
Durante una visita más a la República Dominicana hemos podido comprobar –de primera mano–, que los esfuerzos por innovar y mejorar a la industria tabacalera no están sólo en las grandes compañías, que han sido punta de lanza para llevar y popularizar los productos de este país en el mundo. Desde las fábricas modestas y/o de creación reciente también se impulsan los cambios que este sector vivirá en los años venideros.
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Por ejemplo, escuchamos a productores boutique hablar sobre el rescate y utilización de semillas dominicanas tradicionales a las que se tiene acceso limitado y aún más, hay quienes las consideraban perdidas. Se trata de especies de tabaco como Quin Díaz y Carbonell, que se habrían logrado conservar y bien pudieran incorporarse a las nuevas ligas o mezclas de los cigarros dominicanos emergentes.
Hay también quienes nos hablan de sus propios emprendimientos no sólo en cuanto a la manufactura de cigarros, sino por la siembra de una materia prima que les garantice tanto calidad como consistencia. Y para ello mencionan el uso de tecnología que les permitiría mantener las mejores condiciones para la producción de sus tabacos, bajo el principio de que el rendimiento de los cultivos, en cuanto a volumen, no es su prioridad.
Otra arista del tema es el desarrollo de la zona sur del país, donde de acuerdo con personajes como don Eladio Díaz –uno de los Maestros de Liga dominicanos mayormente acreditados–, se desarrolla un proyecto modelo para la siembra de tabacos de alta calidad. Él sostiene que al disminuir las superficies de siembra en la región de El Cibao, producto de urbanizaciones e industrialización, el futuro está ahí.
Sostiene que las condiciones de humedades, pH de las tierras y otros factores medioambientales permiten la obtención de tabacos con «sabores incomparables», así como de una excelente capa netamente dominicana. Algo muy ansiado entre los integrantes del sector, quienes tradicionalmente la han importado de países como Ecuador, Nicaragua y México.
En el camino hacia la producción de puros totalmente dominicanos se han dado algunos pasos, como es el caso de La Aurora ADN Dominicano, que además de capa nacional lleva Andullo –obtenido bajo el proceso de tabaco más antiguo del país–, aunque su mezcla incluye variedades de otra procedencia. La explotación agrícola de la zona sur permitiría cumplir cabalmente este viejo anhelo.
En fin… que en la República Dominicana se avizora un futuro prometedor para la industria del tabaco, en el que posiblemente se pueda hablar de una marca-país inclusiva con la que –desde distintos frentes–, tanto los grandes como los pequeños productores consoliden su conquista de los mercados internacionales. Porque aquí, como dicen todos ellos con orgullo, se producen los mejores tabacos y cigarros del mundo.






