Café, camiones y empatía, Natasha Cruz-Sánchez, “over the road”

César Salinas

Natasha Cruz-Sánchez es una joven amante de su tierra, Puerto Rico, del café, de la empatía y de los tantos caminos que recorrió en su Kenworth rojo; tiene 29 años, hace poco descubrió su afición a los cigarros, tiene una marca propia de café y es una camionera activa y consciente que lucha todos los días y desde todos los ámbitos para hacer de éste un mundo mejor, sobre todo para las mujeres.

Lee en la revista (gira tu dispositivo para mejor experiencia de lectura):

 

César Salinas

HECHA CON CAFÉ

La historia de Natasha es la apuesta constante por sí misma, por la conciencia de clase y la empatía, esa silenciosa revolución, y tiene frases tan poderosas como ésta: “Vengo a honrar el trabajo de quienes producen café y aquellos que mueven el mundo”.

Creció en Caguas, un pueblo de Puerto Rico «mitad campo, mitad ciudad»; en casa su abuela, desde los cinco años, servía le café colao en vasitos verdes, o amarillos, de mantequilla; era firme, “regañaba con amor”, y prácticamente crio a Natasha. El café siempre fue importante en su vida porque lo consideraba esa “pega” que unía a las familias y encendía conversaciones.

En su infancia se unió al servicio comunitario y recaudaba todo tipo de fondos para todo tipo de causas, siempre para beneficiar a la comunidad. Cuando le pregunto de dónde viene, es contundente: “Sólo sé que cuando veo algo que no es justo, siento que quedarme callada me hace parte del problema”. Esta vocación la llevó a estudiar Enfermería en la Universidad del Turabo. «Siempre he tenido eso de ayudar a las personas y creo que en ese momento era la carrera que más se alineaba con lo que quería».

Antes del huracán María comenzó a trabajar en el sector del café y descubrió que le encantaba; su vida dio un giro radical, sin embargo, ya que después de la tempestad se mudó a Estados Unidos: “Entre la desesperación y la Isla destruida decidí aprovechar una oportunidad de trabajo que se me había presentado y la tomé”, pero ese breve trabajo en el área administrativa del sector Salud le mostró el cruel tedio del mundo corporativo. 

Entonces, tomó otra decisión con consecuencias radicales: decide irse a Italia a tomar un curso en reparación de máquinas de café en la Espresso Academy, en Florencia, y algo que le sorprendió sobremanera fue que de 30 personas que tomaron las clases sólo había tres mujeres. 

“Fue bonito ver otras mujeres asumiendo al reto; yo era la única puertorriqueña. Al sol de hoy todavía tenemos un grupo de WhatsApp donde mantenemos comunicación y hemos seguido los proyectos de café de cada quien”. 

Además de buscar a los pioneros de las máquinas de expreso durante este viaje, Natasha admite que ahí se conoció a sí misma.

A su regreso dejó la seguridad de su trabajo por un empleo en una cafetería en Washington, D.C. “Nunca he sido una persona que se tarda mucho tomando decisiones. Yo cuando quiero algo lo hago ya, tenga consecuencias positivas o negativas. Nunca fui el tipo de persona que no intenta las cosas”. Fue en una sucursal de la cafetería de especialidad La Colombe, donde trabajó un año como lead barista; tiempo durante el cual recorría las cinco tiendas que tenían en la ciudad. 

Fue un movimiento arriesgado, una apuesta a sí misma que la metió de lleno en el mundo que verdaderamente le apasionaba. Allí expandió su conocimiento de brew bar. “Recibí mucho entrenamiento, cada semana me entrenaban por dos horas, incluso tomé un examen para poder trabajar en la barra. Me di cuenta entonces que había un mundo más allá en la industria”.

El reto vino cuando comenzó a trabajar en un coffee roaster, que en ese tiempo se llamaba Mayorga Organics, pero cambió su nombre por Mayorga Coffee. Allí estuvo dos años, primero como barista, más tarde como Brand Ambassador y finalmente como coordinadora de Community Relations

Algo que apreciaba del negocio y el dueño era que trabajaban directamente con los productores, la mayoría latinos; sus responsabilidades crecieron y un día inesperadamente le preguntaron si tenía pasaporte y días después ya estaba en Guatemala, en una enorme finca de café donde su visión de la industria creció al vivir y conocer la cadena de valor de la industria. Allí se dijo: “Yo quiero estar ahí”. 

“A veces la gente me dice ‘ah, pero tú estudiaste Enfermería’, y yo les respondo que uno puede ayudar donde lo pongas; cuando entiendes que detrás de cada producto hay un humano puedes hacer la diferencia, aunque sea un poquito”.

Guatemala le abrió los ojos al sistema internacional y vio la gran brecha de clase que existe entre el Norte y el Sur global: unos productores que crean valor con esfuerzo y consumidores que lo disfrutan sin conciencia. “Siempre he pensado que si tú eres algún latino que vive en algún país del Norte global… puedes ser eso que conecte el Sur y el Norte global para que esa brecha sea más pequeña”. 

OVER THE ROAD

Al regresar de ese viaje, en 2020, la pandemia detiene el mundo, pero puso a los camiones en marcha. “De pronto no se puede viajar, no se puede salir, no se pueden hacer un montón de cosas, y ahí es donde el movimiento en camión comienza a ser mucho más fuerte, y mis responsabilidades se limitaron a trabajar dentro del almacén”. 

Allí aprendió más a fondo áreas como el tueste, control de calidad, cataciones, procesamiento de órdenes, servicio al cliente, producción y venta al mayoreo. La afluencia de camiones en el almacén de café creció y le tocó guiar a los conductores para que estacionaran sus trucks. En ese espacio complicado, peligroso y con puntos ciegos, se dio cuenta de algo importante: “Nunca vi una mujer… ¿qué tan difícil puede ser conducir un camión?”. Decidió entonces, al no ver que había mujeres, que debía sacar su licencia CDL (Commercial Driver License) y volverse camionera.

No obstante, un problema de salud la hace ponerse en pausa y volver a Puerto Rico. “Pero me quedé con esa, una vez que me recupere y vuelva a Estados Unidos me voy a hacer camionera”, se prometió. Así que tras su cirugía y recuperación, Nat pone manos a la obra. Primero, elige un nuevo destino porque ya no podía con el frío de Maryland, así que se muda a un lugar más cálido… como el desierto de Arizona.

La experiencia en la escuela de camiones fue su primer baño de realidad en la industria. Como en Italia, de 30 postulantes sólo eran tres mujeres. “No es tan sólo aprender a manejar un camión, añádele el machismo, el prejuicio y las faltas de respeto”. La autoestima y la firmeza fueron y siguen siendo sus principales herramientas emocionales: “Tienes que sentirte cómoda con la palabra no”.

Lo más frustrante no era la hostilidad, sino la doble moral. “A la mujer no se le permite equivocarse. Si cometes un error y no puedas estacionarte, comentan: ‘ah, no puedes estar aquí porque esto no es para ti’, pero si son hombres son más condescendientes. Además, creo que si eres la única mujer en un espacio cabe preguntarse a una misma: ¿qué estás haciendo dentro de tus posibilidades para atraer a otras mujeres?”.

Se vive en un mundo donde es más fácil/seguro ser hombre que mujer, Natasha y cualquier mujer lo sabe, y lo han vivido, lamentablemente, y en ese sentido recuerda lo difícil que fue dormir en sus primeras paradas en el camino; eso, y manejar de noche, era lo que más le costó.

Las recompensas de la carretera, sin embargo, eran grandiosas: la libertad de estar sola, la belleza de los atardeceres en el desierto y esa sensación de no saber qué iba a pasar al otro día. Su trabajo no sólo le permitió viajar sino también ahorrar y tener la opción de elegirse a sí misma, algo que el mundo corporativo nunca le dio.

“Todos los días es algo diferente; todos los días es una experiencia diferente; estás en un lugar diferente con estacionamientos diferentes, retos diferentes, cargas y amigos diferentes. Es un trabajo bien impredecible y me gusta la sensación de no saber qué va a pasar”.

Sin embargo, los kilómetros de Natasha en la carretera se detuvieron de manera abrupta en 2024: se partió la pierna en un accidente, lesión que la sacó del camión y la dejó sola, lesionada de la rodilla y sin trabajo en Estados Unidos. 

“Si yo no hubiese ahorrado el 30 por ciento de mi sueldo, no estuviese aquí”. Este golpe, aunque “horrible”, reforzó su carácter y su disciplina obligándola a tener un “plan A, plan B, plan C, plan Z”. Ahora se encuentra mejor, en recuperación, con un nuevo y desafiante trabajo.

Además, se encuentra activa en favor de las camioneras y los camioneros, ya que en las semanas recientes presentó la iniciativa The Safe Communication Act, algo así como una ley de comunicación segura a nivel nacional, a la Federal Motor Carrier Safety Administration (FMCSA).

La iniciativa propone básicamente definir un sistema estandarizado para evaluar el dominio del inglés de los camioneros a través de un documento que certifique la capacidad del conductor para leer, escribir y hablar inglés. “Esto hará que haya más seguridad, es tema de cuidar a las camioneras y camioneros, se trata de seguridad pública, que nos concierne a todos”. 

La iniciativa se está moviendo, y se nota en el número de entrevistas para redes sociales, radio y ahora televisión nacional que ha dado Natasha.

HONRAR A QUIENES MUEVEN EL MUNDO

Como dije al principio, Nat tiene su propia marca de café, NACRUSÁN, que surgió de un acto de indignación: el mal café de las paradas de camiones. “En mi mente no cabía cómo a un grupo de personas que trabaja tanto le dan tan poco”. Su misión se volvió a la vez personal y colectiva: brindar un producto de calidad a una comunidad esencial y a menudo desatendida.

Cada detalle de la marca honra esta dualidad. El diseño de la bolsa de su café Over the Road, que es un tueste medio y un homenaje a los conductores, lleva en su diseño un camión Kenworth T680 rojo (el que ella manejaba), el paisaje de la Represa Hoover (honrando su primer viaje entre Arizona y Nevada) y un pequeño detalle: la bandera puertorriqueña en el parabrisas.

Su visión de equidad se extiende a la cadena de suministro. Natasha busca activamente a mujeres productoras y comenzó con una colectiva llamada Las Adelitas, en Tenango de Doria en el estado de Hidalgo, México, y ahora con una productora, Karina Argüello, junto con su hermano José Argüello, de la Finca Santa Cruz en Chiapas, de donde le envían su grano para que el compromiso de su marca con la perspectiva de género se refleje desde la semilla. 

Además, ofrece soluciones innovadoras, como las bolsitas especiales que facilitan a los camioneros preparar buen café en su propia cabina. NACRUSÁN es un negocio que nace de querer hacer la diferencia, de ayudar a los demás… de empatía: todos tienen derecho a beber buen café, y más, quienes mueven al mundo en sus trucks.

ALGO DIFERENTE

A Nat la conocí en redes sociales y en julio de este año pude fumar con ella en Houston. Comimos comida chino-boricua, me preparó un café (un muy buen café, he de admitir) y fumamos buenos cigarros dominicanos en casa de mi hermana, unas horas antes de mi regreso a México. 

Podría decir que su personalidad abruma, pero en el buen sentido de la palabra. Es una mujer inteligente, centrada, trabajadora, con fuego en el corazón, sin miedo al futuro. 

Apenas comienza en el arte del buen fumar, y seguro que ahí hay una historia que aún no se escribe ni le ha hecho tomar decisiones radicales, pero no lo descartemos. De entrada, le damos la bienvenida como colaboradora que desde Houston nos estará reportando los pormenores de la actividad tabaquera y el café, además de escribir artículos de opinión, algo que no había hecho antes, algo diferente.