Diana Altagracia Jáquez, Control de Calidad, Corazón de tabaquera

Nacida en Moca, capital de la provincia de Espaillat –muy cerca de Tamboril–, en la región del Cibao de la República Dominicana, Diana Altagracia Jáquez tuvo su primer contacto con el tabaco en 2018, a los 22 años, cuando comenzó a trabajar como despalilladora en la fábrica La Flor Dominicana.

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Recuerda que al principio fue difícil, «porque uno comienza nuevo y aprender es parte de un proceso». Pero con el tiempo se fue adaptando y dominó esa tarea, lo que le permitió ascender e ingresar al área de control de calidad, en la que actualmente se desempeña.

Hoy, también es una de las estudiantes de la Escuela de Tabaqueros instalada en Tamboril por el Instituto Nacional de Formación Técnico Profesional (Infotep), en alianza con la Asociación de Productores de Cigarros de la República Dominicana (Procigar), con el objetivo de formar mano de obra calificada para la industria en la región.

Diana Altagracia dice que decidió tomar el curso de capacitación porque es una actividad que le gusta. De hecho, «allá en La Flor Dominicana cuando hacían escuelita yo siempre entraba. Pero desafortunadamente había situaciones por las que tenía que salirme, porque tú sabes que para uno entrar tienen que cambiar a la gente del puesto en que está y contratar a otra persona. Y entonces muchos no querían».

Pero como a ella esto le gusta y en La Flor Dominicana hay muchas mujeres tabaqueras, «ahora vi la oportunidad de poder serlo y me apunté a los cursos. Porque este puesto es mejor pagado y aprender a hacer cigarros me encanta. Yo digo que esto es lo mío… y quiero llegar a ser una de las mejores.

«A las jóvenes que quieren entrar a esta industria, les diría que se animen. Aprender es muy bueno, porque una sabe de hoy, pero no sabe en qué situación va a estar mañana. Además, conocer nuevas cosas y adquirir conocimientos no pesa; es muy importante porque se puede presentar una oportunidad en cualquier momento y hay que estar preparada».

Diana Altagracia fuma. Recuerda que probó su primer cigarro allá en la fábrica, hace como cinco años. Fue toda una experiencia, porque en esa ocasión se mareó un poco y tuvo que tomar café, pero le gustó. «Ahora yo lo fumo normal y no me trae problemas».

Dice también que a diferencia de antes, cada vez hay más fumadoras, y considera que el tabaco dominicano representa cultura: «Es algo maravilloso, porque una lo vive a diario».

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