Conociendo el mejor terroir para tabaco del mundo

CULTURA DE HUMOS

Un paso por Cuba

José Bello

Durante siete días, del 29 de enero al 4 de febrero, tuve oportunidad de visitar –junto a un grupo de colegas de la International Association of Cigar Sommeliers (IACS)– la isla de Cuba, considerada el mejor terrior del mundo para el tabaco. Un viaje lleno de vivencias gratificantes, y no tanto, que en conjunto son una de mis mejores experiencias en este hermoso camino del cigarro que vengo recorriendo hace años.

El concepto del viaje es una idea surgida desde la Gerencia de la IACS, Journey Cuba, para el disfrute de los amantes de los buenos humos. Acudimos once personas desde distintas latitudes, como la República Dominicana, México, Estados Unidos, Puerto Rico, Honduras y, por supuesto, Venezuela.

Al llegar a la isla compartimos una cena fabulosa en el restaurante Vista Mar de La Habana, una convivencia que nos permitió iniciar este fabuloso conocer sobre culturas y de cada uno de los presentes: anécdotas, expectativas y bienvenidas abarcaron la noche, acompañada con platillos típicos.

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La Corona y Cata

Emocionados, iniciamos el día siguiente con una visita a la antigua fábrica de habanos La Corona, entre las más reconocidas del país por ser Escuela de Torcedores. Recorrimos cada una de sus áreas, en las que escuchamos historias, observamos procesos y disfrutamos de las anécdotas de nuestra guía. Los trabajadores fueron muy receptivos y nos permitieron conocer, de primera mano, las tareas artesanales que llevan a cabo.

Cabe mencionar que sus procesos no son muy diferentes a los que he observado en las fábricas de la República Dominicana, con el mismo estilo e ímpetu de muchos torcedores en distintas partes del mundo. Pero sin duda, una materia prima privilegiada en sus manos les permite crear esas obras de arte llamadas Habanos.

La tarde nos alcanzó durante una cata genial, en la que de la mano de la Habano Sommelier Irami Pérez nos deleitamos con dos habanos: un Romeo y Julieta No. 1 y un Partagás Serie P numero 2, acompañados en maridaje perfecto con tres rones cubanos, café y un chocolate al 70 por ciento, que nos brindaron una de las experiencias más placenteras del viaje.

Cerramos la noche en el restaurante Sensaciones, con una cena a siete tiempos en la que destacó un corte de carne israelí con papel de oro sencillamente espectacular. Fue una verdadera sorpresa encontrar esta Alta Cocina en un país en el que –desde fuera, por la información que se difunde– algo así se antojaría imposible.

La Finca de Héctor Luis

Para la siguiente jornada tomamos el autobús bien temprano y fuimos al paraíso del tabaco, la provincia de Pinar del Río, en cuyo municipio de San Juan y Martínez se encuentra la Casa Finca Héctor Luis Prieto: un lugar mágico lleno de historias, con buena música, comida y gran ambiente.

Héctor Luis, conocido como el Hombre Habano más joven del mundo, nos recibió con gentileza y condujo al grupo por sus campos de capa. Observamos los procesos de siembra y cultivo, visitamos los cuartos de guarda y nos ofrecieron una muestra de torcido que llevó como fondo los boleros interpretados por un trío, con la vista fabulosa del campo desde el restaurante del lugar.

La tarde nos condujo de regreso hacia la capital, agotados pero satisfechos, para disfrutar de una cena fabulosa en el restaurante El Rum Rum de La Habana Vieja; el único establecimiento de su tipo con un review de la revista Cigar Aficionado. Osiris, su dueño y colega, nos recibió con música y una vibra increíble. Disfrutamos de una noche maravillosa con comida deliciosa, rones excelentes y por supuesto, muy buenos humos.

Emociones Mixtas

Iniciamos el día siguiente con un viaje al pasado, recorriendo La Habana en autos clásicos que los locales llaman cariñosamente Almendrones. Fue emocionante escuchar las historias de sus conductores sobre los lugares que recorrimos antes de llegar a nuestro destino: la fábrica de H-Upmann.

Debo decir, con mucha pena, que el plan de esta visita se estructuró de manera impecable, pero el personal no nos brindó el trato esperado. Es triste que esto dañe la imagen de una marca fabulosa que ofrece calidad insuperable a los ojos del mundo y sus consumidores, porque la atención y el servicio dejaron mucho que desear: un discurso confuso, pronunciado con rapidez, fue lo obtenido durante escasos 20 minutos.

Al salir pudimos limpiar nuestro paladar de esta desagradable experiencia, cambiándola por una inolvidable: fuimos a conocer y convivir con José Castelar Cueto, torcedor ganador en cinco ocasiones del Récord Guinness por elaborar el cigarro más grande del mundo; el último, con una longitud de 81.8 metros de largo. Escuchar sus anécdotas, observar su fuerza a una edad tan avanzada, nos permitirá recordarlo siempre.

Esa tarde participamos en un evento privado en el Cohíba Atmosphere con Juan Jesús Machín, Master of Master Habano Sommelier. Un hombre genial, con un conocimiento gigante y una humildad aún más grande, quien nos brindó una cata de habanos en maridaje con vino y ron, que elevó la experiencia a otro nivel.

A unas calles de ahí, cerramos esta jornada con una cena espectacular en el paladar Kilómetro Zero, muy cercano al Capitolio Nacional de Cuba.

De vuelta al Campo

Nuevamente tomamos las maletas y nos fuimos al campo. Ahora a San Luis, otro municipio de Pinar del Río y hogar de la finca de Vegas Robaina, una de las más conocidas del mundo. Nos recibió su dueño, el muy estimado Hiroshi Robaina –descendiente del gran Alejandro Robaina–, quien sin duda es ejemplo de hospitalidad.

De entrada nos obsequió una buena fumada, de sabor excelente, con una liga a base de materia prima de la finca. Al terminar la cata almorzamos, y como postre –una delicia–, disfrutamos del mismo habano del inicio, pero esta vez con cinco años de guarda. Todo ello de la mano de Hiroshi, a quien definiría como El Caballero del Tabaco.

Nuevamente en La Habana, participamos de una cena insuperable con la bahía a nuestros pies y toda la ciudad frente a nuestros ojos. Nos acompañó la directora del Museo del Tabaco, Zoe Nocedo, una enciclopedia del Habano y una dama espectacular que nos iluminó con sus conocimientos y muy grata presencia.

Recuento del Viajero

Cuba significó toda una experiencia. Tierra de múltiples matices, repleta de sueños, en la que destaca la alegría de un pueblo que sólo busca ser feliz y mostrar al mundo las maravillas que posee. Un destino al que volveré para seguir conociendo su cultura, costumbres y vida.

Este viaje –en el que conocí a tantos profesionales y colegas–, representa una de las mejores decisiones que he tomado, y considero que cada uno de nosotros, los amantes de los buenos humos, deberíamos vivir todo esto al menos una vez.