Manuel Inoa. El arte del blend en La Aurora

Manuel Inoa es uno de los pocos Master Blender que no proviene de una familia con tradición tabaquera. De hecho es Ingeniero Industrial, y en tal papel llegó siendo un jovencito a General Cigar, con el encargo de eficientar procesos de fabricación de los cigarros, aunque en ese tiempo no fumaba ni conocía el producto.

Fue hace más de 30 años cuando dio sus primeros pasos, de la mano de Benjamín Menéndez, “figura icónica de la industria”, y Ángel Núñez, “quien más sabe de tabaco en el Valle de Connecticut y Dominicana, en términos de cosecha”. Con uno aprendió sobre capas, y con el otro, sobre blends, y gracias a ellos –al terminar su ciclo en la fábrica–, no sólo fumaba, sino que el tabaco se le había metido en la sangre.

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A lo largo del tiempo Manuel desarrolló conocimientos y capacidades, además de establecer distintos contactos con los clientes que habitualmente compraban tabaco, entre ellos La Aurora, a donde llegaría para cambiar el rumbo de la empresa familiar más antigua de la República Dominicana.

Cuando Guillermo León asumió la presidencia de la compañía, le invitaron a unirse a La Aurora, pero como en su trabajo tenía un contrato firmado, les preguntó si estaban dispuestos a esperarlo un año. La respuesta fue positiva y al término de ese lapso se presentó nuevamente y lo recibieron, tal y como se había acordado. “En el mundo tabacalero no hay necesidad de firmar nada, porque hay palabra”, afirma.

Una vez en la fábrica empezó a buscar mejoras para las líneas principales de la marca. Cuenta que entonces un señor mayor se acercó y le dijo: “Tú eres el espigadito nuevo. ¿Qué tú vienes a hacer por aquí? Me han dicho que vas a tocar mis tabacos, pero ¿qué puedes hacer por mi cigarro?”. Manuel no sabía que se trataba de Fernando León Asensio, padre de Guillermo y cabeza moral de la compañía, ni a qué cigarro se refería.

Entonces fue con Guillermo, quien le aconsejó que hablara don Fernando, ya que sólo él podía decirle lo que esperaba. “Con él aprendí lo que no puedes imaginar, era el hombre que más conocía de tabaco, desde el campo hasta los procesos”; enseñanzas que atesora y obtuvo trabajando a su lado.

El joven blender le pidió entonces que le hablara sobre sus deseos, pero como respuesta don Fernando le contó una historia de sus experiencias con aromas y sabores que le recordaba buenos momentos. Para simplificar las cosas, Manuel le preguntó si le gustaba el sancocho, y cuál prefería de entre los que llevan res, pollo o cerdo. Al final, ambos coincidieron en que preferían el llamado sancocho prieto, que combina las carnes.

Entonces Manuel aplicó la misma teoría al tabaco, adquiriendo hoja de distintas partes del mundo, trayendo a la fábrica variedad para contar con más opciones de combinación y poder experimentar con ellas. Comenzaron a fumar en grado puro y a variar de a poco los blends, de acuerdo con el gusto personal de don Fernando, afecto a la capa Camerún

“Hicimos diferentes mezclas –recuerda–, pero ya combinando, porque en ese tiempo allá sólo se usaban el Olor Dominicano y Criollo 98, y yo conocía más variedad por mis años en General Cigar”. Sabía, por sus mentores, que debía usar el Corojo, y que en los cigarros delgados –a diferencia de los de mayor cepo– los sabores y el aroma se consiguen más rápido. Así que produjo seis blends con la vitola Corona.

Cada semana, don Fernando iba a hacerle comentarios. “Me decía, ‘oye, me gusto tal’, pero luego regresaba: ‘oye, éste estuvo mejor…’ Hasta que un día llegó y me dijo: ‘éste es el cigarro que quiero, no me lo muevas de ahí’. Comprábamos cosechas viejas a amigos de la compañía cuando faltaba algún tabaco, y cada vez que esa liga se producía probaba una pieza de cada pack, porque no quería que un día me reclamara que había cambiado su cigarro.

“Tú puedes hacer maravillas con un blend –continúa Manuel–, pero si no tienes tabaco bien fermentado y añejado, no tienes nada”. Con esa confianza, le habló a don Fernando de la capa Corojo, y aunque al principio se mostró renuente, luego de probar los cigarros que le hicieron como muestra terminó encantado y se olvidó de la capa Camerún”.

Consistencia y expansión

Respecto de la consistencia, afirma que La Aurora se ha identificado como una empresa que respeta al consumidor, privilegiando siempre la calidad por sobre cualquier cosa, “pues se trata de continuar el legado de padres y abuelos, que no se puede destruir, o por lo menos no iba a ser que algo pasara durante mi estadía”.

Explica que las cosechas dependen del clima, y cuando el clima es malo éstas también lo son y se excluyen en el proceso; es como en el caso de las uvas que se seleccionan para los mejores vinos. “En nuestra industria las mejores cosechas, sabiendo que son pocas y no se dan cada año, se entregan al público en ediciones limitadas”.

Hasta hace poco tiempo La Aurora se enfocaba en el mercado interno de la República Dominicana, pero tras reconocer la necesidad de llegar a los Estados Unidos, su expansión en el nivel internacional continuó y ahora tiene presencia en 97 países, “donde tenemos todo un feed back de buena aceptación”.

La Aurora, 120 Años

Seis años atrás, Manuel y la empresa comenzaron a buscar la cosecha para celebrar el 120 Aniversario de la marca, con expectativas muy altas a raíz del galardón obtenido por el cigarro de su Centenario, en 2003, reconocido como el mejor del año –al lado de un Cohiba y un Padrón–, por la revista Cigar Aficionado.

Explica que con ese fin cosecharon cuatro o cinco variedades de tabaco y una capa dominicana de Habano 92 en la finca de Eduardo León. Realizaron un estudio de mercado para definir la fortaleza –de media a alta– y las vitolas con la que saldría, y para el mercado estadounidense se decidió utilizar también un modelo de tubo, como los acostumbrados en los inicios de la empresa, con un formato de cepo grueso.

La liga de La Aurora 120 Aniversario es una mezcla de tabacos dominicanos: capa Habana 92, capote Olor del Valle del Cibao y una tripa de tabacos que incluyen Corojo, así como Olor y Piloto Cubano del Valle del Cibao. Está disponible en cajas y cuatro vitolas: Robusto de 5 pulgadas, cepo 50; Toro, 5.5 pulgadas, cepo 54; Gran Toro, 6 pulgadas, cepo 58, y Churchill, 7 pulgadas, cepo 47.

Las nuevas generaciones

“Fumar un cigarro lo hace cualquiera, pero degustarlo es lo que hace la diferencia”, afirma Manuel, cuestionado sobre la manera en la que La Aurora enfrenta los cambios en el mercado y la inclusión del público femenino entre las nuevas generaciones.

Considera que para la empresa, la principal motivación es entregar sensaciones y sabores, “notas que te lleven a recuerdos y te hagan vivir buenos momentos, porque las notas no se perciben únicamente con la lengua, sino con el conjunto de experiencias que aportan la lengua, el paladar, la nariz y la memoria, que se debe echar a andar con cada fumada para entrelazar los humos con los recuerdos”.

Así que la difusión del conocimiento entre las y los nuevos fumadores es prioridad: “A los jóvenes necesitamos educarlos, porque vienen a fumar y no a degustar. El cigarro es un producto diferenciado para grupos de conocedores y las juventudes necesitan aprender a disfrutar siguiendo el ejemplo y experiencia de los más viejos”. En cuanto al público femenino el tema parece más sencillo, pues sus paladares resultan privilegiados al momento de percibir aromas y sabores.

Todo esto, concluye, se debe hacer sin afán de lucro, pues para Manuel Ynoa la experiencia y el conocimiento deben compartirse por el puro gusto de hacerlo, “ya que en el Mundo del Tabaco todo es amor”.