
A primera vista, el Sevilla 1676 de B.A.M.F Cigars es sólo un Gran Toro, de 6 pulgadas, cepo 58, decorado con una anilla muy elegante, elaborada con cinco láminas de pan de oro. Pero debajo de ese exquisito detalle aguarda un pasaje importante de la historia del tabaco.
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De acuerdo con Ismael R. Oliván, tabaquero certificado e instructor por la Tobacconist University, cuando Cristóbal Colón y sus hombres pasaron por la República Dominicana y Cuba, vieron a la población nativa fumar tabaco.
Los taínos ya conocían los procesos de secado y fermentación, pero seguían consumiendo el tabaco de forma rudimentaria, enrollando una sola hoja para fumar.
De esta manera, cuando Colón regresó a España lo hizo con un gran cargamento de hojas y semillas de tabaco, y en Sevilla, en 1676, se inventó una manera para disfrutarlo mejor: el formato de construcción de capa, capote y tripa que prevalece hasta nuestros días. Esto abrió, además, la posibilidad de crear mezclas al involucrar más de una hoja en el proceso.
“Esto no ha cambiado en cientos de años, salvo las distintas variedades y procedencias de los tabacos que ahora se utilizan, pero la construcción de un cigarro sigue siendo prácticamente la misma”, afirma Ismael.
Así, el Sevilla 1676 se elabora con tabacos de Gran Canaria y Extremadura, específicamente de Campo Arañuelo, La Vera, De La Mata, Huelva y Navalmoral; mezcla con la que Ismael R. Oliván busca recrear el sabor de aquellos primeros cigarros confeccionados cuatro siglos atrás. “Todo mundo piensa que el cigarro, como lo conocemos, se creó en Cuba, pero no es así. Fue en Sevilla, y ésta es mi manera de hacerlo visible y rendirle homenaje”.
Este cigarro se incluye dentro del paquete Factory Reserve Cigar Club, privilegiando a sus miembros para degustarlo por primera vez.
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