
El 14 de noviembre de 2016 la vida de don Eladio Díaz dio un giro inesperado, al sufrir un accidente cerebrovascular que le mantuvo en coma durante 22 días. Pero tras una recuperación total que los médicos calificaron como «un milagro», este renacimiento le permitió –alentado por su familia–, dejar atrás casi media vida, durante la que creó más de 4 mil ligas y cigarros icónicos del Mundo del Tabaco, para erigir su propia empresa.
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Con renovados bríos, desde la Tabacalera Díaz Cabrera este hombre de memoria prodigiosa construye el legado para sus hijos y continúa innovando, al explorar tabacos nunca antes usados en la República Dominicana. Las musas siempre están ahí, dispuestas, para buscar complacer a los paladares más exigentes. ¿Cuál será su mejor cigarro? Seguramente, como él responde: «El que aún no nos hemos fumado…».

Segundo entre un total de 18 hermanos, don Eladio Díaz nació en Santiago, República Dominicana, un 28 de mayo de 1953. Hijo de un cosechero de tabaco, a los cinco años recibió un machetito con el que se ponía a desyerbar la parcela paterna, en los terrenos que hoy ocupa la Zona Franca. También –recuerda– recogía los gusanos de las plantas de tabaco y cuando llenaba una lata recibía a cambio cinco centavos. Fue su primer trabajo pagado en la cadena productiva de la industria.
Cuenta que al lado de su casa había una pequeña fábrica con seis tabaqueros, y un día su mamá le dijo: “Es bueno que tú empieces a trabajar”. Así que antes de cumplir siete años comenzó a limpiar el taller donde luego aprendió a despalillar y a hacer todas las cosas menores. Aportaba su sueldo a la familia, y de diez centavos semanales, sólo uno era para él.
Más grandecito salía a vender los cigarros del taller en los colmados, pues de eso dependía pagar al personal. De aquel tiempo, no olvida la ocasión en que don Francisco Viloria lo puso a clasificar capa por colores, y al ausentarse le advirtió que no diera material a nadie. Cuando el maestro regresó lo encontró llorando, porque un trabajador llamado Domingo, ante la negativa, le dio una galleta. «Panchito traía siempre un puñal, y se enojó tanto, que si el tabaquero no sale corriendo lo hubiera atravesado ahí mismo».
A los doce años Eladio ya hacía cigarros, pero desarrolló tal habilidad que a los 15 se fue a Tamboril, donde elaboraba de mil a mil 200 piezas diarias en la fábrica La Fe de la Victoria. Aunque eran puros corrientes que en las pulperías valían cinco centavos, en 1969 –cuando el salario mínimo era de nueve pesos semanales–, él ganaba diez pesos al día: «más que papá… y ese dinero iba a donde mi madre, para coadyuvar con los gastos».
EL MUNDO DA MUCHAS VUELTAS
Cuando la Zona Franca de Santiago comenzaba, en 1974, un joven Eladio se acercó a Dos González Cigar, donde sin mediar prueba alguna el capataz lo rechazó porque ahí se hacían cigarros finos, no gruesos. Entonces buscó al dueño de la fábrica, don Efrén González, quien al ver su interés mandó preparar una mesita fuera del bloque de galeras, le explicó cómo armar una vitola de 5.75 pulgadas, cepo 39, y le pidió llenar cinco moldes.
Dice que tardó más de siete horas en terminar las 47 piezas, y al día siguiente –ya en la galera–, manufacturó «empuño y pegados» 200 cigarros de 7.5 pulgadas, cepo 50 –formato que desconocía–, que el mismo dueño revisó y calificó de perfectos. «Ese primer rechazo fue muy significativo, porque al no dar mi brazo a torcer pude desarrollar el potencial que tenía».
Desafortunadamente la fábrica cerró y Eladio estuvo durante dos años en Manufactura de Tabacos, SA (Matasa), con don Manolo Quesada. Entonces, la Compañía Anónima Tabacalera (CAT) lo buscó para que a partir de 1978 dirigiera una filial en el renglón cigarros, la Compañía Tabacalera Santiaguense (Cotasa), justamente la fábrica que don Efrén González había vendido.
«¿Por qué se fijaron en mí? No lo entendía. Tenía condiciones como buen tabaquero y ganaba en la mesa como 80 pesos en ese tiempo… A los 25 años me tocaba estar al frente de la fábrica donde empecé cuando no sabía hacer cigarros, vitolas y todo eso… No cabe duda de que El mundo da muchas vueltas».

EL ACTIVO MÁS IMPORTANTE
En Cotasa se produjeron marcas como Griffin’s y Pléyades, que eran internacionales. Pero al tratarse de una empresa del Estado que podría colapsar en cualquier momento, cuando en 1983 Hendrik Henke Kelner –entonces administrador general de la CAT– le propuso lanzarse a la aventura de poner una fábrica, Eladio aceptó: «Debíamos avanzar».
Un grupo de cerca de diez personas conformó la sociedad que el 16 de febrero de 1984 puso en marcha Tabacos Dominicanos (Tabadom), que arrancó con siete tabaqueros. Nunca tuvieron marca propia, pero iniciaron con Cerdán, propiedad del español Juan Cerdán Soto, cuyas líneas incluyeron los cigarros Juan Carlos, Geihord, Puritano, Chambelain y Don Juan, entre otros.
Pronto llegaron Tropical Tobacco Inc., compañía del señor Pedro Martin asentada en Florida, y la marca Ashton, mientras que Griffin’s «siguió con nosotros». Como responsable de la producción, del control de calidad y de crear las ligas, «confiaba en que Dios había guiado mis pasos. Además, como tabaquero conozco la idiosincrasia de mi gente y sé que lo más importante es el trato, porque el mayor activo de una empresa es su personal», afirma.
En 1985 se acercó a Tabadom el famoso compositor y músico de jazz Avo Uvezian, quien les compró 500 cigarros y los vendía encima de su piano en San Juan Puerto Rico, donde tocaba en el resort Palmas del Mar. «Cuando Davidoff llegó con nosotros, en 1988, la marca AVO Cigars –que ahora le pertenece– vendía 2.5 millones de cigarros en Estados Unidos».
DON ELADIO SALE A LA LUZ
Eladio formaba una liga para Griffin’s cuando Ernst Schneider, fundador del Grupo Oettinger Davidoff dijo que quería fumarlo. Le encantó, y en 1988 concretaron el trato para producir 3 millones de unidades. La marca se lanzó oficialmente dos años después, en Nueva York, y fue el cigarro dominicano más caro en Estados Unidos. Como su precio superaba en más del doble al resto, todo mundo auguraba un fracaso, pero elevar los precios les dio valor a otras compañías, que también los subieron.
Con el boom, de 1993 a 1997, Davidoff buscó duplicar su producción, pero él se opuso por lo que llama El orden de las tres «C»: Calidad, Consistencia y al final Cantidad. Como Master Blender, fue quien comenzó a elegir tabacos por zona, variedad y grado, para combinar hasta siete u ocho elementos distintos en un mismo cigarro.
El resto es sabido… En 2001 Grupo Oettinger compró Tabadom (ahora Tabadom Holding Inc.) y don Eladio permaneció como empleado de la compañía que ayudó a fundar. Personalmente salió de la sombra gracias a la creación de cigarros emblemáticos, como Oro Blanco, que ideó para celebrar su 60 aniversario, del que Davidoff vendió más de 30 mil unidades hasta en 500 dólares cada una.
Finalmente, 37 años y 3 mil 500 ligas después, salió de la empresa… Cerca de cumplir 65 años, tras sufrir y recuperarse de lo que su esposa, Griselda Cabrera, denomina «el evento», don Eladio le hizo caso a su Reina –como él le llama–. Ella se encargó de todo lo necesario para que en enero de 2022 entrara en operación la Tabacalera Díaz Cabrera, en la que también participan sus hijos Héctor José, Alexander y Emmanuel.

LA HISTORIA DE SU VIDA
«En realidad nunca pensé en tener una fábrica –continúa don Eladio–, porque tenía mucho apego con la que ayudé a crear… Pero allá era un empleado más y no vieron lo que en realidad representaba para la marca. Así que debemos apoyar a la familia, dejarles un legado y hacer algo todavía mejor… Yo puedo, porque las musas siempre están ahí, dispuestas para mí (sonríe)… y la fábrica sigue viva».
De acuerdo con lo que su esposa dice: «Nadie nace grande ni corriendo», la empresa familiar que ella dirige comenzó produciendo marcas privadas. Pero también han surgido algunos cigarros propios, como Before & After –de su línea regular–, cuya anilla lleva dos fotografías de don Eladio: una de cuando fue jefe de fábrica, con 25 años, y otra a los 70. «Antes era un número, ahora soy el dueño», afirma.
También el de su 70 Aniversario, que se exportó a Alemania y que no es producto de la casualidad. Todo, en relación con múltiplos o sumas del número 7: Era 2023, cumplía 63 años en la industria, nació el día 28 y el evento sucedió el 14 de noviembre del 16. Así que hizo un cigarro de cepo 52, con 7 pulgadas e igual número de tabacos. Fue una Edición Limitada a mil 400 cigarros, en cajas con 14 piezas y cada empaque costó 14 dólares. Por si faltara algo, el producto se lanzó justo siete años después del incidente.
Hoy, en Tabacalera Díaz Cabrera se materializa la historia de su vida. Pronto saldrá al mercado la Edición Limitada LXXI Aniversario, firmada sobre una doble anilla con letras y bordes dorados. Contiene tabacos nunca antes usados en el país; una combinación de sabores fuera de lo común, pues definitivamente nadie espera que un cigarro cualquiera salga de sus manos. «Hacer cantidad no existe aquí, sólo la calidad y consistencia».
Tras el evento, don Eladio piensa que «en esto del tabaco nadie sabe nada, porque siempre se está aprendiendo y en esta pequeña fábrica estoy innovando, haciendo cosas diferentes… No por elevar el ego, sino por el gusto de crear sin afectar a nadie, en armonía…». Al final de cuentas, «el mejor cigarro es el que aún no nos hemos fumado».







