Blanca Alsogaray. La Mujer Habano de Argentina

Su padre fumaba habanos, y junto con su hermano Emiliano –cuando eran chicos– solían «sacarle» algunos que luego fumaban a escondidas. «Nos mareábamos mucho», recuerda divertida Blanca Alsogaray, quien tras algunos trabajos pronto encontró la actividad a la que ha dedicado buena parte de su vida.

«He hecho unas cuantas cosas –cuenta–. Tuve una chacra de flores, una casa de antigüedades… hasta que en los años ochenta hicimos una feria y trajimos productos de Cuba: libros, objetos de Santería, telas y un montón de cosas. entre ellas habanos. Entonces me convencí, y dije, ‘Bueno, esto es lo que quiero hacer, me voy a dedicar a esto’.»

Así, junto con un socio, primero estableció la distribuidora Puro Tabaco. La idea surgió porque los habanos que se vendían en Buenos Aires eran de baja regalía. «Lo máximo que traían era un Mille Fleurs de Romeo y Julieta o Partagás», de tal suerte que los fumadores argentinos que buscaban algo más, y que eran muchos, tenían que comprarlos en Europa.

La empresa comenzó a ofrecer otras marcas en el país, como La Gloria Cubana, Ramón Allones, Bolívar… «y nos dieron una medio desconocida, Cohiba –relata entre risas–. Después, Habanos, SA hizo un estudio para ver a quién le otorgaban la distribución oficial y quedamos nosotros».

Conforme el negoció prosperaba, en 1993 creó La Casa de Habano, la tercera sede de esta franquicia internacional después de las dos de México, que se mantuvo a la par de Puro Tabaco hasta 2002, cuando Habanos, SA y sus socios españoles decidieron comprarla. De hecho, es todavía la distribuidora exclusiva para el Cono Sur, abarcando Argentina, Chile y Uruguay.

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La Casa del Habano

Tras la venta, ella se quedó con La Casa del Habano y siguió trabajando. Su primer local fue «un lugar maravilloso», en el primer piso de un edificio antiguo, con techos muy altos… «Después tuvimos dos al mismo tiempo y el segundo daba a la calle, pero hubo un momento en que fueron tres, al sumar un restaurante que desafortunadamente quedó fuera de lugar» con la prohibición de fumar en este tipo de lugares.

Actualmente es una especie de Cigar Lounge ubicado en el centro de Buenos Aires, en el barrio El Retiro, donde hay bancos y empresas, frente a un hotel Meliá. «Y realmente vamos In Crescendo –Continúa Blanca–, porque cada vez atendemos mejor a nuestros clientes y amigos. El local es muy amplio, con un living grande y más lugares y espacios, algunos privados para reuniones. Todo esto ha cambiado, ha crecido mucho».

Ella lo describe como un lugar al que la gente acude a relajarse, a fumar y, si así lo desea, a convivir. «Nosotras estamos acá todo el día, porque conmigo trabaja mi hija Lucía, y quienes vienen muchas veces se sientan con nosotras a charlar. Es como la sala de estar de tu casa, con la ventaja de que estás en el centro de la ciudad. Si necesitás hacer una pausa porque estás trabajando, venís a relajarte, a fumar y tomar algo…».

Dice que el mercado argentino no es muy grande, en comparación con el europeo, pero sí importante por el número de personas que fuman. Además de quienes buscan habanos de alta regalía, hoy muchos jóvenes están empezando a fumar, dejando los cigarrillos y probando los habanos.

Todo ello, a pesar de que Argentina es muy particular, pues «hemos tenido épocas en que no se podía importar y uno miraba el humidor y había dentro de los estantes una, dos cajas de habanos y vinos, pero eso tiene que ver con lo que es el país. Ahora estamos complicados para la importación, pero tenemos realmente muy buen stock, porque nuestro trabajo es ese».

Premio Habano 2023

Blanca es una persona afable, paciente, que durante la entrevista no escatima tiempo para explicar cada detalle que se le pide ante las interrupciones y otros detalles propios de un enlace vía Zoom. Narra entonces su experiencia, que al principio fue difícil porque en los ochenta pocas mujeres trabajaban con habanos.

«En un mundo de hombres había discusiones, problemas… porque además venían los clientes y como mi hijo trabajaba conmigo se dirigían a él. Ahora hay muchas mujeres que fuman y las cosas han cambiado muchísimo, porque lo hacen en público y en esa época no era así. Hoy es más fácil, ya todo lo anterior pasó y lo peleamos».

Así pudo abrirse espacio: manteniendo las cosas, haciéndolas bien y trabajando mucho, «como todo el mundo logra algo en este momento y en un país como éste». Y como fruto de su esfuerzo este año, durante la XXIII edición del Festival del Habano llegó el Premio Habano en Negocio o comercialización; reconocimiento que una latinoamericana obtiene por vez primera y que han recibido pocas mujeres, en su mayoría cubanas, en otras categorías.

El premio, que cambió de nombre porque hasta hace un año se llamaba Hombre Habano del Año, parte de ternas propuestas en los renglones de comercialización, producción y comunicación. «Este premio es por mi historia, por tantos años de trabajar con el habano, venderlo, crecer y darlo a conocer en la Argentina». Resultado de 23 festivales del habano, sólo 69 personas en el mundo han obtenido esta distinción.

Aunque Blanca ha viajado a Cuba al menos 35 veces, siempre ha ido por trabajo y nunca de vacaciones. No obstante, la cultura de ese país le gusta y considera que realmente ha sido una gran experiencia que le ha dejado muchos amigos, quienes por regla general se relacionan con el habano y comparten esa pasión. «Trato de ir lo más posible a todos los festivales para reencontrarme con su cultura del habano y la gente, que es muy abierta, muy amiga de sus amigos».

El habano es único

Ella ha fumado desde hace más de 35 años, «y cuando empecé con el tema probé todo tipo de habanos y puros o cigarros, para saber bien qué es lo que lo teníamos en las manos. Pero para mí, el habano es el mejor tabaco del mundo. Tiene un sabor muy particular, y en cuanto uno lo prueba su perfume, su aroma, es totalmente distinto.

«Me gustan mucho y es un gusto trabajar en algo que me produce tanto placer… poder fumar, estar y compartir con los amigos de La Casa de Habano, porque acá vienen muchas personas a fumar con nosotras y hay a quienes conocemos de muchos años y siguen viniendo y reuniéndose acá».

Nos recuerda que los habanos sólo se elaboran en Cuba y únicamente algunas zonas –como Vuelta Abajo– se destinan a la producción del tabaco. Esto, a propósito de los cursos de Junior Sommelier que recién iniciaron en La Casa del Habano, avalados por la distribuidora Puro Tabaco y Academia Habanos. Los conduce su hija Lucía, quien hizo un máster de la especialidad en Cuba.

La idea es capacitar gente para que pueda trabajar con habanos y tras obtener el diploma respectivo accedan, incluso, a oportunidades laborales en restaurantes y otros sitios. También como parte de su labor educativa, mensualmente celebran dos actividades: un curso de iniciación que abarca un solo día, y la presentación de algunas vitolas, como fue el caso de Juan López Selección Especial y del Bolívar New Gold Medal.

Anualmente Puro Tabaco organiza el Habanos Day Argentina, y La Casa del Habano realiza, al menos, un par de eventos para grupos más numerosos. Destaca, entre ellos, la conmemoración reciente de su 30 Aniversario.

Variedad de sabores

De acuerdo con Blanca, los productos de las 27 marcas de habanos –seis de ellas globales– poseen sabores absolutamente distintos. «Y aunque sus fortalezas puedan ser suave, media, media fuerte y fuerte, es muy difícil probar un habano y decir exactamente cuál es. Hacer una cata a ciegas, sin verlo ni tocarlo, es complicado, como sucede en los vinos, por ejemplo».

Ella no fuma una sola marca, pues le gusta cambiar según el día y la hora. «Si es a la mañana, depende de si almorcé y qué almorcé; si es a la noche, según su acompañamiento. Después de una comida fuerte o un asado fumo un Montecristo o un Partagás Serie D No. 4 ó un 8-9-8, pero si es al mediodía, Romeo y Julieta… Claro, tengo el humidor a un lado y puedo elegir permanentemente. A veces me basta con ver la capa, el color, sin importar cuál sea».

Blanca califica la producción actual de habanos como excelente, y a pregunta expresa reconoce que el aumento en el precio de algunas marcas afectada no sólo a Argentina, sino a todo el mundo. Es el caso de Cohiba, algunos habanos de Montecristo y Trinidad, que son realmente de lujo ahora cuestan lo que corresponde. «La gente que fuma lo hace igual y el habano es costoso, que no caro, digamos».

Habla entonces del trabajo humano y esfuerzo que existe detrás de cada pieza, así como de los tabacos especiales que algunas producciones llevan. Pero también de todas las marcas que han mantenido su nivel de costos, «acorde con los cigarros y los puros, que también los hay con precios altísimos».

También destaca que fumar habanos no es un vicio: «Puedes fumar tres al día y ninguno en una semana. Son un objeto de placer que puedes compartir con los amigos, porque las relaciones humanas son muy importantes. Tenemos un grupo que nos reunimos cada viernes y la pasamos muy bien probando con distintas bebidas. Compartimos unas horas y todos nos vamos a casa relajados, contentos, después de haber trabajado mucho toda una semana».