Real Fábrica de Tabacos Hija de Cabañas y Carvajal

Papeleta impresa en tonos sepias, con el escudo de España y medallas de la Exp. De Londres de 1851.

Vitolfilia

Tabaqueros españoles en Cuba y sus marcas

José Antonio Ruiz Tierraseca

El serial se hace largo, pero no podemos dejar de hablar de la trayectoria empresarial de dos familias, que encontraron en los negocios tabaqueros la fuente de su patrimonio;  procedentes de entornos comunes, consagraron su esfuerzo al fenómeno del tabaco en Cuba apoyándose, como otras muchas conocidas familias radicadas en la isla, sumándose a sus empresas, asociándose y constituyendo núcleos en las sociedades de Beneficencia que operaban eficazmente para favorecer la integración y estabilidad de sus miembros. La transmisión de experiencias, relaciones comerciales, propiedades, etcétera, fue produciéndose como tendencia a todo lo largo del siglo XIX.

Habilitación de gran belleza de la Real Fábrica de Tabacos H. de Cabañas y Carvajal, con el escudo de España en la parte superior.

Hablamos de las familias asturianas González-Carvajal y González del Valle, quienes erigieron un patrimonio considerable sobre estas bases, dejando huella indeleble en los negocios, la política y la cultura del país, al establecer la Real Fábrica de Tabacos Hija de Cabañas y Carvajal

En realidad la figura en el centro fue Don Leopoldo González Carvajal y Zaldúa, primer Marqués de Pinar del Río, prominente hombre de negocios que también se destacó en política de finales del siglo XIX. En la documentación indagada a él referida, aparecen una serie de signos que daban paso al gran relieve e influencia que en él tuvo su tío Don Manuel González-Carvajal Fernández de la Buria. Don Manuel era natural del concejo de Pravia, fruto de la unión de Don Manuel González-Carvajal y Garri y Doña Manuela Fernández de la Buria e Inclán. Se supone que debió de llegar muy joven a La Habana, la primera referencia que se conserva de él es su matrimonio en 1825. 

Inmerso en los negocios tabaqueros, Don Manuel González-Carvajal forma sociedad con el habanero Don Francisco Álvarez Cabañas, conocido por los coleccionistas de anillas como Francisco Cabañas, ya que al parecer no utilizaba para los negocios tabaqueros su primer apellido, quizá porque fuera demasiado habitual y decidió utilizar el segundo, menos frecuente y más impactante. Don Francisco Cabañas, así lo llamaremos en lo sucesivo, ya que era la forma en que era conocido en el mundo del tabaco, era un hombre de gran experiencia en la actividad, registrado aparece su taller en 1818, sin embargo desde mucho antes era conocida la calidad de sus cigarros, denominados comercialmente como Cabañas, en alusión directa a su productor. Don Francisco se caso con una habanera de ascendencia canaria, Doña Catalina Pérez Vázquez, que le dio tres hijos: Francisco Joaquín, María Francisca de la Paz y María de Jesús.

Las relaciones entre las familias Cabañas y González-Carvajal debieron haber sido muy buenas, ambos establecieron una sociedad mercantil para la explotación del establecimiento de tabacos, delegando en el asturiano otros negocios, hasta arrendarle la fábrica y una esclava por seis mil pesos oro al año.

Se reafirman estas buenas relaciones con el matrimonio de Don Manuel González-Carbajal Fernández de la Buria con Doña María de Jesús Álvarez Pérez Cabañas en 1825, al cual Don Manuel aportó como dote tres mil pesos oro y Doña María Jesús, dos esclavas regaladas por su padre.

Pocos meses después Don Francisco Cabañas nombra a Don Manuel González-Carvajal curador ad litis de todos sus hijos en caso de muerte. Esta disposición se hace efectiva el 4 de septiembre de 1828 al fallecer Don Francisco Álvarez Cabañas en su cafetal del Wajay, lugar donde se había retirado para restablecer su salud.

Por cláusula testamentaria la marca y fábrica de tabacos quedó en propiedad del matrimonio formado por Don Manuel González-Carvajal y Doña María de Jesús Pérez Cabañas.

La prosperidad de la Real Fábrica de Tabacos Hija de Cabañas y Carvajal fue incrementándose en años sucesivos bajo la dirección de Don Manuel González-Carvajal, quien en 1832 había obtenido el grado de subteniente, en Milicias de Infantería de la Plaza de La Habana, como signo de prestigio social. En 1833 ponía a la venta sus productos en Londres, donde los precios de los habanos, de acuerdo tipo y peso de envase, oscilaban entre 1 y 5 libras esterlinas.

En 1848 cuando formalmente se inscribe la marca de tabacos o cigarros puros “Hija de Cabañas y Carvajal”, se observa cómo en este caso se utiliza una parte del primer apellido de Don Manuel González-Carvajal, que como se ha podido observar con anterioridad, es compuesto, aludiendo al por qué de esta marca como primer concepto, a su esposa, hija legítima y heredera de Don Francisco Alvarez Cabañas y el segundo al exponente. Este título daba nombre también a la compañía mercantil que llevaba con ella, quien al pasar de los años, recordaba cómo los progresos financieros habían sido fruto de sus trabajos, industriales y economías.

Cuando en 1851 se convocó oficialmente a todas las fábricas, artes y personas, para concurrir a la Expo de Londres, Don Manuel González-Carvajal fue designado por la primera autoridad de la Isla junto a otros conocidos hombres de negocios para integrar la comisión que examinara, clasificara y remitiera los objetos al evento industrial más importante de la época. Los productos de su ya famosa fábrica fueron premiados con medalla de oro, que desde entonces, como se puede comprobar, acompañó a los diseños utilizados para todas sus habilitaciones y marquillas.

Papeleta impresa en tonos sepias, con el escudo de España y medallas de la Exp. De Londres de 1851.

El éxito comercial atrajo la atención de otros fabricantes que intentaron imitar a su acreditada marca, viéndose obligado a presentar una instancia ante el gobierno de la isla contra los fabricantes de tabacos Don José Cabarga y Don Vicente Crespo para que retirasen la marca que habían adoptado por sus semejanzas con “H. de Cabañas y Carvajal”.  En 1853 tuvo que librar un vidrioso litigio contra el catalán Don Jaime Partagás, quien desde 1848 estaba comercializando tabacos con la marca Flor de Cabañas. Conminado fue Don Jaime a variar el título de sus productos, fue en este año cuando realmente registró su marca de fábrica, la que con el trascurrir del tiempo gozaría de merecida fama, la Flor de Tabacos de Partagás.

No es posible referirse ya a Don Manuel González-Carvajal sólo como a un próspero fabricante de tabacos; eso había sido años atrás entre 1825 y 1830, cuando siguiendo los consejos de su suegro luchaba al frente de la manufactura, organizando a los operarios, fiscalizando la labor de los capataces en la selección de la hoja para cumplir las vitolas encargadas, calculando salarios, rellenando facturas, ultimando los preparativos para el envase y decoración de los tabacos con una presentación de lujo, poco común en el gremio, ajustando precios a los compradores. El volumen e negocio se había ampliado notablemente. En 1853 declaraba: “Soy un hombre ocupado, padre de numerosa familia, además de mis asuntos domésticos y las muchas y diarias ocupaciones, del gran establecimiento del tabaco que poseo, tengo otros muchos bienes de fortuna que no puedo desatender, tengo fincas en el campo, varias  casas…”.

Del préstamo con intereses a productores aislados, fue pasando al campo de las finanzas, con acciones en la Renta Francesa, el Banco Español y el Banco del Comercio. El incremento de los excedentes de capital le permitió ser acreedor del Estado por la significativa suma de dos millones de pesos oro en títulos de la deuda pública, que evidentemente le cimentaba una sólida posición social y política, en las esferas oficiales del poder. En la península había comprado casa y terrenos en el Castillo y concejo de Soto, también había efectuado inversiones en el ferrocarril de Bilbao a Tudela.

Anillas diferentes de Eduardo VII, bordes blancos y dorados, fondo retratos, inscripciones, etcétera.

El 18 de diciembre de 1851 casaba a su hija, Doña María de Jesús de la Merced González-Carbajal y Álvarez-Cabañas, aún menor de edad, con Don Anselmo González del Valle y Fernández, natural de Oviedo e hijo legítimo de Don Juan González Valle y Doña Bárbara Férnandez, no se conoce ni su fecha de nacimiento ni su llegada a Cuba, pero ya en la década de los 40 del siglo XIX aparecen huellas de su presencia en negocios tabaqueros, refacción de cosechas de vegueros en la hacienda Las Lomas (Vuelta Abajo) y el mercado de la hoja en la capital.

En el verano de 1843 Don Anselmo González del Valle poseía la marca de tabacos “La Integridad”, conservándose facturas de comprar de envases a su nombre y recibos de las producciones que con ese título entregaba a la Secretaría de la Superintendencia de la isla, para surtir las contratas de tabacos con destino a la península.

La unión que se produce con la integración del asturiano, también fabricante de tabacos, Don Anselmo González del Valle con la familia Cabañas y González-Carvajal multiplicaba las expectativas empresariales… pero esto será en la próxima entrega amigos.

Marquilla impresa en La LitografÍa Moré y GarcÍa, instalada en la calle Amistad 116, La Habana, Cuba.