La Prueba del destilado

ROBLE Y TABACO

Diego Urdaneta

Cuando traducimos mal la palabra Proof, del Inglés, terminamos con algo que describe “prueba”, pero cuya traducción debería estar más relacionada con el probare, del Latín. Rezaba un discurso de Oliver Cromwell a sus tropas, justo antes de la batalla de Edgehill, en 1642: “Pongan su confianza en Dios y su polvo en seco”. Nuevamente se trata de una mala traducción y probablemente nunca haya dicho eso, pero son palabras que no carecen de valor.

Lo que mencionaba como polvo, en este caso es pólvora, y mantenerla seca era muy importante porque uno de los químicos más importantes para la detonación era el nitrato de potasio, soluble en agua. Así que, cuando la pólvora se mojaba mucho, no haría ignición, lo que impediría disparar el cañón o el mosquete. Sin embargo, el nitrato de potasio no es soluble en alcohol, y aquí es donde se encuentra su relación con los destilados y sus botellas. 

En la Inglaterra del siglo XVI, a los destiladores de licor se les exigía que crear productos con potencia, no sólo para dar a los consumidores algo de valor por lo que pagaban, sino también por temas de impuestos, ya que el impuesto tenía por base el contenido alcohólico de la bebida.

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En aquella época la prueba más sencilla de que un destilado tenía alcohol era prenderle fuego, y entendiendo que el alcohol puro es bastante inflamable, su dilución en agua o combinación con otros líquidos reduciría esta cualidad. A temperatura ambiente, un líquido que tenga 50 por ciento o más de alcohol (Over Proof) puede mantener una llama, pero si tiene menos (Under Proof), no se debiera encender. Para fines fiscales, el término mantener la llama se fijó en 100.

La descripción contenida en el párrafo anterior no era algo exacto, y de ahí el uso de palabras como “puede” y “debiera”, y eso es importante porque la ignición del alcohol es afectada por la temperatura. Es decir, este método para probar el contenido alcohólico o su capacidad de encender no era una ciencia exacta.

En el siglo XVIII, según cuenta la leyenda, los miembros de la Marina Real Británica encontraron otra manera –mucho más segura– de probar el contenido alcohólico del ron; algo muy necesario si tomamos en cuenta que los barcos eran de madera y también cargaban pólvora.

La prueba consistía en remojar la pólvora en el ron y luego tratar de encenderlo. Como mencioné antes, el nitrato de potasio no es soluble en alcohol, y eso –combinado con la capacidad del alcohol de prender fuego– se traducía en que la pólvora podría encender en un mosquete o un cañón, supuestamente, si el ron tenía un mínimo de 57 por ciento de alcohol.

Estas pruebas no se hacían tanto con fines fiscales, sino para garantizar que el ron que recibían como pago tuviera la potencia necesaria. Hoy en día, el ron o la ginebra marcados como Navy Proof u Overproof deben tener al menos 57 por ciento de alcohol por volumen, aunque a veces lo superan.

Originalmente, el sistema del Proof británico no equivalía al doble del contenido alcohólico, pero en la década de 1810, cuando las pruebas ya eran más fehacientes, un destilado con 100 proof tenía 57.06 por ciento de alcohol. Algunas décadas después, el sistema de Proof de Estados Unidos estandarizó sus unidades, para ser exactamente el doble del porcentaje alcohólico.

En nuestra época, el contenido alcohólico es indicado casi universalmente como ABV/APV, que quiere decir alcohol por volumen. Pero la mayoría de los whiskies y rones del mundo todavía muestran el Proof en su botella. Aunque esa medida no es requerida siquiera en Estados Unidos, simplemente se mantiene por tradición.

Y si hay algo que nos gusta a quienes fumamos y tomamos destilados es respetar las tradiciones.