Los Maestros del blend

Aurelio Contreras Moreno

La Tabacalera de García, establecida en La Romana, República Dominicana, es reconocida internacionalmente por la gran calidad del tabaco de sus puros, lo que la ha convertido en la fábrica de cigarros premium más grande del mundo gracias a sus numerosas ligas de primer nivel, con más de cinco mil empleados.

Tabacalera maneja cuatro líneas premium principales: Montecristo, que es la de más prestigio y cuenta con las líneas Clásico, Platinum, White, Monte by Montecristo y Montecristo Epic.

Tienen también la línea Romeo y Julieta, que es la de mayor volumen: 1875, Reserva Real, Romeo by Romeo y Julieta, así como VegaFina, que es la marca más internacional de la compañía, tanto, que ha tenido un crecimiento vertiginoso, pues de comenzar haciendo 600 mil cigarros al año hoy en día produce 12 millones anuales. 

Otra de sus marcas es H. Upmann, que tiene las líneas Reserve, Grupo de Maestros, The Banker y está dirigida al mercado de Estados Unidos. Y acaban de lanzar el Romeo y Julieta Book of Love, una edición limitada.

Una de las claves del éxito de Tabacalera de García es el trabajo que realiza un grupo de master blenders, o maestros ligadores, de primera categoría, que se encargan de la creación de nuevas mezclas y de la supervisión de los procesos de producción. 

Fundado a principios de los años 90 por Don José Seijas, integrante del Salón de la Fama del Tabaco, este equipo, conocido también como el blending team, integrado en sus inicios por Javier Elmúdesi, Pedro Ventura, Carlos Travieso, Víctor Ávila, Néstor Rodríguez, Cándido Rosario, Elmer Suárez y Joel Alvarenga, es llamado Grupo de Maestros. Y sin lugar a dudas hacen honor al mote.

Dos de ellos, Javier Elmúdesi y Pedro Ventura, compartieron para Humo Latino Magazine su experiencia, filosofía de trabajo y lo que los impulsa a mantenerse en las grandes ligas de los blenders en el nivel internacional.

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El maestro de liga, un chef que cocina cigarros: Pedro Ventura

Pedro Ventura, actualmente director de Operaciones de Tabacalera de García, es oriundo de La Romana, siempre ha estado relacionado con el sector agrícola, primero a través de la caña de azúcar y posteriormente con el tabaco.

Su padre le enseñó la importancia de cuidar la tierra para que la siembra alcance los niveles que se esperan, así como ser responsable de las labores cuyo cargo se asumen. “Yo te diría que son parte principal de lo que ha sido mi formación y de lo que yo soy hoy en día”. 

Estudió Computación en la Universidad Central del Este y a los cinco meses de graduarse, comenzó a trabajar en Tabacalera de García, la única fábrica grande de La Romana y el único lugar donde ha laborado desde hace poco más de 26 años.

Su primer contacto con el tabaco fue a través de un amigo, Giovani Honorio Cuevas, quien le obsequió su primer cigarro. “Yo digo que desde que lo fumé, quedé conectado con este mundo. Era un Dunhill espléndido, un cigarro grandísimo y me lo fumaba hasta el cabito, como decimos nosotros. Como vio que me gustó tanto, él lo conseguía con un amigo que trabajaba aquí en la Tabacalera. Ese cigarro me marcó definitivamente”. 

 Mentor

Como todos los integrantes del Grupo de Maestros, Pedro Ventura reconoce las enseñanzas e influencia que ejerció en él Don José Seijas, a quien llama “un gran mentor”.

“Pude trabajar con él muy temprano cuando llegué y muy cercano a él, conociendo lo que era el proceso de creación de nuevas ligas, el conocimiento de los tabacos. Pude visitar también mucho el campo, específicamente en la zona de Santiago, en el Valle del Cibao, que es donde está la zona tabaquera de República Dominicana”, rememora. 

En ese momento es cuando junto con otros jóvenes recién graduados de la universidad, entra a un programa diseñado por Don José Seijas que buscaba elevar el nivel académico del departamento administrativo de la empresa a través de la formación en el mundo del tabaco. 

“Como yo tenía esta curiosidad tan grande, estaba siempre investigando desde el primer día, acechando que hubiera una oportunidad para estar íntimamente ligado a la producción de los puros. No había llegado a los tres meses cuando surgió una oportunidad como supervisor en el área de empaquetado, apliqué y me dieron la posición y por ahí yo comencé. Tuve la suerte de que aparecieran muchas oportunidades de crecimiento y yo las aproveché”, narra Pedro Ventura. 

En un periodo de tres años, escaló en los puestos de la compañía hasta llegar a la posición de superintendente gracias a su empeño y a la curiosidad por aprender del mundo del tabaco, más que por ambición económica.

“Me movía más la oportunidad de crecimiento. Yo, en ese momento, hasta llegaba al punto de sacrificar dinero con tal de poder ver una buena oportunidad de crecimiento, pensaba más a mediano y a largo plazo”, precisa. 

Ya como superintendente en el área de Empaque, asume también un rol relacionado con el desarrollo de nuevos lanzamientos, la creación de las ligas, el diseño de cajas y la preparación de muestras, el cual desempeña paralelamente. Un tiempo después, es ascendido como Gerente de Desarrollo de Nuevos Productos. “Ahí duré algunos años, estaba también ya en el Grupo de Maestros Ligadores”. 

A raíz de la salida de Tabacalera de García de su mentor, José Seijas, que ocurre en 2011, el Grupo de Maestros asume un rol más protagónico en la empresa. “De hecho, el concepto de Grupo de Maestros nace con la salida de José Seijas. Al él salir, la fábrica y las marcas se quedan sin un nombre detrás, que es sumamente importante hoy en día en el mundo de los cigarros hechos a mano y ahí nace la formalización de lo que era el Grupo de Maestros como un elemento de mercadeo”.

Sin buenos tabacos, no hay buenas ligas

Desde la posición de Gerente de Desarrollo de Producto, tomó la coordinación del Grupo de Maestros al ser el contacto directo con los mercados que coordinaba los nuevos lanzamientos, tipos de producto, características, con base en lo cual se diseña y crea una nueva liga de fortaleza media, alta, suave. “Yo servía como enlace entre el mercado y la fábrica y esa información yo se la presentaba al Grupo de Maestros. Ahí comenzábamos el proceso de creación de nuevas ligas”, explica.

Pedro Ventura destaca que para diseñar una nueva liga lo primero es el conocimiento de la característica de los tabacos, porque si no se conocen, “puedes tener una suerte de principiante, combinar tabacos y hacer una muestra buena, pero eso va a suceder una vez, si es que sucede”. 

“Entonces, lo primero es que conozcas, y eso lleva tiempo, las características de los tabacos. A diferencia del mundo Habano, que utiliza tabaco de un solo origen, nosotros utilizamos tabacos de 11 orígenes diferentes, por ejemplo. Entonces, la única forma de llegar a algo es conociendo realmente las características de los tabacos”, puntualiza. 

El Grupo de Maestros –refiere- emplea la técnica de probar los tabacos al 100 por ciento, lo que los ayudó a desarrollar el paladar. “Hacíamos algunas muestras cuando recibíamos el tabaco con la capa, tripa y capote del mismo lote de tabaco y eso, al final, te hacía apreciar las propiedades de ese tabaco. Fue una de las formas que el grupo completo utilizábamos para desarrollar el paladar y eso nos permitía al final, cuando nosotros queríamos poner un producto en el mercado con determinadas características, ya por lo menos de inicio se sabía cuáles tabacos se podía comenzar a mezclar”.

Cuenta que hacían hasta 20 o 30 tipos de mezclas diferentes con fumadas a ciegas que se evaluaban en formularios con características organolépticas y aspectos técnicos, como la quemada o el rolado. Al final se daba una puntuación y las mejores puntuadas, pasaban a la siguiente ronda. Por eso, el proceso podía durar entre seis meses o más de un año. 

Basado en ese conocimiento de los tabacos, continúa, hay entonces que entender la tendencia de los mercados, porque el consumidor actual es totalmente diferente al de hace 15 o 20 años. 

“Antes, el consumidor no era de cigarros de alta fortaleza, se centraba en cigarros con buen sabor y de fortaleza baja a media. Eso ha cambiado mucho y yo no puedo hacer ligas que me gusten a mí, sino para quien lo compra. ¿Por qué ha variado tanto eso? Porque antes los consumidores de puro eran personas de más edad, antes no veías a un joven de 20 años fumando y hoy en día representan el 24 por ciento de los consumidores en el mercado americano y ellos buscan otro tipo de características, como los cigarros de alta fortaleza. También se ha dado personas que buscan dejar de fumar cigarrillos y entonces buscan esa intensidad que les da el fumarse dos o tres cajas de cigarrillos al día”, explica Pedro Ventura. 

Un master blender, asevera, tiene que tomar en cuenta ese tipo de situaciones, pues no basta solamente con tener los conocimientos sobre las características de los tabacos, sino entender cuál es la tendencia que existe en el mercado. 

“Ésas son básicamente las cosas que se necesitan más para poder desarrollar una buena mezcla, además de tener un buen paladar y una buena materia prima. Porque sin buenos tabacos, no puedes hacer buenos puros. Entonces, los procesos de siembra, curado y fermentación son fundamentales para un producto de buena calidad”, apunta. 

Pandemia, la tormenta perfecta

Para Pedro Ventura, la pandemia fue como “la tormenta perfecta”, porque la demanda de tabaco se disparó 33 por ciento. “Estabilizar la producción a como la teníamos y subirla acorde con la demanda, sin duda, ha sido el reto profesional más grande que he tenido. Yo como responsable de la producción, obviamente todos los ojos encima diciendo que hay que producir y además manejar el personal en unas condiciones tan difíciles como eran durante la pandemia. Fueron momentos difíciles de los que logramos salir airosos y nos pusimos más creativos de lo que creíamos que podíamos ser. Eso fue de lo positivo de la pandemia”.

De hecho, tanta fue la demanda de 2021 que se le ha llamado a este periodo el mini boom taquero. “Nosotros llegamos a producir 45 millones de cigarros ese añop, algo que nadie esperaba”, expresa.  

Recuerda que, como todas las grandes empresas, Tabacalera tuvo cerrar la fábrica durante los meses del encierro, y cuando pudieron reabrir, “no pudimos traer a todo el personal, tuvimos que ir subiendo gradualmente por el tema del distanciamiento social, tuvimos que ponernos súper creativos hasta lanzar un esquema de turnos rotativos, donde un grupo venía cuatro días y luego se iba a su casa y entraba otro grupo cuatro días más para poder tener la mitad del personal que usualmente teníamos”.

Para Pedro Ventura la pandemia representó un punto de inflexión para la industria y su manera de relacionarse con el mercado.

“Durante la pandemia llegué a hacer más de 20 en vivos con periodistas, con blogueros, con personas aficionadas, tenía uno casi semanal con diferentes partes del mundo. Hubo un acercamiento, se eliminaron intermediarios en esa parte de la creación de un cigarro y el conocimiento para el fumador, hubo acceso a más información. 

Otro efecto de la pandemia fue la incorporación de lleno de las mujeres al mercado de consumidores de tabaco. “Es increíble la cantidad de mujeres que hay ahora fumando en todo el mundo y eso se ve hasta en el mercado nacional en República Dominicana, que eso era imposible pensarlo hace 10 años, cinco. Hay hasta clubes de mujeres fumadoras”, destaca Pedro Ventura. 

Considera que la pandemia aceleró el cambio en la tendencia del tipo de fumador, porque hay más personas jóvenes fumando, más mujeres y eso, desde el punto de vista de empresa, demanda a la industria ajustarse más rápido. De ahí que las características de sus ligas ahora están más en línea con esa tendencia que con las que tradicionalmente hacían.

Gracias a estas estrategias comerciales, Tabacalera de García se mantiene el número uno en cuanto a preferencia del consumidor del cigarro de fortaleza baja y media baja, aprovechando la tendencia de los nuevos fumadores mientras se va a reduciendo el fumador tradicional. “Entonces, si te quedas atrás, al final vas a terminar siendo pequeño”, manifiesta. 

Pedro Ventura menciona los principales retos que ha enfrentado en su carrera. “El primero fue lograr introducirme en el Grupo de Maestros, tener la aceptación por un grupo de personas con un mundo de experiencia; siendo yo un mozalbete saliendo de la universidad que no viene de una familia tabaquera, el lograr la aceptación de ese grupo y llegar a un punto de que realmente me aceptaran y me sintieran como parte del grupo, para mí fue un gran logro, de los primeros en mi carrera laboral”. 

El segundo reto fue trabajar en una multinacional con una cultura que no necesariamente está alineada con una fábrica de cigarros hechos a mano, sino con la del mundo del cigarrillo y los cigarros mecanizados. “El poder lidiar con eso, hacer entender a los ejecutivos que habían cosas que no necesariamente eran aplicables en la parte de la operación de los cigarros hechos a mano, fue un tremendo reto”. 

Finalmente, como maestro ligador, Pedro Ventura le recomienda al nuevo fumador que si quiere algo intenso, comience con fortaleza media para desarrollar el paladar y poder apreciar mucho mejor las características en los diferentes tipos de tabaco. “Así podrían apreciar mucho mejor un buen puro, que primero traten de desarrollar, educar su paladar”. 

Y es que todo ese entrenamiento del paladar y el olfato para la creación de ligas es parte de una formación constante en la que incluso, existen marcadas similitudes con el mundo gastronómico. “Al final, somos chefs que, en lugar de alimentos, lo que creamos son puros”. 


¿Cuál es el mejor cigarro? El que se vende: Javier Elmúdesi

José Javier Elmúdesi Rodríguez es el gerente de Asuntos Industriales de Tabacalera de García. Es Ingeniero Industrial y cuenta con una maestría en Administración de Empresas. Nació en Santo Domingo, República Dominicana, en el seno de una familia con arraigados valores católicos y un sentido muy fuerte de la unión familiar. 

 

Tabacalera: encuentro con el tabaco

Sin embargo, aunque su familia no viene de una tradición tabaquera, siempre estuvo relacionado con el tabaco de alguna manera.

“Mi abuelo sí fumaba cigarro. El fumaba cigarro de La Aurora y escogía sus cigarros de manera tal de asegurarse que ninguno tuviera hoyitos, gorgojo. Y entonces se llevaba 20 cigarros y esos se los llevaba para fumar una semana, pero siempre andaba con su cigarro y le encantaba fumar”, recuerda. 

Su primer contacto directo con el cigarro lo tiene a su llegada a Tabacalera de García, en 1996. La madre de su esposa era muy amiga del en ese entonces gerente de la fábrica, José Seijas. “Tenían una relación muy estrecha y ella le pasó mi currículum a don José en un momento en el que estaban necesitando un gerente para una operación que había aquí en la fábrica de ensamblaje de estuches de pintalabios”.

En esos tiempos, el dueño de la fábrica era también propietario de la marca de cosméticos Revlon, por lo que aprovechaban la fuerza de trabajo de la fábrica para ensamblar estuches de labiales. “Era una operación muy limpia, llegamos a ensamblar hasta 40 millones de estuches en un año”. 

Su primer cigarro se lo dio el propio José Seijas, con quien trabajó de manera muy cercana. “José Seijas me agarró mucho cariño desde el primer día que entré. De hecho, yo trabajaba en una oficina que estaba cerca de la de él, en la misma estructura y por las mañanas entrábamos a reuniones, todo mundo fumaba y él veía que yo cogía un cigarro y fue a mi oficina a decir que íbamos a hacer algo, que sabía que yo quería empezar a fumar y entonces me pidió que iniciara con un Vega Fina Regular que salió en 1998”. 

“Me dijo que yo iba a fumar ese cigarro por un tiempo porque no quería que me diera algo de fortaleza mayor y que me viera frustrado por alguna mala experiencia. El paladar había que irlo trabajando y yo me llevé ese cigarro de José y todas las mañanas me fumaba un Vega Fina con café y por la tarde otro. Poco a poco fui aumentando fortaleza y complejidad y entiendo que es la manera correcta para comenzar a fumar cigarro”, explica. 

Javier Elmúdesi afirma haber tenido la gracia de contar con los mejores mentores de la industria del cigarro desde que comienza a trabajar en el departamento primario de hojas de tabaco, en los procesos de acondicionamiento de hojas, donde conoció a George Herschel y Nick Van Holden, que en ese momento eran los que compraban todo el tabaco para Consolidated Cigar, y a Julio Aponte, quien trabajó más de 50 años comprando tabaco. 

Asegura que esos años fueron muy importantes, porque ir a los campos, trabajar con los suplidores de tabaco, es una “experiencia que forma las bases de lo que es esta industria maravillosa y para mí sería el paso correcto a dar para todo aquel que vaya a insertarse aquí, empezar por el tabaco como hoja”. 

Ubicado ya en el área de tabaco de la empresa, se dedicaba a probar las ligas de los cigarros que van a lanzar al mercado. “Se fumaba casi diario, en cualquier reunión probábamos una liga y otra, era un proceso dinámico. Cualquiera del grupo podía llevar una liga nueva o la mejora de una que hubiera fumado y en esa reunión se hablaba de qué se le podía mejorar y eso creaba esa experiencia y conocimiento sobre lo que era el uso de distintos tipos y grados de tabaco para distintas experiencias de fumada”. 

Fumar todo el tiempo, la responsabilidad del master blender

Ese fue el antecedente de lo que sería el Grupo de Maestros, trabajando de la mano de Néstor Rodríguez, Pedro Ventura, Víctor Ávila, José Seijas, Cándido Rosario y Carlos Travieso. 

“Fue algo que se formó porque era responsabilidad de nosotros estar fumando, no solamente para asegurar la consistencia de las marcas que había que mantener, sino también para uno porque el mercado demandaba cosas nuevas, innovaciones. Hoy en día, el 30 por ciento de lo que se vende en el año son innovaciones y hay que estar continuamente buscando algo nuevo para el consumidor”, destaca. 

Convertirse en un maestro, en un master blender, es una labor de años en la que hay que probar una infinidad de variantes de tabaco para educar al paladar, refiere. 

“Nosotros aquí siempre hemos trabajado con 13 diferentes, hasta 14 diferentes orígenes para tripa, de seis a siete de capote y hasta de 14 diferentes orígenes de capa. Entonces, cuando yo te digo un origen, por ejemplo, un tabaco dominicano donde hay tres variedades de semilla, cuatro diferentes regiones y cuatro posiciones diferentes de grados en la planta, sólo fumando es cuanto tú sabes que este cigarro tiene un 33 por ciento de piloto dominicano, que tiene un 30 por ciento de Nicaragua, que le pusiste algo de peruano con un capote olor dominicano”, expone. 

Javier Elmúdesi ejemplifica con la producción de un cigarro de edición especial para una familia con la que trabajaron durante muchos años. “Hicimos una siembra para esa edición, con tiempo, su fermentación adecuada, utilizamos también Piloto de la Canela de ellos mismos. La cuestión fue que sacamos un cigarro que no se parecía a ningún otro cigarro. Ese es el tipo de cosas que hacemos cuando el mercado pide innovación”. 

Explica que lograr una nueva liga puede tomar hasta nueve meses, y más cuando se tiene un inventario de hoja de alta calidad como en Tabacalera de García. “En aquellos tiempos teníamos un mínimo de 24 meses de inventario de hoja de tabaco de todas esas referencias y eso no lo podía tener cualquier industria; entonces es una ventaja muy importante y realmente éramos niños jugando con una gran cantidad de juguetes. Eso es lo que realmente da la forma de desarrollar las ligas”. 

La pandemia cambió muchas cosas en todo el mundo y la industria tabaquera no estuvo exenta. Javier Elmúdesi destaca una transformación en los procesos de producción y de promoción del tabaco, que incluyeron la adopción de la tecnología, las reuniones y fumadas a distancia y los turnos alternados en la fábrica a causa del obligado distanciamiento social.

Además, ese periodo representó un gran reto, pues mientras se obligaba a reducir la producción de cigarros, la demanda se disparó. Y para la fábrica más grande del mundo fue todo un desafío, pues tuvo que redoblar esfuerzos en la contratación de su personal para atender a un mercado en expansión.

En ese sentido, señala que Tabacalera de García atiende dos mercados: el de los Estados Unidos, a donde va el 60 por ciento de su producción, mientras el restante 40 por ciento se comercializa en el resto del mundo. 

El mercado estadounidense, considera, se va a orientar más a cigarros de alta complejidad y fortaleza, sobre todo entre el segmento de los jóvenes. Además, el fumador norteamericano es exigente y sabe lo que está fumando, por lo que hay que trabajar en la consistencia entre el precio y la calidad del cigarro. 

A su vez, advierte que el mercado internacional también irá hacia cigarros de mayor complejidad. “Pero al final, yo entiendo que el fumador va a reconocer, lo que es como el vino, cuando un cigarro tiene un tabaco que ha sido bien fermentado, bien añejado. El mercado está cada vez educándose más y más”. 

Javier Elmúdesi enfatiza que la compañía está preparada para fabricar lo que el mercado está pidiendo. “¿Cuál es el mejor cigarro? El que se vende. Y el que se vende a un precio considerable”, subraya.