
Marzo siempre me resulta un poco más significativo. Es un momento en el que nos detenemos para celebrar la resiliencia, la pasión y la fuerza serena que aportan las mujeres en cada industria en la que participan. Como mujer que disfruta profundamente del mundo del whisky, este mes me recuerda lo hermoso que es ver a más mujeres moldeando un arte que se ha forjado durante siglos.
Lee en la revista (gira tu dispositivo para mejor experiencia de lectura):
Amantes de los destilados
Mujeres en el alambique
Durante mucho tiempo, el whisky transmitió la imagen de un mundo de hombres: destilerías, almacenes, salas de mezcla llenas de tradición e historia. Pero hoy esa historia está evolucionando y las mujeres están ayudando a escribir el siguiente capítulo.
Una de las voces más inspiradoras de esta nueva era es la de la Dra. Emma Walker, de Johnnie Walker. Su trabajo refleja algo que admiro profundamente: el delicado equilibrio entre ciencia, paciencia e intuición que exige el gran whisky.
Pero un momento que realmente me impactó fue conocer a Rachel Barrie en persona. Escucharla hablar sobre su trabajo con The GlenDronach y Benriach fue más que una simple conversación sobre whisky; fue un recordatorio de que la pasión no tiene límites.
La forma en que describe el carácter del whisky, así como su lenta evolución en la barrica, resulta casi poética. Experiencias como esa te hacen comprender que el whisky es, más que una bebida espirituosa, un arte guiado por la paciencia, el instinto y el cuidado que tantas mujeres aportan a su trabajo de forma natural.
Como alguien a quien le encanta compartir una buena copita, a veces acompañada de un buen puro, me resulta increíblemente inspirador ver a mujeres asumir con seguridad roles que antes parecían inalcanzables. Su presencia no sólo crea diversidad, sino que también profundidad, perspectiva y una nueva energía en la industria.
Así que este mes, al celebrar a las mujeres de todo el mundo, brindo por las que están detrás de los alambiques, quienes dan forma al sabor, preservan la tradición y demuestran discretamente que el gran whisky, como las grandes historias, se enriquece cuando más voces participan.
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