Pintar fumando, otra dimensión

HACIENDO AMIGOS INTERNACIONAL

Fernando Sanfiel

Ismael Francisco Sánchez es breñusco. Nació en 2001 en Breña Alta (Isla de La Palma), cuna del tabaco en las Islas Canarias, y por ello esta tradición forma parte su vida. “Me crié rodeado de fardos de tabaco, pues mi familia seguía esta labor tradicional en mi pueblo, lo que hizo inevitable su influencia. El olor característico del puro prendido o el secadero, los matices y el ambiente místico e histórico de su actividad me rodearon siempre”, cuenta.

Su arte llego a mis oídos desde su temprana edad, y le aprecio como si de un hijo se tratara. Como Catalina en Semillas de vuelta abajo –de lo cual ya les hablé–, su madre trabajaba en el servicio de la casa de mis padres, y en una visita a su casa por el puro placer de compartir un rato con Carmen –su madre–, ella me habló de su hijo y las dotes que tenía para el dibujo, a sus apenas ocho años.

Me sorprendió cómo en unos minutos, con un folio y un bolígrafo destapó su tarro de talento y me regaló dos dibujos que aún conservo. Unos años más tarde me obsequió un cuadro que atesoro como uno de mis preciados presentes, que el tiempo madurará y dará su valor verdadero, como al tabaco.

 

ISMAEL Y EL TABACO

Mucho más tarde, en su mayoría de edad, Ismael se interesó por mis andanzas en el mundo tabaquero, y con la insistencia y dedicación de un alumno aventajado hablamos, fumamos juntos y debatimos mucho de nuestros y otros tabacos.

“Cuando uno fuma por primera vez, desde mi experiencia, abre un mundo limitado hasta entonces a matices, olores nostálgicos y sesgos culturales que compartimos y conocemos. Para dar pie a la madurez de probar ese trabajo que nos expande la concepción que teníamos hasta entonces, experimentamos el quemado del tabaco, sus partes, sus capas; sentimos su torcedura y el cariño del tabaquero, formando un cúmulo de sentimientos y sabores que hacen del Mundo del Tabaco algo más que una afición, pasando a ser íntimo y espiritual”.

Desde compartir fumadas hasta participar en catas para iniciados, Ismael se ha aplicado en conocer y empaparse del ritual, la forma de tratar y disfrutar de un puro. “Siempre me llamó la atención y quise, desde pequeño, formar parte de ello. Por lo que al cumplir la mayoría de edad quise ampliar mi abanico de gustos y aplicarlo a mi gran pasión, que es el arte”.

Es una forma en que los jóvenes, justo en su rango de preferencias, ven al tabaco como es: sin miedos, sin prejuicios y como un acto, más que como un habito de consumo o un vicio. “Es saber hacer llegar a mi generación un sentimiento, más que una adicción”.

EL PRIMER TABACO

La primera experiencia fumando un cigarro tiene algo de anecdótico y de recurso del artista: “Para celebrar mi cumpleaños 18 cambié un dibujo por un tabaco. Y como no sabía nada acepté un mazo de puros de supermercado”, Vega Palmera. En ese momento no diferenciaba ese tipo de tabacos, que hoy sé que son de tripa corta y los fabrica La Rica Hoja, muy cerca de mi casa.

“Para fumarlos –continúa– sabía cómo hacerlo y lo que esperaba de ese momento. Prefiero fumar en solitario para centrarme en degustar el tabaco, como cuando pinto. Si fumo con gente disfruto de su compañía, pero para degustar prefiero hacerlo solo. Esa primera fumada no me sorprendió en nada desagradable, puesto que estaba acostumbrado a los aromas del tabaco en sus diferentes fases. Pero sí me dio una nueva dimensión, una forma distinta de disfrutar de un momento mío, para mí”.

PINTAR Y FUMAR

Una disciplina para inspirarse. Por eso le pregunto cuál es su ritual para convocar a las musas y ponerse a pintar. “Para no profundizar en definiciones y conceptos complejos relacionados con la materia artística, podríamos resumirlo en ser una vía de escape a la vida. Este combinado, con el hedonismo que envuelve al tabaco, se convierte en un placer sibarita que me ha permitido reflexionar y ejecutar las obras con mayor soltura y tranquilidad.

“Al igual que en la degustación del tabaco, el entorno juega un papel fundamental a la hora de sentir sus características. Sin embargo, con un silencio sepulcral podemos pintar con la seguridad de producir una gran obra –con trazos tranquilos, extasiados y expresivos–. Pero, si juntamos una herramienta como el puro, nos adentramos en un mundo más amplio”.

¿Y TÚ, QUÉ PINTAS?

Podemos plantearnos la cuestión como: ¿qué similitudes tienen el arte y el tabaco? La respuesta es realmente simple, porque tabaco y arte son expresiones humanas que buscan generar una pluralidad de emociones mediante la belleza. 

El conocimiento de una persona que lleva décadas puliendo su técnica nos permite degustar su trabajo con mayor gracia: las diferencias de matices que consigue causarnos, las formas que dibuja, la maestría con pulcritud en el aire… Como decía Salvador Dalí sobre Las Meninas, podemos tener un diálogo extenso acerca de ello, sin especificar si hablamos de tabaco o arte, porque su esencia es la misma.

“Nunca he dudado en afirmar que podemos catalogar y considerar al tabaco arte, y a sus artesanos, artistas –agrega Ismael–, ya que cumplen los pilares fundamentales para considerarlo así: ser un objeto de estudio, cual encontramos en la cata; originalidad y exclusividad, pues sabemos acerca del sello que diferencia los productos, y maestría, debido a la complejidad del oficio artesano. Esto, independiente de un fundamento filosófico para respaldar que es arte, como cuando vamos a El Prado y no tenemos necesidad de preguntar a Velázquez por qué sus obras le parecen arte. Sabemos, a la hora de fumar un buen puro, el porqué de serlo sin tener frente nuestra al tabaquero, debido a que podemos sentirlo”.

Es por ello que para mí el tabaco es arte mayúsculo y no hemos de escatimar en ello a la hora de decirlo.

Fue una tarde larga y esperada, pues no siempre es sencillo hacer agenda con Ismael, quien además de estar en otra isla no para de hacer cosas. Para abrir boca compartimos una novedad de cepo muy fino, un 28, y terminamos con un Robusto de Montealto encapado en tabaco Negro de San Andrés, que tanto le apetecía probar.

No había que perder el tiempo y le sacamos todo el jugo a este encuentro, que llevábamos tiempo planeando.

Fumar, con MAYÚSCULAS, es compartir momentos excelentes con amigos.

Hasta la próxima.