Mil kilómetros a través de Honduras. PARTE III

De Danlí a Copán…

Federico Londoño Mesa*

Al recorrer las zonas productoras de tabaco y algunas áreas de cultivo, incluimos en dos puntos cardinales la visita a distintas fábricas, que a continuación se detallan en orden cronológico.

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Raíces Cubanas

Como todo en la industria comienza temprano, a las siete de la mañana ingresamos a las instalaciones de la fábrica Raíces Cubanas, donde nos recibió Alex, uno de los blenders que nos acompañó durante el recorrido de campo. Mientras subíamos a una sala de juntas, en el segundo piso, ante nuestros ojos se abrió la industria, donde por un lado se descarga el tabaco traído de las galeras, mientras que por otro se seleccionan las hojas, que luego se curan, fermentan, añejan y, por último, se tuercen o rolan por manos expertas de mujeres y hombres.

Sentados alrededor de una gran mesa, café en mano, encendimos el primero de los diez puros que fumamos ese día y conversamos un poco sobre la fábrica, el campo y los procesos estandarizados. Su director nos acompañó entre humos, café e historias, y por la tarde –al regresar de la zona de cultivo– recorrimos las instalaciones, donde observamos la revisión de temperatura de los pilones y su rotación, así como la selección de hojas por corte y variedad, y por último el rolado y torcido.

Aclaro que los espacios que conforman una fábrica no son tres o cuatro, sino muchos más, donde se atiende los diferentes procesos de calidad que permiten otorgar a cada puro la categoría premium: control de calidad, fumigación, freezado, selección, humectación, fermentación, pilonaje, separación, creación o blendeo de cada liga, la doble revisión del tiro en las máquinas Drawmaster (el primero, tras el bonche, y el segundo ya con capa), y las parejas de bonchero-torcedor coordinadas perfectamente, en un proceso de producción desenfrenado, pero articulado y armónico.

Raíces Cubanas es una de las empresas familiares emblemáticas de Danlí, y abarca los procesos de preindustria y fábrica. Produce marcas privadas y propias, en las que se encuentra el año del nacimiento de su dueño,1941. Visitarla fue una experiencia magnífica, pues comprender todo lo que ocurre antes de encender un buen puro, permite valorar el producto adecuadamente.

Óscar Valladares

De la mano de los hermanos Óscar y Héctor Valladares, junto con Bayron Duarte, Oscar Valladares Tobacco & Co. nació en 2012. Óscar había trabajado durante nueve años en Rocky Patel, y Bayron, cerca de dos décadas en General Cigars y Oliva, donde adquirieron el conocimiento y las bases que les posicionaron como una marca en crecimiento que lleva a Honduras por todas partes.

Antes de llegar a la fábrica pasamos al lounge dirigido por Héctor y fumamos un robusto The Oscar Habano, que debajo de la anilla, hacia la perilla, lleva una hoja de tabaco Candela que combina con los colores que identifican a esa línea. La caja, al mejor estilo de la marca, semeja un molde de prensado que deja ver el cepo de los puros y conserva el color natural de la madera de cedro, que con su hermosa veta remata la presentación de un cigarro agradable de fumar.

Desde la preparación del viaje, la comunicación constante con sus propietarios o encargados permitió que nos sintiéramos como en familia. En este caso, el propio Óscar coordinó nuestra visita, y aunque no pudo acompañarnos, sus llamadas y mensajes nunca faltaron.

En la factoría, Katherine nos recibió y acompañó durante una mañana maravillosa. Tomamos el café prometido y entre risas e historias comenzó el Tour del Super Fly, que nombramos así porque me permitieron despalillar y torcer mi primer puro, que tras varios tropiezos logré terminar y luego disfrutar. Sin saberlo entonces, participé en la construcción de un Super Fly de la marca.

Es increíble cómo el Mundo del Tabaco genera camaradería y unión, incluso entre desconocidos. Con Katherine visitamos las áreas de pilones, selección, fermentación y alejamiento, así como una muy ordenada sección de empaque. También nos mostraron una máquina de despalillado en pleno funcionamiento, que según explicaron tiene algo más de cien años de antigüedad.

Ahí comprobamos que la innovación va de la mano con la tradición y la historia. Por ejemplo, cuando las cajas semejan moldes o muestran antiguos templos mayas, e incluso con las anillas de la línea Leaf by Oscar, elaboradas en base a los palillos de las hojas del tabaco, pues muestran que lo disruptivo puede armonizar con la artesanía de los puros elaborados totalmente a mano.

Ferrera Cigars

En Danlí, una ciudad de catálogo y grandes nombres, Ferrera Cigars partió de una familia de tradición tabaquera artesanal y una sociedad que la fortaleció en su momento. Es como una sorpresa oculta a los ojos de muchos amantes del tabaco, que de la mano de Yesser, su CEO y master blender, lanza al mundo puros únicos con un toque de arte e historia, como Diosa Latina, Patrona y otros más, dignos de ser probados, fumados y degustados.

Así como Diosa Latina es una mezcla de varios tabacos con diferentes orígenes, la empresa misma es el resultado de la unión de lo tradicional y lo novedoso con lo artístico y lo sorprendente; un perfecto contrapunteo entre lo esperado y lo inusitado. Especializados en figuras hechas con tabaco y sus propias creaciones para fumar, en sus tierras de cultivo, en Olancho, producen un tabaco Patuca que es raro, escaso y lleno de sabores.

Gracias a las gestiones de nuestros amigos Rolando y Patricia, Yesser nos recibió como a amigos de toda la vida. Abrió el portón y nos guio hasta su despacho, donde conversamos un poco sobre una de sus maravillas: Diosa Latina.

«Este puro representa la unión de todos los países latinos; porque más que un nombre, en nuestra marca buscamos un concepto. Así que quisimos jugar un poco con esa idea y nos atrevimos, pero fue difícil mezclar las nacionalidades en un producto. A veces la combinación de muchos sabores no es tan afortunada, y lograr un buen resultado a partir de lo que queríamos nos llevó un tiempo considerable».

Al preguntar qué lograron combinar, nos respondió que usan tabacos de México, Honduras, Nicaragua, Costa Rica, Colombia y Ecuador, lo que une nacionalidades, perfiles y a su gente. El tabaco ha logrado lo impensado en ámbitos como la política: una mezcla de sabores que conviven tan bien, que hacen pensar que es posible cerrar los ojos y despertar en un mundo en armonía.

Con Yesser recorrimos su fábrica, su cuarto de añejamiento, fumamos una calilla de tabaco Patuca que él mismo torció, y prometimos volver para compartir un café, un puro y tiempo… a conversar largamente durante una tarde, sin más preocupación que estar en compañía… el mejor maridaje.

Rocky Patel – Plasencia

La primera sorpresa al llegar a Rocky Patel fue encontrar también, a su entrada, el nombre de Plasencia, entendiendo que la historia de ambas empresas se cruza y corre en paralelo por la historia del tabaco.

La fábrica es inmensa y ordenada. Sus procesos están estandarizados de manera tal, que funcionan al compás de un tic-tac perfecto. Cada pareja de bonchero y torcedor produce, en promedio, unos 450 cigarros diarios, según la asignación de línea, vitola y tabaco: desde pequeños puros saborizados hasta alguna otra de sus 52 referencias, la variedad es tal, que en algún punto de nuestra vida de fumadores un Rocky nos alegrará la velada.

Por ejemplo, si eligiéramos una de sus líneas por semana, podríamos terminar el año sin repetir puro.

Así que, definitivamente, entrar a la fábrica es toda una experiencia. Un recorrido de algo más de una hora nos dejó en claro por qué mantienen una producción anual de más de 18 millones de puros; cifra nada despreciable para una factoría que busca mantener su mercado. En ello intervienen unas mil parejas de bonchero y torcedor que elaboran sus productos.

Maricza Alvarenga y Brenda, su colaboradora, nos guiaron por ese mundo inmenso de buen tabaco y sonrisas, explicando pacientemente cada paso del proceso, sus horarios, volúmenes y la forma en que mantienen la calidad… un trabajo arduo, responsable y organizado.

La Flor de Copán

Recorrimos más de 500 kilómetros en automóvil hacia el occidente del país. Llegamos a Santa Rosa de Copán de noche, lloviendo, casi sin luz y agotados. Comida casera, agua, un par de cervezas y una buena provisión de tabaco nos mantuvieron desde muy temprano, mientras avanzamos por las calzadas, con tramos sin asfalto y algunos montículos que nos invitaban a detener la marcha.

Cruzamos caminos y extraviamos la ruta correcta, que finalmente recuperamos gracias a la guía –a distancia– del padre de Patricia. Dimos marcha atrás unos kilómetros, para tomar un camino un poco más largo, pero seguro. Nos turnamos para manejar y paramos a comer algo más. Historias fueron y vinieron hasta llegar, dormir un poco y madrugar nuevamente para visitar La Flor de Copán, la fábrica más antigua y organizada del país.

Nos esperaba Helmer, gerente y master blender, quien nos habló de cómo, gracias al licenciado Jorge Bueso, nació esta factoría conocida mundialmente. Casa de las Duplex, del War Hawk, de Gispert y Henry Clay, entre otras marcas, no tiene par –al menos en Honduras–, pues su historia, trayectoria y calidad están respaldadas por certificaciones y constante actualización y entrenamiento. Es una muestra de cómo una actividad artesanal puede estandarizarse y mejorar.

En asociación con un grupo de cosecheros, en 1966 Bueso estableció Tabacos de Honduras SA de CV, empresa dedicada al cultivo, curado y procesamiento de tabaco para exportación. Pero con el afán de obtener un buen puro hondureño, diez años después surgió la fábrica La Flor de Copán, que tras crecer y consolidarse fue adquirida por transnacionales como Consolidated Cigar Co. (posteriormente Altadis), e Imperial Tobacco Group. Desde 2019 pertenece al Grupo Tabacalera.

Todo su personal cuenta, al menos, con una certificación White Belt para mejoramiento de procesos administrativos e industriales, lo que se evidencia en las diferentes secciones de la factoría. Existen líneas divisorias en cada dependencia y caminos guiados, tanto para personas como para maquinaria.

Con una producción de más de 18 millones de puros al año, 3.5 millones de la marca propia, Flor de Copán, hablamos de una empresa fuerte en un mercado creciente. Sus puros, con sello premium, son muestra de confianza y calidad… Porque una cosa es que determinada liga pueda no gustarnos, y otra muy diferente que no provengan de una compañía con altos estándares.

Pregunté a Helmer sobre el personal de Danlí en la fábrica, y confesó que tiempo atrás llegaron algo más de 100 personas, pero «no dieron la talla». Esto evidencia la diferencia de criterios en cuanto a industrializacion y producción entre las zonas tabaqueras de oriente y occidente del país, aun cuando existen una comunicación fluida y proyectos comunes.

Por último, es importante mencionar que, aunque obtienen capa de su vecina Plasencia, producen su propio tabaco en Santa Rosa de Copán, a una altura de entre mil y mil 500 metros sobre el nivel del mar; algo diferente al resto de la industria, que por lo general planta entre los 500 y 900 metros de altura.

*Abogado colombiano, Especialista y Máster en Derecho Procesal, Habanos Junior certificado por Academia Habanos y Cigar Sommelier certificado por la International Association of Cigar Sommeliers (IACS).