Valdespina Cigars, sueño de mar y tierra

Como dueño de una marca boutique como Valdespina Cigars, Benny Batista sabe que el éxito no llega así nadamás. «Tienes que buscarlo, y lo estamos haciendo a través de un producto elaborado con materia prima de las mejores tabaqueras nacionales –dice–, para que llegue a todo lugar donde deba estar. Porque más que suerte, lo que se necesita es dedicación, pasión y supervisarlo todo. Uno debe luchar por sus sueños».

Desde su lanzamiento al mercado enn 2021, Valdespina Cigars ofrece ya seis vitolas manufacturadas por Cornelio Cigar Factory en La Romana, cuyo dueño es un aliado estratégico con quien existen planes de crecimiento. La idea es extenderse de lo local hacia Estados Unidos y otros mercados del mundo, como África, con enorme potencial en relación con el consumo.

RECUERDOS DE TABACO

A la hora pactada Benny se une a la videoconferencia y aparece sonriente, en primer plano, en lo que debe ser el estudio o un espacio personal en casa. Fuma un toro, el primero de sus puros, y porta una camisa blanquísima, planchada perfectamente, de cuyo bolsillo sobresale el logotipo de la marca. Las gafas y su dicción clara le otorgan el aire propio de un profesor que dicta clase con paciencia y seriedad.

Cuenta que nació en 1968 y vivió su primera infancia en la zona colonial de Santo Domingo, donde su familia rentaba una casa de la calle Arzobispo Meriño. Pero fue constante su relación con Puerto Plata –una ciudad al norte del país a la que llaman La Novia del Atlántico o El sur de la Florida, por su proximidad con Miami–, donde su familia paterna vivía. Ahí, de niño veía fumar a sus abuelos, Francisco Batista y Carmela Valdespina, pero la recuerda más a ella.

«Mi abuela cocinaba con un puro artesanal en la boca y me llamaba la atención cómo esa señora manejaba los calderos, las ollas. Eran cigarros, podría decirse tipo pachuché, de hojas envueltas con dos cortes que ella misma enrollaba. Él siempre estaba fumando, pero murió pronto. De ella pude ver cómo hacía sus cigarros, sus recortados, como dicen, y miraba la bolsita donde tenía el tabaco».

Su abuelo, Panchito, talló sobre mármol los letreros que todavía existen de los depósitos de la ronera Brugal & Compañía, y también fue pintor: «un hombre muy dinámico». Doña Carmela, nacida en 1905, fue cocinera e incluso formó parte del servicio doméstico de don Emilio Prud’Homme y Maduro, escritor del Himno Nacional de la República Dominicana. «Una mujer estricta que inculcó a sus hijos el estudio y buscó que salieran de la pobreza, de la humildad».

Benny relata que su padre, César Augusto Batista Valdespina, fue el tercero de cuatro hermanos y en realidad quería ser Médico. Sin embargo, ingresó a la Academia Naval y solventó los estudios del menor, Francisco, quien al terminar la universidad le apoyaría para hacer lo propio. Pero como se casó antes de concluir la carrera, el compromiso no se cumplió y con el tiempo la Armada ganó un Almirante: «una historia muy bonita que escuché siempre en casa».

HERENCIA DE MAR

Bachiller en Ciencias Físicas y Matemáticas, César Augusto Batista, Don Quipito, sirvió a su país durante 44 años. Para Benny fue un ejemplo a seguir con estándares muy elevados, ya que también fue una persona muy prominente en el ámbito público. A finales de los noventa fue Director General Forestal, lo que hoy es el Ministerio del Medio Ambiente y Recursos Naturales, y trabajó mucho en la Defensa Civil, la mitigación de desastres, desde el Centro de Operaciones de Emergencia.

Tras su retiro fue catedrático en la Academia Naval y en la Escuela de Posgrados. «Fue un educador a carta cabal, pues siempre se preocupó por preparar a la sociedad dominicana y a todo el que quería. Falleció a los 79 años, en 2016, víctima de cáncer linfático, pero aún enfermo hacía videoconferencias para dar instrucciones al profesor que lo sustituyó en su clase».

De acuerdo con Benny, su relación con el mar empezó de manera simple, desde el gusto de bañarse en una playa hasta por acompañar a su padre en los recorridos cortos de los buques, cuando era adolescente. «Eso me fue despertando la motivación por navegar y luego fui tomando conciencia de la importancia del comercio, de las vías de comunicación y decidí ingresar a la Armada. Mi padre no lo decía, pero sé que se sentía orgulloso de que siguiera sus pasos».

Se graduó en 1990 como Licenciado en Ciencias Navales, mención Cuerpo de Comando. Al egresar le asignaron a un guardacostas y fue ascendiendo en la cadena de mando hasta llegar a Capitán certificado en buque de alto tonelaje. En tierra, fue Director de la Escuela de Posgrado de la Armada, Asistente Administrativo de dos comandantes, Director de Operaciones Navales y Director del Comando de Entrenamiento. Una carrera de 36 años ininterrumpidos.

Hoy Capitán de Navío, su última posición fue como Director de la Autoridad Marítima de República Dominicana y continúa activo como Oficial de Enlace entre la Armada y la Autoridad Nacional de Asuntos Marítimos.

CONEXIÓN FAMILIAR

Se apasionó por los puros a mediados de los noventa, cuando como Segundo Comandante de la tripulación de un buque se hizo amigo de Miguel Peña –Comandante de la Armada en 2016–, Oficial de otro barco que fumaba cigarros y le obsequió uno tipo toro. «De ahí comencé, porque siempre me llamó la atención y además envolvía tantas cosas, como la conexión con mis abuelos…».

Conoció a su esposa, Sandra, un mes antes de graduarse de la Academia. Ella vivía en Estados Unidos y se conocieron por amigos en común. El mismo día, al despedirse, Benny le dijo: «Creo que tú eres mi futura esposa”. Ella se rió, pero ya no regresó a Norteamérica y se casaron antes de un año, en diciembre de 1991. Resultó que los padres de ambos, oriundos de Puerto Plata, se conocían por referencias y al final se compenetró tanto con su suegro, Don Heredia, que el hijo parecía él y no ella.

Producto del matrimonio nacieron tres hijos: Sanny, Ingeniera Industrial de 29 años que vive en EE.UU.; Benny Daniel, de 26 años, Licenciado en Administración, y César José, de 19, quien también estudia Ingeniería Industrial. «Todavía no he terminado, para poder decir que cumplí con mi rol insertando jóvenes buenos en el medio social», afirma. El segundo, que fuma de vez en cuando, ya está interesado en el negocio porque le despierta la curiosidad.

NACE UNA VALDESPINA CIGARS

En julio de 2020 la Armada remodeló el Club Naval para Oficiales, en cuya entrada hubo una pizzería que trasladaron al área de juegos infantiles. Benny propuso crear ahí un Cigar Lounge al Comandante General de ese momento, a quien le quedaban 18 días de gestión. La condición fue adecuar el sitio en ese tiempo. “Si usted paga, yo lo hago”, le dijo.

Bastaron 12 días para dejar lista La Recalada, nombre que el Comandante de la Armada dio al lugar, en referencia con la llegada de un barco a puerto. No fue difícil hacerlo, porque la base de todo proyecto es la logística, los recursos. Si hay presupuesto, no hay problema», considera. «Ahora es la recalada obligatoria de todo el que entra al Club, si fuma».

De ahí, así como de una plática con un compadre, surgió la idea de tener una marca. El proyecto fue tomando forma a finales de 2020, a media pandemia, cuando la gente estaba prácticamente en cautiverio y la demanda de puros aumentó notablemente. El propio Benny sufrió la escasez de los productos y acabó pidiendo «cualquier cosa, lo que sea», a la tabaquería donde acostumbraba comprar.

«De inmediato comencé a pensar quién me hace los puros y qué nombre les pongo. La marca surgió así, en un chasquido de dedos, porque Valdespina era en honor a mi familia, oriunda de España, que se radicó en Puerto Plata. Registré el nombre inmediatamente y comencé a diseñar el anillo, que lleva su heráldica. Al preguntar a otros dueños de marca sobre la producción, las referencias no me gustaron, por la distancia. Como militar soy buen supervisor y si era lejos, no iba a tener el control», añade.

ALIADO ESTRATÉGICO

Desde 2016, Benny conoce y tiene amistad con Martín Cornelio, dueño de Cornelio Cigar Factory, en La Romana. Así que fue a visitarlo, se pusieron de acuerdo y establecieron una alianza estratégica para la fabricación de los cigarros Valdespina. La idea fue trabajar conjuntamente en la definición de las mezclas y vitolas utilizando –hasta donde fuera posible– tabaco nacional.

Hicieron cinco, seis ligas diferentes, de las que surgió el Valdespina Toro (6 pulgadas, ring 52), corojo completamente dominicano, con tabaco piloto cubano sembrado en el país y HBA. Le siguió el Valdespina Don Quipito (6 pulgadas, ring 52) un box pressed o doble prensado nombrado con el apodo de su padre, de capa Negro San Andés procedente de Ecuador. «A la gente le llama la atención el color oscuro en el cigarro, pero hay una mala idea de que es fuerte y no es así. Depende de cómo lo mezcles», refiere.

Dada la aceptación del segundo, se hizo un tercero: Robusto (5 pulgadas, ring 52), corojo completo. La cuarta vitola surgió cuando un día, comprando tabaco, vieron capa Sumatra Ecuador y compraron toda la disponible. Tras algunas pruebas produjeron el Lancero Valdespina (6.5 pulgadas, ring 40), «cuya cubierta es preciosa, con una figura cromática increíble. Me encantó su aroma, su sabor a humo, a madera quemada».

También de capa Sumatra nació el Belicoso (6 pulgadas, ring 52), vitola que marcó el cambio de todas las anillas. Y el sexto, pero no cree que sea el último, es un Salomón llamado Black Knight (6.25 pulgadas, ring 58), inspirado en el casco de armadura medieval que contiene el logotipo de Valdespina; el escudo.

En todos ellos se utiliza materia prima de las mejores tabaqueras del país, como La Flor de los Reyes, del municipio de Navarrete, provincia de Santiago, por su calidad y experiencia en el cultivo. Compran a determinados productores, de acuerdo con el tipo de cigarro y su mezcla, pero en general buscan tabaco con al menos cinco o seis años de añejamiento, pues requiere de menos tiempo en el cuarto de envejecimiento y ofrece mejor sabor.

Benny asegura que de sus seis puros, no ha encontrado una persona que los haya probado y le diga que no le gustaron. Aunque eso sí… el gusto no se discute. «Entiendo que todo producto llevado al consumidor debe de ser diferente a los demás. Soy una persona innovadora y tengo un socio estratégico muy escudriñador; tenemos una química tremenda y las ideas vienen desde que vamos a comprar nuestra materia prima».

Habla, por ejemplo, del creciente número de mujeres que fuman y prefieren cigarros cinco y seis pulgadas de fortaleza media y media baja. También trabajó con Martín Cornelio el Salomón Black Knight, destinado al público de EE.UU. y África, que prefiere los cigarros fuertes.

LA HORA DEL EMPRENDEDOR

Desde la perspectiva de Benny, para crear una vitola lo importante es la creatividad. «Me acuesto y a las tres de la mañana abro los ojos y viene una idea. Se llama La Hora del Emprendedor, cuando estoy imaginando qué voy a hacer». Por el momento la variedad de la marca se queda ahí, pues introducir en el mercado seis puros es difícil y detrás de cada uno hay todo un andamiaje y muchos recursos. No sólo es manufactura, sino la logística para presentarlos.

Convertirse en empresario respondió a ese deseo interno que muchos tienen, pero no realizan porque tienen otras ocupaciones. Pero en su caso siempre quiso tener un negocio propio que le permita, cuando se retire, entretenerse y generar recursos. Además están su interés y pasión por el tabaco: «Cuando algo te gusta, encuentras el tiempo para hacerlo».

Pero lo importante es la supervisión. Como dueño de marca conoce a todas las personas que elaboran sus cigarros. Se sienta a su lado y como conoce la mezcla, el intríngulis de esa actividad, les pide descartar el producto que considera inadecuado. Es, finalmente, la disciplina y rigor que adquirió en la Armada.

En lo que va del año, Valdespina ha producido cerca de 30 mil puros y mantiene una renovación periódica de su inventario de acuerdo con las ventas, ya que algunas vitolas salen más rápido que otras. En un año y cuatro meses, sus productos están no sólo en la República Dominicana; hay países donde se venden de manera informal, porque hay minoristas que los compran en la isla y se los llevan.

Actualmente tramita el registro de Valdespina Cigars en EE.UU. La fábrica tiene todos los permisos de exportación y no será difícil enviarlos. Explica que las alianzas estratégicas son para ese tipo de cosas y antes de finalizar el año abrirá puntos de venta en Nueva York, Pensilvania y Nueva Jersey, y para el año siguiente buscará llegar a Europa a través de Suiza.

Localmente, Valdespina apoya a otras empresas. En agosto participará en Bohemios Cigars Night, que organiza en Santiago Jose Yeye Aybar, de Yeye Cigars. De hecho, entre algunos dueños de marcas boutique se extiende la idea de crear una asociación que les permita competir frente a los grandes del sector. «Eventualmente tendremos que agremiarnos porque la unión hace la fuerza y los chiquitos recibimos siempre las embestidas más duras».

FAMILIA Y FUTURO

Benny describe como los momentos más satisfactorios de su vida el haber conocido a Sandra y casarse con ella: «Conocí a una mujer extraordinaria, entusiasta, querida por todo el que la conoce porque simpatizas con ella de inmediato». Un matrimonio con 31 años de historia que ha logrado armonía y paz en el hogar, estabilidad que permite estar bien en el trabajo y los negocios.

Y aunque al principio a ella no le gustaban los cigarros, ahora fuma unos saborizados elaborados especialmente para ella en la fábrica de Martín Cornelio. De hecho, acompaña a su esposo a los eventos de promoción en los Cigar Lounge. Eso sí, tras negociar que después la lleve a bailar.

«La familia es muy importante –continúa Benny–, porque incluso aporta ideas que ayudan muchísimo al negocio y debe permanecer unida, siempre junta, para lograr nuestros objetivos. A mi hijo le interesa involucrarse y creo que colaborará conmigo, de tal suerte que cuando me inserte de nuevo en una labor institucional más activa, la empresa camine».

Por lo pronto, el reto de Valdespina Cigars es seguir creciendo para llegar a los mercados del mundo y llevar cigarros diferentes, de buena calidad, que la gente disfrute. Es una visión, como la de cumplir con un compromiso de nación para que el tabaco dominicano sea marca-país.

Con su aliado estratégico hay planes para expandir la fábrica antes de que finalice el año y además de la manufactura ofrecer almacenamiento y crear un Cigar Lounge donde los productos se vendan.

«Uno debe luchar por sus sueños –concluye–. Si tienes una pasión, el deseo de hacer algo, hazlo. No te frenes. Y todo el que tenga una visión, no importa el ámbito, que tire para adelante… ¿Quién iba a pensar que un Oficial de carrera naval iba a incursionar en este negocio tan difícil, pero extraordinariamente bonito..? Vine de las olas del mar, a las hojas del tabaco».