Los Hermanos Upmann

VITOLFILIA

José Antonio Ruiz Tierraseca

Los orígenes de la familia Upmann se remontan al siglo XVII, cuando Caspar Upmann, natural de Steinhagen, Alemania, se trasladó con su familia alrededor de 1650 a la ciudad de Halle, Westfalia, buscando entrar en el mundo del comercio, ya que esos tiempos artesanos y comerciantes sólo podían encontrar un buen trabajo en las ciudades grandes. Se establecieron en Halle, convirtiéndose en una de las familias más respetadas y ricas del lugar.

Después de cuatro generaciones, en 1792, el maestro relojero Hermann Friedrich Upmann (1767-1840) –padre de nuestro protagonista– contrajo matrimonio con Johanna Friederica Birkemeyer (1775-1840), natural de Bielefeld, en el actual estado federado de Westfalia Oriental.

La pareja se trasladó a la casa de la familia Birkemeyer, en Alter Markt 66, Bielefeld. Gracias a la prosperidad de sus negocios, los Upmann y su cuñado Birkemeyer, fabricante de peines para telares, adquirieron una residencia mayor en la esquina contigua.

El matrimonio procreó tres mujeres: Dorothea, Johanna y Caroline, y seis varones: Johann Friedrich, Wilhelm, Heinrich, Florenz, Hermann Dietrich y August Ludwig. A la muerte de ambos cónyuges, en 1840, sus hijos quedaron bajo la tutela de su tío Birkemeyer. Los dos menores darían origen al imperio tabaquero H. Upmann.

Poco se sabe del periodo juvenil de nuestro protagonista principal, Herman Dietrich Upmann, más allá de que nació el 2 de mayo de 1816 y obtuvo un aprendizaje breve del mundo de los negocios antes de abandonar su país, a finales de 1839, con destino a La Habana, en búsqueda de oportunidades. Tenía apenas 23 años y era un momento de gran auge de la industria del tabaco en la isla.

Seguramente el Mundo del Tabaco no le fue ajeno, pues en Alemania debió tener contactos con la industria. La provincia de Minden-Ravensberg –hoy Westfalia–, a la que Bielefeld pertenecía, fue desde 1830 un centro importante de fabricación de cigarros; uno de los más antiguos, después de Hamburgo y Bremen. La fábrica más notable era la compañía Crüwell, del tabaquero Johann Georg Crüwell.

De acuerdo con fuentes familiares, durante la travesía Hermann conoció un pasajero inglés que le habló sobre las posibilidades de negocios en Cuba, particularmente en la pujante industria tabacalera.

CASA FAMILIAR de los UPMANN, en Bielefeld.

LA HABANA

Una vez en La Habana, al no encontrar trabajo, decidió aprender el oficio de fabricante de cigarros, aplicó sus conocimientos sobre comercio y entró en el negocio. Sus medios económicos eran escasos, pero en aquellos años no era necesario invertir un gran capital; para iniciar la producción bastaba con unos pocos esclavos y un pequeño local, alquilado a modo de chinchal.

Al poco tiempo se unió a esta aventura su hermano menor, August Ludwig. De acuerdo con el registro mercantil de La Habana, el 9 de mayo de 1844 el capitán general de la Isla, Leopoldo O’Donnell, les concedió licencia abrir una tabaquería y fabricar y vender cigarros bajo la denominación H. Upmann, en el número 75 de la calle San Miguel, en la zona extramuros de La Habana vieja.

La empresa celebró el centenario de su fundación el 15 de octubre de 1944, por lo que no es posible justificar la diferencia entre ambas fechas.

Debido al auge mundial del tabaco, en la Isla proliferaban talleres que elaboraban cigarros en pequeños locales llamados chinchales, donde trabajaban de forma artesanal unos cuantos operarios. Un informe oficial registró en 1861 la existencia de mil 217 talleres en todo Cuba; 516 en La Habana, y se calificó a 158 como de 1ª Clase al contar con más de 50 operarios.

Estas cifras permiten dos conclusiones:

En primer lugar, que en aproximadamente 20 años, un número importante de pequeñas tabaquerías –como la H. Upmann– se convirtieron en auténticas fábricas que dieron origen a las prestigiadas marcas que hoy conocemos.

En segundo, la probabilidad de que el número de talleres registrados en el país se quedara corto, pues seguramente muchos torcedores elaboraban cigarros en sus chinchales, sin registrar sus negocios.

Sobre la letra «H» en el nombre de la marca, unos dicen que corresponde a la inicial de Hermann Dietrich, mientras que para otros se debe a la palabra «Hermanos», pues creen que ambos fundaron la empresa en condiciones de equidad.

KLEINWORT

Como la mayoría de sus compatriotas dedicados al comercio en Cuba, al poco tiempo de llegar a La Habana Hermann Dietrich se afilió a la Asociación Alemana, donde conoció a Alexander Friedrich Kleinwort. Durante los años siguientes ambos colaboraron en sus negocios respectivos y fraguaron una amistad sincera que perduró durante el resto de sus vidas.

Kleinwort era un empresario joven que en la Isla comenzó su carrera en la casa de comercio de Adolf Höber, quien importaba textiles de Bielefeld, pero también trabajaba por cuenta propia vendiendo ropa de la misma procedencia. Hermann le propuso entrar en su negocio tabaquero reinvirtiendo una parte de sus beneficios.

La colaboración de Kleinwort fue decisiva y pronto lograron ganancias importantes. Buen ejemplo de ello es la campaña 1843-1844, cuando se esperaba una escasez previsible de tabaco de calidad. Propuso a Hermann comprar 10 mil pesos de tabaco a buen precio; operación que financiaron mediante varios préstamos avalados por ambos. La fábrica H. Upmann obtuvo ganancias considerables que permitieron expandir el negocio.

Los hermanos aprovecharon las oportunidades, logrando un éxito fulgurante y reconocimiento internacional con base en la mejora continua de la calidad y presentación de sus productos. Fue una marca innovadora que revolucionó el transporte y distribución, y también una de las primeras que utilizó cajas de cedro para almacenar y conservar los habanos durante el largo viaje a sus destinos.

Entre 1855 y 1907 recibieron la nada despreciable cifra de doce medallas de oro en diferentes exposiciones internacionales, que figuran con orgullo en las etiquetas litográficas de las cajas de su marca, que podemos admirar hoy todavía.

Cabe recordar que el número de medallas que figura en las distintas etiquetas o habilitaciones de las cajas es inversamente proporcional a su antigüedad; la primera se les concedió en 1855, en París. Así que, por ejemplo, si vemos una de H. Upmann con tres medallas estaremos ante una verdadera joya, pues sería de su primerísima época.

En 1846 incorporaron a su equipo a otro alemán, Johann Heinrich Claussen, de Bremen, formado en Nueva York. Le aceptaron como socio siete años después, cuando abrieron un nuevo taller cercano a la fábrica, con el nombre de Flor del Pacífico, activo hasta 1891. No obstante, Claussen regresó a Alemania en 1862.

BREMEN

En 1852 Hermann fundó la compañía de cigarros Herm. Upmann & Co. Bremen, denominada posteriormente H. Upmann & Co. Bremen. Este antiguo puerto hanseático era en aquellos tiempos una ciudad libre y punto estratégico de entrada de gran parte del tabaco y del vino destinados a Europa central, por lo que fue sede de sus negocios tabaqueros en Alemania. August se quedó mientras tanto en La Habana, al frente de la fábrica.

Ese mismo año fundó la línea naviera Gudewill & Upmann, con sede en Bremen, en asociación con Friedrich Wilhelm Gudewill. El objetivo fue transportar más eficientemente sus cigarros, cada vez más demandados en toda Europa, mediante una compañía gestionada por su equipo. Tras la muerte de Gudewill, en 1859, Upmann quedó como propietario único del negocio, que conservó su nombre original.

Hermann Dietrich había contraído matrimonio en noviembre de 1848, en Bremen, con Wilhelmine Amalie Gravenhorst (1825-1849), quien viajó con él a La Habana y murió prematuramente de fiebre amarilla, tres meses después, a la edad de 24 años. El clima tropical también fue consumiendo su salud y los médicos le pidieron reconsiderar su estancia permanente en la Isla. Así que en 1852 regresó a Alemania.

Aunque vivía en Bremen, siempre visitó a su familia, establecida en Bielefelder. Una de sus hermanas le surgió crear ahí una residencia para mujeres mayores necesitadas, en beneficio de un amplio colectivo de solteras que, tras cuidar a sus padres o hermanos, quedaban al borde de la pobreza al final de sus días.

Los hermanos Upmann financiaron el proyecto con 20 mil marcos iniciales, presupuesto que pronto se quintuplicó. La primera piedra del edificio Upmannstift se colocó en 1874 y aunque se inauguró con 20 habitaciones, se amplió a 30 posteriormente.

Dorothea, Johanna y Caroline Upmann, quienes vivían humildemente en Bielefelder gracias a una tienda de mercería y textiles, también se vieron beneficiadas por sus hermanos ricos, pues les permitieron vender en sus domicilios los mejores habanos de la marca, destinados a los clientes con mayor poder adquisitivo.

RESIDENCIA DE MUJERES UPMANN (Upmannstift), construida y financiada por los hermanos Upmann, en 1874.

Apoyado por sus amigos de la familia Woermann, August Ludwig Upmann viajó en 1870 a Camerún, África Occidental, donde inició un fracasado proyecto para cultivar tabaco. En 1873 puso fin a esta aventura y regresó a Dresde, Alemania, donde falleció meses después. Su sobrino Heinrich quedó al frente de los negocios en Cuba y ese mismo año cambió el nombre de la fábrica de la Habana, denominada ahora H. Upmann y Cía.

Como August permaneció soltero y sin hijos, su fortuna se repartió entre sus hermanos vivos –cuatro varones y dos mujeres–, sus sobrinos e instituciones sociales de Bremen y Bielefeld. Por su parte, Hermann Dietrich falleció en Bremen el 29 de enero de 1894, también sin descendencia. Fue sepultado en el cementerio de Riensberg, junto a su hermano y socio.

Poco se conoce sobre su personalidad, pero algún rasgo se puede deducir del discurso del pastor, durante el funeral:

«Su figura es una de las más populares en nuestra ciudad, ya que le hemos visto diariamente, puntualmente erguido por nuestras calles. Simple en su apariencia, amigable en la manera de entregarse, no era una de las personas que más hablaba, pero tenía principios firmes, un corazón alemán y vocación de servicio. No le gustaba figurar en las listas. Su expresión hablaba de benevolencia y generosidad, y así lo demostró».

SEGUNDA GENERACIÓN

Johann Friedrich, relojero y hermano mayor de los Upmann, se había quedado a vivir en Bielefelder, donde tuvo cuatro hijos su esposa, Marie Braesecke; una mujer y tres varones, designados en 1860 para hacerse cargo de la gestión de la empresa. Heinrich (1842-1914), Carl Friedrich Wilhelm (1844-1922) y Hermann Friedrich Heinrich (1846-1910) se prepararon meticulosamente en Cuba, durante cuatro años, para desempeñar sus tareas futuras bajo la tutela del tío August.

Heinrich se hizo cargo de los negocios en La Habana; Carl Friedrich Wilhelm, en Nueva York, y Hermann Friedrich Heinrich, en Bremen, al mando de Herm. Upmann & Co.

LA BANCA

En 1864 Heinrich viajó a Cuba y se puso al frente de los negocios. Modernizó y diversificó la compañía, fundando en 1868 la Banca H. Upmann & Co., con un edificio en la esquina de las calles Amargura y Mercadería, La Habana. De los 220 mil pesos de capital inicial, 90 por ciento correspondió a una aportación en nombre de Hermann Dietrich, y el 10 por ciento restante, al joven Upmann y Wilhelm Rocholl, quien llegó a Cuba en 1860 como parte de una familia de comerciantes de tabaco y fabricantes de cigarros en Minden, Alemania. Tiempo después lo sustituyeron Johann Runken y Friedrich Remmer, ambos procedentes de Bremen.

Uno de los objetivos de la Banca H. Upmann fue invertir adecuadamente las ganancias y garantizar la continuidad de materias primas para su fábrica de cigarros, ayudando a los cultivadores y cosechadores de tabaco con préstamos blandos, sobre todo en los años de cosechas malas. Estas experiencias eran conocidas por los Upmann desde sus primeros años en Bielefeld, cuando en tiempos difíciles –de hambruna– surgieron bancos cooperativos con fines sociales.

En poco tiempo el negocio bancario representó una de las entidades financieras más solventes y de mayor movimiento en Cuba, gracias a la implantación de modelos de gestión modernos y a la diversificación de su actividad hacia otros sectores, superando en importancia a la propia actividad tabacalera.

El Gobierno español, necesitado de dinero para financiar la guerra contra Estados Unidos, acudió a la Banca H. Upmann, que le prestó 500 mil pesos. Al iniciar los disturbios en Cuba y dado el cariz de los acontecimientos, muchos banqueros comenzaron a retirar su dinero de la Isla y los Upmann hicieron lo propio, enviando grandes cantidades de dinero, plata y oro a New York, a través de su oficina local.

Heinrich regresó a Europa y fijó su residencia en Hamburgo, donde pasó sus últimos años y falleció en 1914.

HEINRICH UPMANN, sobrino de Hermann Dietrich, es el representante más importante de la segunda generación.

NUEVA YORK

En Nueva York estuvo al mando Carl Friedrich Wilhelm, quien en 1871 abrió una fábrica para elaborar cigarros de la marca Carl Upmann, en el 404 de East Fifty-Ninth Street. Sus habilitaciones muestran el registro 253 del Tercer Distrito del estado. Entre otras distinciones obtuvo una medalla en la Exposición Universal de Chicago de 1893 –World’s Columbian Exposition–, como aparece en el texto del anuncio de los cigarros Carl Upmann’s Bouquet.

ANUNCIO PROPAGANDA de una de las vitolas de la marca CARL UPMANN. Nueva York, 1901.

Esta fábrica permaneció activa durante más de 40 años y en algún momento aceptó a un socio, pues algunas vitolas y habilitaciones llevaban como razón social Upmann & Wilcox. En la década de 1880 trabajaban en ella unos 400 tabaqueros, con buenos salarios y de forma continuada durante todo el año, a diferencia de otras empresas.

Con base en la alta productividad de las fábricas estadounidenses y las ventajas fiscales que ofrecía fabricar cigarros en ese país, la familia trasladó parte de la producción de Cuba a la planta de Nueva York, que cerró a principios del nuevo siglo y se estableció en Tampa, Florida, bajo la denominación Carl Upmann, Inc.

Al morir Carl Friedrich Wilheim, en 1922, la gestión de la empresa estuvo en manos de un fideicomiso durante una década, hasta que se reconoció a sus sobrinos Heinrich Wilhelm y Carl Julius Upmann como herederos legítimos. Éste último sería, en adelante, su Director.

El 6 de julio de 1871 fundaron la nueva Herm. Upmann & Co., como sociedad comercial inscrita en el registro mercantil de Bremen. Su director fue el más joven de los sobrinos, Hermann Friedrich, quien incorporó como accionista a Wilhelm Frahm, persona de experiencia y máxima confianza, pues trabajó para la familia durante años como apoderado de Hermann Dietrich.

Pero en 1894, con la muerte de Hermann Dietrich, Johann Runken se hizo cargo de la compañía junto a sus antiguos socios, Wilhelm Frahm y Hermann Friedrich Upmann.

CONTINUARÁ…

FUENTES:

• Revista y publicaciones de la Asociación Vitofílica Española (AVE).
• SCHULTE BEERBÜHL, Margrit y FREY, Bárbara. El cigarro H. Upmann, el ciudadano de Bielefeld Hermann Dietrich Upmann y la creación de una marca mundial.
• UPMANN, Heinrich Dietrich Carl. La verdadera historia de la familia del cigarro Upmann. Biznieto del fundador y propietario de H. Upmann & Co., Bremen.
• MARTELL ÁLVAREZ, Raúl. Fumando en La Habana: Los Upmann. Una familia alemano-cubana. Ediciones Cubanas, Artex, 2016.
• Colección particular de José Antonio Ruiz Tierraseca.