Puros y Habanos, símbolos de poder

APUNTES DE UN NOVATO

Francisco Reusser Franck

“Los símbolos tienen el valor que les da la gente; por sí solo, un símbolo no significa nada”.

Hugo Weaving.

Los cigarros, con su aroma rico y apariencia distinguida, se han asociado durante mucho tiempo con el poder, el éxito y la indulgencia. Su encanto trasciende al tiempo y las fronteras, se remonta a orígenes antiguos y sigue cautivando a los entusiastas del mundo moderno, pues en ellos convergen la tradición, el lujo y hasta un toque de rebeldía.

Sus raíces se remontan a civilizaciones antiguas. Mayas y Aztecas estuvieron entre las primeras culturas conocidas en fumar tabaco, usando una forma tosca de cigarros hechos con hojas enrolladas. Creían que el humo del tabaco tenía propiedades espirituales y medicinales, por lo que formaba parte de rituales varios.

Tras la exploración de las Américas por Cristóbal Colón, los cigarros ganaron mayor reconocimiento. Las plantas de tabaco se llevaron a Europa y fumar se volvió popular, de tal suerte que las técnicas de fabricación de los cigarros comenzaron a evolucionar. El desarrollo de moldes y el descubrimiento de sus procesos de fermentación ayudaron a refinar su forma, sabor y consistencia.

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Los cigarros se convirtieron rápidamente en símbolo de estatus y riqueza. Durante los siglos XVIII y XIX fumar puros era una actividad de moda entre la aristocracia y las clases altas, que establecieron espacios exclusivos para reunirse y disfrutar de ese lujo, sinónimo de sofisticación. El arte de seleccionar y apreciar los cigarros se convirtió en una habilidad exigente, y los conocedores desarrollaron un paladar refinado para las diferentes mezclas de sus sabores.

En la sociedad actual, los puros continúan ocupando un lugar especial como símbolo de éxito y logro. Muchos líderes empresariales y celebridades, por ejemplo, son fotografiados a menudo con un cigarro en la mano. Es, por tanto, una representación visual de sus logros y una señal de poder e influencia; una recompensa indulgente, un momento de relajación en medio de un estilo de vida ajetreado y exigente.

Las celebridades han jugado un papel importante en la popularización de puros y habanos como símbolo de poder. Desde figuras icónicas como Winston Churchill –a quien rara vez se veía sin uno–, hasta estrellas contemporáneas como Jay-Z y Arnold Schwarzenegger, representan el estilo de vida de los ricos y famosos, quienes crean una imagen aspiracional y refuerzan la asociación entre cigarros y éxito.

Fumarlos es un arte que viene con sus propios rituales y etiqueta, al igual que la pipa. Antes de disfrutar de un cigarro se debe cortar cuidadosamente la tapa para asegurar una calada suave, y la elección de la herramienta de corte –guillotina o punzón–, es una preferencia personal. Luego será esencial encenderlo correctamente, usando una varilla de cedro o un encendedor de butano para carbonizar uniformemente el pie del cigarro.

Para apreciar completamente sus sabores y aromas, debe fumarse lenta y uniformemente. Soplar suavemente, en lugar de inhalar, permite que el humo pase por las papilas gustativas sin abrumarlas, y tomarse el tiempo para saborear cada bocanada mejora la experiencia, permitiendo una conexión más profunda con el cigarro.

Los entusiastas invierten a menudo en accesorios para mejorar su experiencia. Un humidor es un elemento imprescindible para almacenar cigarros en el nivel óptimo de humedad, preservando su calidad y sabor. Cortadores y encendedores vienen en una variedad de estilos y materiales, lo que también permite al fumador expresar su gusto y estilo.

En países latinoamericanos como Cuba y República Dominicana, los cigarros están profundamente arraigados a la cultura. Se enorgullecen de sus cultivos de tabaco y liarlos o torcerlos se considera una forma de arte transmitida de generación en generación. La artesanía involucrada en la producción de cigarros de renombre mundial se ha convertido en una fuente de orgullo nacional.

En Europa y Asia, los puros tienen una larga tradición que se sigue celebrando. En España e Italia, por ejemplo, suelen disfrutarse después de una comida, como una forma de relajarse y socializar. En Asia, particularmente en China y Japón, han ganado popularidad entre la gente adinerada, como símbolo de lujo y refinamiento.

En todo el mundo, los pueblos originarios tienen sus propias tradiciones y rituales asociados con el tabaco y los cigarros. Desde las ceremonias de las tribus nativas americanas hasta su significado espiritual en América del Sur, revisten una importancia cultural profunda, conectando a las personas con su herencia y ancestros.

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Como se consigna antes, durante los siglos XVIII y XIX la popularidad de los puros como artículo de lujo creció entre las clases altas y el acto de fumar se convirtió en símbolo de riqueza, refinamiento y posición social. Además de ello se ganaron una reputación como herramientas comerciales poderosas, pues muchos empresarios exitosos y líderes influyentes los utilizaron como medio para establecer contactos y negociar.

Fumar puros durante las reuniones de negocios se consideraba signo de confianza y autoridad, y los ejecutivos y funcionarios de alto rango los usaban para sellar acuerdos y consolidar sociedades. Ofrecer o aceptar un cigarro era visto –a menudo–, como un gesto de confianza y camaradería que fortalecía las relaciones profesionales.

Por otra parte, los clubes de fumadores surgieron como centros de poder y exclusividad que consolidaron la asociación entre cigarros y jerarquía social; espacios de reunión para personas con ideas afines, quienes además de hablar de negocios disfrutaban de su pasión compartida por los mejores puros. Su membresía se limitaba a la élite y fomentaban un sentido de camaradería y pertenencia entre sus miembros.

Y aunque los cigarros se han asociado históricamente con la masculinidad, su cultura ha evolucionado para incluir a las mujeres como aficionadas apasionadas y conocedoras que se han convertido en parte integral de la industria. La percepción de que los puros son exclusivamente para hombres se ha desmentido gradualmente, y como consecuencia muchas se han convertido en figuras influyentes en el negocio.

Han ganado prominencia al compartir sus conocimientos, experiencias y recomendaciones con una audiencia diversa, y han apoyado el empoderamiento de otras. Sus marcas de cigarros, Cigar Lounge y comunidades en línea se adaptan específicamente a los gustos y preferencias femeninos, brindando espacios de exploración y disfrute de los puros. Han superado –con confianza y pasión–, las barreras que los estereotipos y suposiciones pudieran crear.

En la cultura popular, los cigarros se han representado como símbolo perdurable de poder, sofisticación y rebelión, dejando su huella en películas clásicas, novelas de renombre y obras de arte famosas. 

En el cine, la imagen de un personaje carismático fumando puede transmitir autoridad o estilo, como Tony Montana, interpretado por Al Pacino en Scarface; en la literatura, baste mencionar a Sherlock Holmes y su pipa, así como diversas pinturas y esculturas que han retratado a los puros y la pipa como objetos de deseo que pueden agregar profundidad e intriga a la narrativa artística, al tiempo que se arraigan en la imaginación colectiva.

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Dos cosas quedan por decir: Los cigarros no son sólo para ricos y poderosos, pues en realidad los consumen personas de todos los ámbitos sociales y es un pasatiempo que puede disfrutar cualquiera que aprecie los sabores, aromas y rituales asociados con el tabaco. Por otra parte, tampoco hay limitaciones de género, pues nada es más sexy que una mujer con un cigarro entre sus labios.