La pipa y los mundos imaginarios

BIIBA CLUB

Francisco Vidrio Amor

En un artículo anterior se mencionó esta afición al té y al tabaco por parte de los ingleses, una tradición forjada con base en dos productos foráneos. Es inevitable, dada esa referencia británica, hacer ahora un reencuentro con The Inklings –Los Indicios, en español–; un grupo de escritores ingleses, todos profesores de Oxford, quienes se juntaban a fumar sus pipas y beber cerveza mientras hablaban de sus creaciones.

Los citados autores no son menores, por su importancia. Encabezaba al grupo el afamado J. R. R. Tolkien, además de C. S. Lewis y G. K. Chesterton. El primero, autor de la saga El señor de los anillos, era aficionado al tabaco Capstan y a las pipas Dunhill. Nacido en Sudáfrica, se mudó a Londres desde su niñez y era un fumador a lo grande, al igual que su gran amigo irlandés, el creador del mundo de Narnia, con quien solía juntarse en algún Pub la ciudad de Oxford para hablar de su pasión por la literatura medieval y sus mundos imaginarios.

A ellos se unía el novelista que dio vida al Padre Brown, un sacerdote católico-detective que sobre todo comprende la naturaleza humana, y a través de esta habilidad resuelve los crímenes más increíbles.

Lee en la revista (gira tu celular para una mejor experiencia de lectura):

 

Si usted, como yo, no conoce Oxford, es bueno explicar que se encuentra a escasos 83 kilómetros de Londres y su arquitectura se ha conservado desde el siglo XIII, ya que es ante todo una ciudad universitaria que gira en torno de su máxima casa de estudios.

Con poco más de 150 mil habitantes, su población incluye a un grupo muy importante de estudiantes y profesores, lo que otorga a la ciudad un aire intelectual, pero con la familiaridad de un pueblo. Los Pubs, por ejemplo, suelen ser jardines de casas particulares, y de hecho el primer café en Inglaterra –tienda que vendía café para beber– surgió en Oxford.

Se trataba de la casa de un inmigrante turco, quien instruyó a su sirvienta en el arte del café para que todas las mañanas preparara este elixir, completamente ajeno a los oxoniense, y que tuvo a bien empezar a vender desde una ventana de la cocina que daba a la calle. Posteriormente agregó algunas mesas a su patio, dando origen al concepto de Café. Algunos vecinos copiaron el concepto y abrieron sus casas para ofrecer servicios de desayunos durante la mañana y de Pub, por la tarde.

En ese ambiente, lleno de intelectualidad por un lado y tan familiar, por otro, no es difícil imaginar a los tres amigos, miembros del Claustro de la afamada universidad, departiendo una tarde con cervezas y pipas, así como el transcurrir de las horas mientras hablaban sobre Gandalf, el Príncipe Caspian o El hombre que fue jueves. ¿Cuánto habrán contribuido esas charlas en sus versiones finales, y cuánto, entonces, debe la humanidad a esas pipas humeantes que en sus movimientos caprichosos dieron forma a los mundos imaginarios de tan ilustres escritores?

Por cierto, existe un libro de Humphrey Carpenter que lleva por título The Inklings, y que cuenta la historia detallada de este grupo. Bien puede valer la pena echarle un vistazo y aprender un poco más sobre la vida en Oxford y el trabajo académico y creativo de sus integrantes. Además de los datos biográficos de vidas apasionadas, en las que sin duda alguna la pipa es un factor fundamental, y finalmente leer la obra de los autores antes citados.

Llegado este punto, me retiro a prender mi pipa y deleitarme con las páginas de una aventura en La Tierra Media, en Narnia, o quizá en medio de la Estación Victoria, no sin antes recomendar nuevamente a cualquiera de estos escritores. Por lo pronto, seguiremos luchando por recuperar espacios –a la usanza de los Pubs oxonienses–, para que podamos reunirnos a fumar, conversar y quizá dejar, después de ello, un legado a la humanidad.