Hoja de Quisqueya, la unión de dos mundos

Raúl Melo

Para David Martín Serrano y María Esther Carabias Castro, el disfrute del tabaco siempre representó un momento especial, ya fuese durante una boda, en la plaza de toros o compartiendo con amigos; fumar ha sido una actividad recreativa que se convirtió en pasión y en el punto de encuentro que –junto a sus hijos, Fernando y Esperanza– amalgama un matrimonio emprendedor que inicia su camino por el Mundo del Tabaco.

Entre un mar de opciones para nombrar a su línea debut –algunas ya registradas y otras sin la fuerza necesaria– la pareja se decidió por Hoja de Quisqueya, una marca que en apenas tres palabras expresa la esencia de su cigarro, enmarcando sabor, herencia, tradición y elegancia; un encuentro de dos mundos –taíno y castellano– de la mano de España y la República Dominicana, por y para el disfrute del tabaco.

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Una pareja, un equipo

David Martín Serrano nació en Salamanca, Castilla y León, como último hijo de una familia de siete y una interminable lista de primos, primas, tías y tíos. Su preparación académica llegó hasta el nivel secundario, pues desde los 19 años se incorporó a la educación empírica dentro de la empresa familiar en el ramo del transporte terrestre.

Entre 2012 y 2013, inmerso en la vida del comercio y los negocios, se involucró en la importación de carbón vegetal de Cuba y la compra-venta de otros productos alimentarios, encendiendo una afición que, una década después y tras visitar la República Dominicana, le llevaría a incursionar en la industria del tabaco premium.

Para David, un Vega Fina –el típico cigarro de boda– marcó su iniciación como fumador, y aunque no guarda recuerdos particulares, sí atesora los sabores y aromas de un futuro Montecristo Número 3. Pero en paladar no puede olvidar la experiencia brindada por el primer cigarro que probó en la tienda de Martín Cornelio, en La Romana, República Dominicana: “Era un cigarro sin anilla que me tuvo pensando en él todo el día. Pudo ser un Flor de Bayahibe o cualquiera otra de las creaciones que caracterizan a nuestro master blender”.

Por el otro lado, María Esther Carabias Castro nació en Avilés, Asturias, en el seno de una familia muy pequeña, siendo hija única y con apenas un tío por parte de cada uno de sus padres. A los 25 años dejó su tierra natal para trabajar en Madrid, la capital, siguiendo el ejemplo de sus abuelos, quienes bajo la cultura del esfuerzo llegaron hasta Asturias para prosperar.

Ella estudió Administración y Dirección de Empresas en la Universidad de Oviedo y complementó su formación profesional con una residencia de un año en Dublín, Irlanda. En 2008 se inició en el mercado laboral como empleada de Deloitte, S.L., en el ramo de la auditoría y la consultoría.

Durante diez años se especializó en el sector bancario y para 2018 decidió dar un giro a su carrera hacia el sector de seguros, laborando para la segunda empresa más grande del ramo en España. En 2025 dio un segundo giro –que proyecta como el definitivo–, para dedicar su tiempo a impulsar Martín Diego Cigars, la empresa familiar con la que lanzan Hoja de Quisqueya y desarrollan un par de proyectos más.

Respecto del tabaco, en casa de su abuelo materno siempre había un recuerdo de Don Eloy fumando un Farias, mientras que para ella, al igual que para David, un Montecristo Número 3 encendido junto a Juanjo, un compañero de trabajo, fue una de las primeras piezas en tocar su paladar.

En 2022 y para celebrar el cumpleaños número 40 de David, María Esther organizó un viaje a Punta Cana, en la República Dominicana: “Fue un regalo, de esas cosas que se hacen once in a life para celebrar a lo grande”. Cuando hacía planes contemplaba también Miami, Nueva York o Panamá, pero el destino les tenía preparado algo en Quisqueya, el nombre taíno para la República Dominicana.

Así, llegaron a Punta Cana para vivir las vacaciones de su vida y lo que encontraron, además de sol, playa y arena, fue un pequeño establecimiento de venta y rolado de cigarros donde un señor de nombre Faustino enganchó a David con la idea de la compra-venta de tabaco.

Los negocios son cosa de David, quien continuamente está pensando en cómo emprender algo nuevo, mientras que María Esther actúa como su complemento para tomar y ejecutar las decisiones, de entre una variedad de proyectos que surgen de su cabeza.

A finales de 2023 la idea tomó forma, llegando a su par de blends actuales, con base en la factibilidad de la inversión y la confirmación de su pasión. “Creemos firmemente en que aportamos algo al desarrollo y promoción del cigarro dominicano, y por eso elegimos un nombre tan íntimo para la cultura local”.

David y María Esther se conocieron durante una boda en Salamanca –donde ahora tienen su residencia familiar–, iniciando una historia que al día de hoy suma 19 años de trabajo en equipo.

Martín Cornelio, casualidad

Alimentado de su curiosidad por la industria y una afición creciente a los cigarros, David se dio a la tarea de buscar a alguien que le ayudara a cristalizar su deseo de dar con lo que denomina El Cigarro Dominicano. “Era obvio que en la Internet podía encontrar a La Aurora, La Flor Dominicana o Arturo Fuente, pero ésas no eran opciones para que me elaboraran una marca”, recuerda David.

Finalmente y por casualidad, el encuentro con Cornelio Cigars Factory se dio vía Facebook, red social que utilizó para mantener contacto con un empleado de la tienda, y como después vino el envío de muestras que debido a la burocracia aduanal no lograban llegar a su destino, en diciembre de 2023 la pareja tomó la decisión de volver a Dominicana para continuar las gestiones personalmente.

Aunque es un trayecto corto, su viaje de Punta Cana a La Romana fue peculiar, viviendo la experiencia de la cultura vial local, con un conductor que les llevó a toda velocidad. Cuando llegaron a la fábrica, a David –quien bajó pálido del auto– no le apetecía fumar, pero la sentencia y personalidad de Martín Cornelio no le dieron alternativa: “Yo no puedo hacer un cigarro para alguien que no fuma”, les dijo. Así que, tras una taza de café y el primer cigarro, David no sólo se relajó… se enamoró.

De regreso a España llevaron consigo distintas muestras, para decidir cuál era la mejor opción para comenzar el camino hacia sus blends. Conforme pasó el tiempo cambiaron capas y formatos, hasta llegar a la línea actual.

En aquel 2023, David y María Esther no sabían nada sobre la figura de Don Leo Reyes, aunque Cornelio les había explicado ciertos aspectos de su posición en la industria. Fue a partir de 2024, gracias a visitas constantes a su casa, cuando todo cambió. “Conocer a Leo ha sido toda una experiencia, es alguien a quien le encanta su trabajo y puede estar horas hablando de tabaco. Que él diga que le gusta tu blend es una inyección de energía para seguir adelante”, dicen.

El master blender

Una vez convencido de querer trabajar con David y María Esther, luego de haber enviado muestras y escuchado sus apreciaciones y objetivos, Martín Cornelio sabía que la ligada debía tener un marcado estilo europeo. “Allá son fumadores, saben apreciar los aromas y sabores por arriba de las fortalezas, y eso es lo que quise hacer”.

El master blender relata que de acuerdo con la libreta en la que registra cada una de sus creaciones, el proceso para llegar a Hoja de Quisqueya inició con la ligada número 108732, a la que se fueron haciendo variaciones con base en el gusto de la pareja.

Se trató de un periodo de más de un año de peloteo realizando variantes y muestras hasta alcanzar el resultado final: un cigarro suave, con sabores, aromas y muchos matices. “Tiene un perfil similar al de Flor de Bayahibe, con su variante de tabaco Carbonel a Quin Díaz, que aun cuando provienen de la misma semilla, al cosecharse en otras tierras son variedades distintas. El Quin Díaz es de más aromas, más sabores, más dulzor. Es un misterio que sólo los indígenas conocen”.

El trabajo de Martín Cornelio, para todos sus cigarros, se sustenta en tabacos de alta calidad proveídos por Don Leo Reyes; hojas con procesos de añejamiento de hasta seis años. “Yo sabía dónde estaban guardados los mejores tabacos, así que los fui a buscar y los compré. Es un producto que casi nadie usa y entonces lo aprovecho yo”.

Antes de salir de la fábrica, los cigarros con los que Hoja de Quisqueya hizo su presentación en Alemania, durante la feria comercial InterTabac 2025, tuvieron un proceso de guarda de medio año, y el tiempo se seguirá sumando al lote hasta el envío de la producción total.

Cornelio afirma que los materiales con los que Leo comercia están asegurados, así que no se trata de una mezcla de edición limitada, sino de ligas con futuro. “Yo no uso semillas extrañas porque después no aparecen y tengo que hacer malabares para conseguir o corregir el blend”.

Los tabacos presentes en cada pieza de Hoja de Quisqueya provienen de Peñuela, una tierra de Mao donde se siguen sembrando y sólo cambiarán dependiendo del tiempo. “Pero nada relevante. Con mucho sol sube la fortaleza y con agua, baja, pero los aromas y notas se mantienen igual, y eso es lo que uno busca”.

Hoja de Quisqueya

Convencidos de que la ruta a seguir era la de incursionar en la industria del tabaco premium, David y María Esther encargaron a Cornelio la elaboración de los cigarros, mientras que ellos buscaban el nombre, el registro y hacían todos los trámites necesarios para comenzar.

La idea original del nombre resultó ser una marca registrada de origen español, mientras que todas las demás opciones también estaban ocupadas en otros países. Pero no se rindieron y finalmente concretaron una opción con mucha identidad: Hoja de Quisqueya.

Hoja de Quisqueya es una línea que abarca dos blends y formatos:

Serie 1, un Toro con capa Corojo, y Serie 2, un Robusto en capa Habano 2000; un cambio mínimo que define un par de fumadas muy diferentes, pues mientras que en el primero se presenta una fortaleza media con intensidad de sabor, en el segundo prevalece una intensidad más baja, con ligeras notas apimentadas y gran sabor en boca.

Bajo estas dos distintas capas, los cigarros contienen un capote HVA y tripa con base en las variedades Quin Díaz, Criollo 98 y Piloto Cubano.

Durante las pruebas, David y María Esther pasaron distintos sabores en boca, hasta obtener un cigarro que se aprecia durante los tres tercios, manteniendo la sabrosura y la cremosidad en el aftertaste. “La fortaleza no tiene que estar reñida con el sabor. El cigarro tiene que ser mi amigo, no mi enemigo”, afirman.

Pies sobre la tierra

La pareja siempre tuvo en claro que la presentación de su marca debía ser en una vitrina de talla internacional. Originalmente pensaron en comenzar en los Estados Unidos, tal vez en la Total Product Expo (TPE) o en la feria comercial de la Premium Cigar Association (PCA), pero la presentación sucedió en la reciente InterTabac, la feria tabaquera más grande de Europa. “El mercado es global y es inevitable que así lo sea. España iba a ser el último país de entrada, pero al final irá a la par del resto; será un todo a la vez”.

Consideran tener “los pies en la tierra”, aun cuando su expectativas tras la feria se superaron con creces, sabedores de que los resultados vendrán en el futuro. “Tenemos que dar a probar y a conocer el producto, es la única manera en la que el público se dará cuenta de lo que este esfuerzo vale”.

El punto de partida fue Alemania y el proceso llevará tiempo, pero las negociaciones se han extendido hacia distintas latitudes, incluida la propia República Dominicana. “No vamos a correr, porque sabemos que somos una marca nueva, pero esperamos buena aceptación”.

Como personas trabajadoras, criadas bajo la cultura del esfuerzo y con un par de niños aguardando por el legado, su sueño es poder vivir del tabaco, sacar adelante la marca, crear más vitolas y pensar a lo grande. “Tener sueños es fácil, pero el día a día es el que pesa. Sin embargo, tras nuestra experiencia en Alemania, sentimos una satisfacción bárbara al escuchar a tanta gente decir cosas buenas sobre nuestro cigarro”.