabaco, y para mí eso era como Día de Reyes”.

Pero la vida continuó y formó una familia, un patrimonio, hasta llegar a 42 años; es decir, más de dos décadas después de haber conocido y recibido el regalo invaluable de don Joel Ramírez. Fue entonces que decidió sacar las notas, sus papeles, y comunicarle a su padre la decisión de crear sus cigarros, precisamente en su honor, ya que justamente le decían Don Nan.

Su padre fue un militar que trabajó durante muchos años en el Salón de Embajadores del Aeropuerto de Las Américas en Santo Domingo, a quien siempre veía fumar y le obsequió sus primeros cigarros; el único de la familia que compartía la afición, y por ello su marca de cigarros no podía llamarse de otra manera.

Aunque a pesar del entusiasmo y el buen recibimiento de la noticia, el proyecto debió esperar nuevamente porque don Juan enfermó y falleció poco después.

El comienzo esperado

Pasado el tiempo, su esposa y él decidieron que era momento de recomenzar. Jorge volvió a sacar sus notas y recordó el nombre que Papa Joe le anotó: “Cuando lo escribió, me dijo: ‘a mí me gustaría que fuera él quien te hiciera esos blends, y le cuentas que yo te mandé. Creo que todavía está trabajando en Davidoff, o en Tabacalera de García… como sea, vive en Tamboril. Ve y búscalo’.”

Así que a finales de 2018 fue a la llamada Capital Mundial del Cigarro para investigar y empaparse del negocio, preguntado precios, sobre materias primas y costos de producción, pero no fue sino hasta principios de 2019 cuando finalmente encontró a la persona e la persona que buscaba, que no era otro que el Maestro de Liga Chico de la Cruz.

“Mucha gente no lo conoce porque mantiene un perfil bajo, no sale en Instagram ni da entrevistas o aparece en las actividades de la industria; es simplemente un tabaquero que trabajó más de 20 años en Davidoff, La Flor Dominicana y Tabacalera de García: un maestro por los cuatro costados”. Cuando le dijo que Papa Joe lo había mandado, “Chico se emocionó porque ellos se conocían muy bien, así que me trató como si fuera hijo suyo”.

Jorge recuerda que hubo una conexión inmediata, como sucedió con Papa Joe, y entonces supo que Chico se encargaría de hacer realidad esas ligas guardadas celosamente. Quería comenzar con un Lancero, su vitola favorita, pero el Master Blender le recomendó iniciar desde otra perspectiva.

Una de las cosas que más le motivaron fue que la paca más joven de los tabacos a utilizar tenía más de tres años de añejamiento, “y me percaté del cuidado que él le tiene a la materia prima. Pactamos entonces una producción pequeña, preparó los blends, me entregó las pruebas y se las mandé a don Joel”.

Papa Joe aún vivía, murió de casi 100 años y fumó en cada uno de sus días que pudo. Entonces le envío tres cigarros de cada blend, y en menos de dos semanas recibió la respuesta: “Bueno Jorgito, tal y como esperaba diste en el clavo. Chico es un maestro y eso era lo que yo quería con esas mezclas”.

Como el Master Blender le dijo que debía esperar al menos seis meses para sacar los puros, aprovechó ese tiempo para registrar el nombre y su señora, quien es Diseñadora Gráfica y Publicista, se encargó de la anilla.

Era 2020 y vino la pandemia, pero su buen amigo Pablo Saldaña lo animó y finalmente, en agosto de ese año lanzó oficialmente Don Nan Cigars. Uno de los primeros lugares a donde su producto llegó fue Bhuké –antes El Patio, de Jonathan Almánzar–. “Yo vivo a tres minutos de ahí, y antes del toque de queda que se impuso, siempre nos reuníamos a fumar”.

Aunque Jorge cree que de haber salido antes de pandemia le hubiera ido mejor, lo cierto es que fue un periodo que muchos consideran el boom de las marcas boutique, que se multiplicaron ante la demanda creciente de los fumadores. Al terminar 2021, Don Nan Cigars ya se había acomodado en casi 40 puntos de venta en República Dominicana, y ahora se encuentra también en Venezuela, con negociaciones para llegar formalmente a Texas, Estados Unidos, y a Guatemala.

“Cuando salí casi agoté mi producción completa. Me fue muy bien, no lo puedo negar… vendimos mucho, la gente conoció el cigarro y su calidad extraordinaria me favoreció. Sobrepasamos todas las expectativas».

Procedentes de la fábrica de Chico de la Cruz, la marca tiene cuatro blends en el mercado: dos Robusto de 5 pulgadas, cepo 50 en capas Negro San Andrés y Connecticut, así como dos Toros, 6 pulgadas, cepo 54 con capas Cubra (Brasil), cuya producción se reanudará pronto, y Connecticut.

“Algo pasa con el Toro Connecticut, que es el favorito de muchos. Incluso otros dueños de marca que me dicen ‘mira, este puro tuyo me gusta muchísimo’, pero hay un tema… muchos dicen que tiene un amargor, pero aprendí que eso sucede cuando las hojas no tienen el suficiente envejecimiento; en los míos no sucede”.

Está en puerta el lanzamiento de un Petite, ya listo y en reposo: “Lo pruebo cada 15 días y siempre está mejor. Será una producción limitada y pronto saldrá al mercado, así que estén pendientes”.

La unión hace la Trilogía

Jorge cuenta que si bien la industria tabaquera en República Dominicana es una chulería, al comenzar encontró una competencia fuerte, “mucha deslealtad de gente cerrándote las puertas, y eso me preocupó. Pero no me desmotivé, porque sé que si mis compañeros tabaqueros crecen, yo también. Incluso pensé en hacer un grupo donde las marcas boutique nos uniéramos, pero eso se quedó en idea y me enfoqué en Don Nan”.

Fue así que conoció a quienes considera sus amigos y a algunos, hermanos, como Yovanny Pérez de Marvanny Cigars; Luis José Pendones, de L’Pure; Benny Batista, de Valdespina Cigars… “tanta gente que trabaja muy bonito, y eso me motivó. Ahí encontré también a Bernal Figueroa y a Julio García, de Azua Cigars, y a mi hermano Julio Fuentes, de René Cigars”.

Comenta que siempre le gustó ir a las actividades de otros productores, como una manera de apoyar a la industria de los cigarros boutique, ya fuera con un grupo de fumadores o él sólo, apoyando siempre.

“Pero Julio, Berna y yo hicimos una química chulísima, vamos a muchas actividades y siempre los invitaba a las mías. Fumábamos casi a diario y nos reuníamos en los Cigar donde teníamos nuestros productos. Un día alguien nos dijo: ‘ustedes son como los padres de la patria, son como una trilogía’, porque nos veían mucho juntos”.

Justamente, un día Bernal y Julio le llamaron. Estaban en Santiago y le dijeron “vente para acá, que tenemos un negocio. ¿Puedes hoy mismo?». Eso tendrá ya un par de años. «Ellos estaban en Tabacalera El Puente, en Villa González, y ahí es que comenzó el engranaje, me propusieron trabajar juntos y acepté inmediatamente. Inició Trilogía”.

Jorge llamó a Chico para informarle que haría un puro en otra fábrica, y el Master Blender le preguntó con quién. “Con César Álvarez, le dije. ‘¡Pero si esa gente es mía! Trabajamos juntos en Davidoff, dale, adelante’, me respondió”.

Las mezclas de Azua y René estaban listas, sólo faltaba la suya. Decidió una con capa Habano 2000, ya que no la había trabajado y siempre quiso hacerlo. Llegó entonces su Toro, 6 pulgadas, cepo 52, con un capote San Vicente y tripa dominicana, de fortaleza media-alta: “¡Tremendo cigarro!”.

Jorge visualiza dos cosas a futuro: asistir a la feria comercial de la Premium Cigar Association, PCA, porque representa escalar. Pero lo primero que tiene en mente es establecer su propia fábrica, para entonces sí dar ese paso… con tiempo, porque si algo tiene Don Nan Cigars es el don de la paciencia; esperar el momento justo y las condiciones adecuadas para hacerlo en firme y siempre para adelante.