La Guerra contra el Tabaco y el triunfo de la estupidez

CigarVoss

Nicolás Valenzuela Voss

Siendo el día 18 de mi nueva vida en Vancouver, Canadá, me siento a escribir. Le cuento que trabajo en una tienda de cigarros llamada Revolución, ubicada en Mainstreet, Yaletown, una de las zonas más prestigiadas de la ciudad. Cuando ande por estos lares no dude en contactarme vía Instagram @cigarvoss y podemos juntarnos.

Canadá es uno de los países que ha declarado la Guerra al Tabaco a través de impuestos muy altos, regulaciones estrictas y afectando la apariencia del puro con la famosa anilla canadiense, de color verde oscuro y letras estilo Arial en color blanco.

Estaba al tanto de ciertas regulaciones y había visto anteriormente –en fotografías– la famosa anilla. Pero fue hasta encontrarme con un humidor-exhibidor repleto de cigarros con anillas tan lindas, pero tapadas, o a veces reemplazadas por esa asquerosidad, que caí en cuenta de lo dura que es esta guerra.

La idea de hacer ver feo al cigarro alcanza a todos los productos que contengan tabaco: las cajetillas de cigarrillos son de ese color verde oscuro, al igual que las latas y pouches de tabaco de pipa, y hasta las almohadillas que se ponen en la boca. Mágicamente, el tabaco ceremonial de los nativos no se ve afectado. Un primer punto para la estupidez.

Resulta doloroso ver un Cohiba Behike en cajas de cartón, pero ni siquiera los ceniceros de Habanos se pueden comprar para vender; es decir, se vende lo que queda, pero nada más… Segundo punto para la estupidez.

Hace unos días presenté tabacos durante un evento de whisky y cervezas bajo techo. De pronto nos dijeron que había un sector para fumadores, pero afuera, en un espacio prácticamente al aire libre y no se podía fumar en algún otro lugar. Tercer punto para la estupidez, al que podemos sumar un cuarto, si consideramos que prohibieron salir del recinto de alcoholes hacia el punto de fumadores con alguna bebida.

Así que si desea comprar un cigarro en su tienda favorita –obviamente Revolución–, deberá fumarlo afuera. Lo que califica como quinto punto en favor de la estupidez, es que tendrá que estar, al menos, a seis metros de la puerta de acceso a la tienda.

El sexto punto para la estupidez es que la anilla del plane packaging va sobre la anilla original, pero en algunas excepciones que nadie puede explicar sólo está la anilla verde. El asunto no queda ahí: cuando el cigarro tiene doble anilla le quitan una de forma aleatoria, y por ejemplo My Father The Judge sólo aparece con la que dice The Judge.

Ya vamos 7-0… peor que la goleada de Alemania a Brasil en el mundial de 2014, pues al menos en esa ocasión la selección Carioca metió un gol.

La estupidez avanza a pasos agigantados y parece que no se detendrá. Acá existen lugares cerrados para fumar marihuana, pero no puedes disfrutar de un cigarro ni en tu propio departamento, ya que te pueden multar. Lo que sorprende es el olor constante a marihuana en todo Vancouver, desde las zonas más prestigiosas hasta las más pobladas.

Gracias a Dios, los dueños de la casa que rento me dejan fumar en el patio y en esta zona no hace un frío invalidante que impida –en un día libre– degustar un buen tabaco.

En Canadá se libra esta guerra, en la que el triunfo de la estupidez resulta evidente. Así sucede en British Columbia y demás estados donde, aunque no igual, todo es similar.