Tabaco y Cigarro son dominicanos

El Diputado del Tabaco

Ing. Francisco Matos Mancebo

Desde que el ser humano pasó de la vida nómada a la sedentaria inició un proceso de identificación, sistematización, clasificación y nominación de los elementos de su hábitat. Por tanto, podemos rastrear los primeros pasos de esa hierba santa (Nicotiana Tabacum) que hoy llamamos tabaco, desde que el ser humano la identificó y diferenció. Esta planta anual de la familia de las solanáceas, de acuerdo con investigaciones e inferencias científicas, es oriunda de América tropical y amazónica, más específicamente de Ecuador y Perú.

Cabe destacar que su producción no representa, en modo alguno, el peligro infernal para la salud que preconizan sus enemigos tendenciosos, pues se trata de un activo inapreciable y un regalo para la humanidad. Como todos los elementos de los reinos de la naturaleza –mineral, vegetal y animal– puede usarse para bienestar o malestar. Como activo de la modernidad es generador de riqueza, soporte de multinacionales y destino preferente de leyes impositivas, pero como producto de consumo es universal e inherente a la civilización.

Juzgo imprescindible aclarar que, aunque la planta de tabaco es originaria de Sudamérica, está comprobado que para la producción adecuada y efectiva de las hojas destinadas a la elaboración de cigarros premium, los mejores suelos están en las Antillas Mayores: Puerto Rico, Jamaica y básicamente la República Dominicana y Cuba. Estas dos últimas, las islas principales donde los colonizadores descubrieron su existencia y el uso que los «indios» le daban.

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BREVE HISTORIA

A raíz del descubrimiento de América, los colonizadores españoles fueron los primeros en dar cuenta de la existencia del tabaco al viejo continente. Al llegar a las islas del Caribe, el 12 de octubre de 1492, en Guanahani –bautizada como San Salvador, hoy Bahamas–, tuvieron conocimiento de la existencia de la planta aromática, pues los nativos les presentaron “hojas secas que desprendían una fragancia peculiar”.

Su primera referencia sobre el tabaco fue un par de días después de descubrir la primera isla de San Salvador, cuando Cristóbal Colón explica cómo encontró a un indio en una pequeña canoa, y en ella llevaba “unas hojas secas que deben ser cosas muy apreciadas entre ellos, porque ya me trajeron en San Salvador de ellas”.(1)

El Almirante prosiguió su travesía y el 27 de octubre arribó a la isla de Cuba, que llamaron Juana, y en esa escala encontraron nuevamente tabaco. Está documentado que los marineros Rodrigo de Jerez y Luis de Torres, enviados a explorar tierra firme el 2 de noviembre, vieron por primera vez a los nativos fumar.

El “Diario de Colón” relata: “Hallaron los dos cristianos por el camino mucha gente que atravesaban a sus pueblos, mujeres y hombres, con un tizón en la mano y yerbas para tomar sus sahumerios, que acostumbraban”.(2) Los enviados observaron a los nativos hacer rollos de hojas de palma y maíz “a la manera de un mosquetón de papel” con tabaco dentro, al que uno encendía de un lado y bebía el humo que echaba el otro.

Colón zarpó de Cuba y el 5 de diciembre arribó a Quisqueya, actual isla de Santo Domingo bautizada entonces como La Española, donde desembarcaron por fuerza el 24 de diciembre, tras encallar la carabela Santa María. Fueron bien acogidos por el cacique Guacanagarix, quien les ofreció albergue y dispuso ayuda para rescatar los restos de la embarcación y sus provisiones. Esto sucedió en la bahía de San Nicolás, donde construyeron su primer asentamiento en el Nuevo Mundo, el Fuerte de la Navidad, en alusión a la fecha citada.

Colón y sus hombres permanecieron en el cacicazgo de Marién hasta el 16 de enero de 1493, cuando emprendieron su regreso a España, dejando en el fuerte a 39 de sus compañeros. En la tripulación iba Alejandro de Jerez, quien llevó consigo hojas de tabaco secas y la costumbre de fumarlas: práctica vista en Cuba, pero aprendida en La Española, durante su convivencia amigable.

PRIMEROS INFORMES

El tabaco no ocupó un lugar destacado entre las exportaciones de productos dominicanos a Sevilla durante el siglo XVI, a pesar de que el término “tabaco” aparece como tal desde 1529, y desde La Española se producían las primeras noticias sobre la planta, de su uso por los colonizadores europeos y sus efectos de dependencia entre quienes lo consumían.

El andaluz (y sevillano) Fray Bartolomé Las Casas escribió: “españoles conocí yo en esta isla Española que lo acostumbraban tomar (el tabaco), que siendo reprendidos por ello diciéndoles que aquello era vicio, respondían que no era de su mano dejarlo; no sé qué sabor o provecho hallaban en ello”.(3)

El Tabaco fue, sin duda, el cultivo más difundido de América desde antes de la llegada de los españoles. Hay evidencias de que era sembrado formalmente y domesticado en todo el continente, y aunque su origen se establece en la región amazónica –como se dijo antes–, pasó a los grupos del Orinoco en el sur de la actual Venezuela, y los Arahuacos lo trajeron a las islas del caribe.

Una vez aquí, los Tainos –asentaros básicamente en la isla de Santo Domingo– fue el primer grupo que lo domesticó y convirtió en cultivo regular.

Los europeos se extrañaron mucho porque nunca habían visto a alguien echando humo por boca y nariz, pero no fue el único uso que encontraron entre los aborígenes. Además de aspirar el humo de las hojas secas en combustión, los indígenas también masticaban tabaco, lo aspiraban por la nariz, lo comían en una especie de ensalada, se bebía, lo untaban sobre el cuerpo para combatir enfermedades de la piel, y se usaba en gotas para los ojos y en enemas.

Tenía también usos rituales, como soplarlo sobre los guerreros antes de la lucha y esparcirlo en los campos antes de la siembra; era ofrenda para los dioses, se derramaba sobre las mujeres previo a una relación sexual; se untaba en el cuerpo de las embarazadas, y tanto hombres como mujeres lo consumían como narcótico.

EL VIEJO CONTINENTE

Tras regresar a España y continuar su práctica de fumar tabaco, la historia registra que Rodrigo de Jerez fue denunciado por vecinos y familiares, quienes asombrados al verlo echar chorros de humo todo el día provocaron su arresto por la Santa Inquisición, que lo encarceló durante siete años, ya que “solamente el Diablo podía hacer que un hombre vote humo por boca y nariz”.

En el viejo continente, el hábito de fumar y el uso del tabaco se fue generalizando gracias a los marinos, quienes lo masticaban y aspiraban su polvo. Pero se extendió de tal manera que algunos reyes adoptaron medidas radicales para impedir que la gente lo adoptara.

Prusia, por ejemplo, castigaba al fumador con una paliza, pero si insistía se le cortaba la nariz y finalmente, ante una situación de desobediencia, le degollaban. En Turquía se aplicaba la pena de muerte, y en la Inglaterra del siglo XVI no sólo se prohibió fumar, sino que entre los posibles castigos estaba también la pena capital.

No obstante, bastaron unos pocos años para que los Estados pasaran de las restricciones a fomentar la siembra y estimular el consumo con todos los medios a su alcance –propaganda incluida–, por lo que en toda Europa, Asia (incluyendo el Medio Oriente), África, etcétera, se introdujo el cultivo, sumándose a América entera países como Brasil, entonces colonia portuguesa.

El tabaco fue, es y será un viajero preferente en el carrusel del tiempo, que se ha ocupado de ubicarlo en lugares más respetables. Por tanto, durante su trayectoria histórica los gobiernos advirtieron que podía generar grandes riquezas y se reservaron su comercialización o lo grabaron con impuestos especiales.

EL TABACO ES DOMINICANO

Lo expuesto anteriormente nos ofrece la certidumbre de que los españoles aprendieron la práctica de enrollar hojas de tabaco y fumarlas en la isla de Santo Domingo, y desde aquí se llevaron a Europa incluso sus semillas (lo que se atribuye a Fray Ramón Pané, entre 1510 y 1512).

Resultado de distintas investigaciones, podemos afirmar que en Santo Domingo se estableció la primera plantación en 1533, y entre 1529 y 1531 se exportaron hojas a Sevilla, España. Por tales razones nos sentimos con todo derecho a decir que respecto del tabaco, como se le conoce hoy en día, todo empezó aquí, y por cuanto a su cultivo formal, procesamiento, comercialización y uso, es de origen dominicano.

REFERENCIAS

  1. https://hoy.com.do/el-tabaco-y-los-tainos/
  2. INTABACO. El tabaco negro en República Dominicana: cultivo, procesamiento y manufactura, 2013, en https://www.intabaco.gob.do/transparencia/index.php/publicaciones-oficiales

3 GUTIÉRREZ ESCUDERO, Antonio. El Tabaco de Santo Domingo y su exportación a Cádiz y Sevilla (Siglos XVI-XVIII), en: https://digital.csic.es/bitstream/10261/61449/1/El%20tabaco%20de%20Santo%20Domingo.pdf.